<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Diario Social - Antropologa de Mamás ]]></title><description><![CDATA[Notas de campo y análisis colectivo. A partir de las publicaciones, una invitación a reflexionar sobre lo cotidiano y a convertir este recorrido en una investigación abierta.]]></description><link>https://antropologademamas.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!s-T0!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F389c2ce9-22f5-4029-9618-2527bf9168d5_1280x1280.png</url><title>Diario Social - Antropologa de Mamás </title><link>https://antropologademamas.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Tue, 03 Nov 2026 22:54:47 GMT</lastBuildDate><atom:link href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fantropologademamas.substack.com%2Ffeed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Maitén]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[antropologademamas@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[antropologademamas@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Antropóloga de Mamás - Mai]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Antropóloga de Mamás - Mai]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[antropologademamas@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[antropologademamas@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Antropóloga de Mamás - Mai]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[Fiebre en el sistema de cuidados.]]></title><description><![CDATA[Me genera contradicci&#243;n hablar de cuidados no remunerados.]]></description><link>https://antropologademamas.substack.com/p/fiebre-en-el-sistema-de-cuidados</link><guid isPermaLink="false">https://antropologademamas.substack.com/p/fiebre-en-el-sistema-de-cuidados</guid><dc:creator><![CDATA[Antropóloga de Mamás - Mai]]></dc:creator><pubDate>Sun, 27 Sep 2026 18:17:00 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F8b586827-2c27-4f26-b4a8-d5b04114212c_768x1364.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Me genera contradicci&#243;n hablar de cuidados no remunerados. N&#250;meros, tiempo pasado por la calculadora productiva. Hace tiempo que hago un trabajo consciente en pensar el cuidado a mis hijos como parte del amor que les tengo. <strong>S&#237;, "eso que llamo cuidar es amor y nada m&#225;s".</strong> La contracara es que, con la privatizaci&#243;n de la crianza, hay d&#237;as en que me desbordo. Mi cuerpo es finito. No puedo sola, y ah&#237;, en esa soledad que me supera, siento el peso de la no valoraci&#243;n. Me pongo sensible, me enojo, y me convenzo de que si remunerar es la &#250;nica forma de visibilizarlo, que as&#237; sea.</p><p>Hace unas semanas lo sent&#237; en carne propia. Fui a buscar a Sancho al jard&#237;n y apenas lo vi supe que estaba enfermo. Le tom&#233; la mano en el camino a casa: ya ten&#237;a casi treinta y nueve de fiebre. En ese momento se me cay&#243; toda la semana que ten&#237;a planeada. Lo que hago necesita lectura, concentraci&#243;n y tiempo de pensamiento propio, condiciones que no existen con un ni&#241;o desestabilizado en casa. Y cuando empezaba a aflojar, Aurora, la beb&#233;, a quien cuida Paola tres veces por semana por la ma&#241;ana, levant&#243; fiebre tambi&#233;n.</p><p>La organizaci&#243;n termin&#243; de desarmarse cuando la propia Paola se enferm&#243; y no pudo venir en toda una semana. <strong>Mi marido es monotributista y no tiene licencia protegida, como casi la mitad de quienes trabajan hoy en Argentina: </strong>la informalidad laboral lleg&#243; al 44,2% en el primer trimestre de este a&#241;o, el nivel m&#225;s alto de los &#250;ltimos a&#241;os (INDEC 2026). Nuestra situaci&#243;n no es una excepci&#243;n, es cada vez m&#225;s la norma. Su trabajo no pod&#237;a parar, as&#237; que el impacto recay&#243; entero sobre m&#237;. Me replegu&#233;, cancel&#233; todo y aguant&#233;.</p><p>Ah&#237; llegaron los consejos de siempre: "<em>aprovech&#225; que pod&#233;s quedarte, es un privilegio</em>", con la promesa impl&#237;cita de que despu&#233;s iba a haber tiempo para "lo otro". Tengo treinta y siete a&#241;os, y en el mercado laboral de hoy esa promesa es una trampa:<strong> si te baj&#225;s del ritmo para sostener la domesticidad, no hay un despu&#233;s esper&#225;ndote. Hay otro cuerpo listo para reemplazarte.</strong></p><p>Y esto importa no solo porque me pas&#243; a m&#237;, sino porque le pasa a un mont&#243;n de familias, y porque ese trabajo, aunque no se vea, sostiene una porci&#243;n de la econom&#237;a argentina m&#225;s grande que industrias enteras: el cuidado no remunerado aporta un 15,9% del PBI, frente al 15,7% de la industria y el 15,5% del comercio (Direcci&#243;n Nacional de Econom&#237;a, Igualdad y G&#233;nero, Ministerio de Econom&#237;a, 2022). Pensar<strong> lo micro de lo cotidiano es indispensable porque las estructuras sociales no bajan como una maquinaria abstracta</strong>: se ponen a prueba ah&#237;, en una fiebre que acontece abruptamente, en una llamada del jard&#237;n a las 11 am para que lo vayas a buscar, en la decisi&#243;n de qui&#233;n cancela su semana de trabajo, una decisi&#243;n que, dicho sea de paso, <strong>no es libre</strong>. La desigualdad de g&#233;nero no vive solo en las leyes o en los discursos sobre el empleo: se arma y se repite todos los d&#237;as en c&#243;mo organizamos la familia en casa.</p><p>Ah&#237; es donde la mirada antropol&#243;gica se vuelve necesaria. Mirar la vida dom&#233;stica de cerca permite ver algo que rara vez se nombra: la casa no es un refugio neutral. Como mostr&#243; Silvia Federici, es ah&#237; donde se produce y se reproduce, d&#237;a a d&#237;a y sin paga, la fuerza de trabajo que el sistema productivo da por sentada (Federici 2012). Mirar c&#243;mo se organizan los cuerpos y los tiempos ah&#237; adentro evita romantizar los v&#237;nculos.</p><p>Para pensar esto en profundidad traigo a dialogar al gran Bourdieu. El autor piensa el capital social y simb&#243;lico como los recursos que se acumulan y se invierten para sostener posiciones de clase (Bourdieu 1986): las pr&#225;cticas cotidianas no son elecciones aisladas, son el producto incorporado de esquemas de percepci&#243;n generados dentro de estructuras objetivas. Por eso las jerarqu&#237;as se naturalizan al punto de sentirse como algo obvio y no como una imposici&#243;n. Victoria Gessaghi encuentra el mismo mecanismo en las familias de la clase alta argentina, donde el privilegio heredado se relee puertas adentro como m&#233;rito propio (Gessaghi 2016): la naturalizaci&#243;n no es solo un efecto de clase, tambi&#233;n es un efecto de casa.</p><p>Llevado al terreno espec&#237;fico de los cuidados, <strong>&#191;alcanza pensar el capital social y simb&#243;lico solo en t&#233;rminos de inversi&#243;n y r&#233;dito? </strong>El trabajo de la reproducci&#243;n est&#225; atravesado por urgencias que no admiten especulaci&#243;n: una fiebre no espera a que la estrategia madure. Gorb&#225;n y Tizziani, desde el servicio dom&#233;stico, sugieren una respuesta: el significado social de una pr&#225;ctica de cuidado no est&#225; en la tarea en s&#237;, sino en la trama de relaciones en la que esa tarea se sostiene (Gorb&#225;n y Tizziani 2013, 75). Ah&#237; aparece algo que Bourdieu, pensando otro objeto, no necesitaba nombrar: <strong>la disponibilidad absoluta de un cuerpo, frente a la ficci&#243;n del trabajador sin cargas.</strong></p><p>Y ah&#237; aparece algo que me interesa como antrop&#243;loga: el <strong>cuidado </strong>funciona como lo que Victor Turner llamaba un s&#237;mbolo dominante, un s&#237;mbolo polis&#233;mico, capaz de condensar varios sentidos a la vez sin que ninguno lo agote del todo. <strong>Es tiempo y cuerpo, pero tambi&#233;n es v&#237;nculo, es lo que se espera de una madre, es lo que ese trabajo dice de qui&#233;n sos. La antropolog&#237;a que mira la vida cotidiana (la casa, el jard&#237;n, la fiebre a las tres de la ma&#241;ana, qui&#233;n se hace cargo de qu&#233; y qui&#233;n quiere hacerse cargo de qu&#233;) es la que puede sostener esa multiplicidad sin resolverla antes de tiempo. </strong>Pensar el cuidado en un solo registro (capital, trabajo, afecto) achica algo que en la pr&#225;ctica se vive en varios a la vez.</p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://www.mercadopago.com.ar/subscriptions/checkout?preapproval_plan_id=56dd9a215fa64356b6b8d94cda5ea74e&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Con un breve aporte mensual ayudas a que mis investigaciones sigan existiendo&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fwww.mercadopago.com.ar%2Fsubscriptions%2Fcheckout%3Fpreapproval_plan_id%3D56dd9a215fa64356b6b8d94cda5ea74e"><span>Con un breve aporte mensual ayudas a que mis investigaciones sigan existiendo</span></a></p><p></p><p><strong>Esto no fue siempre as&#237;, al menos no del todo.</strong></p><p><strong>Nac&#237; casi en los noventa</strong>, y recuerdo con nitidez estar esperando en la administraci&#243;n del colegio cuando me sent&#237;a mal, con la certeza absoluta de que por esa puerta iba a entrar alguno de mis abuelos. No importaba qu&#233; me pasara, porque ellos siempre estaban ah&#237;. Crec&#237; sin cuestionarlo: hab&#237;a un lugar social pensado para las abuelas y los abuelos, y ese lugar era cuidar a los nietos. Mi abuela se jubil&#243; a los cincuenta a&#241;os, justo cuando naci&#243; mi hermano, su primer nieto. Hab&#237;a sido maestra, y su vida giraba entera alrededor de la familia, en lo que llam&#225;bamos &#8220;su vocaci&#243;n de cuidado&#8221;. Con el tiempo empec&#233; a preguntarme qu&#233; nombramos cuando decimos vocaci&#243;n: &#191;existe de verdad esa inclinaci&#243;n natural, o es una estructura de contenci&#243;n tan s&#243;lida que ni se cuestiona? Ella no parec&#237;a cuestionarla: su vida, a mis ojos de ni&#241;a, era pl&#225;cida. De hecho, que me retiraran del colegio por alg&#250;n malestar (real o inventado) me gustaba, porque me permit&#237;a saborear <strong>c&#243;mo era ser jubilada,</strong> romantizaba el rol, <strong>deseaba serlo. </strong>Yo me sentaba en la mesa de la cocina, una mesa de material tan fr&#237;a como c&#225;lida, me hac&#237;a un t&#233; al que colmaba de az&#250;car e invad&#237;a con galletitas de "agua". Me quedaba en silencio contempl&#225;ndola. Ella cocinaba. Mi abuelo le hac&#237;a las compras. La radio siempre en AM se fusionaba con alg&#250;n dibujito que me pon&#237;a en la tele. Mi infancia estaba cuidada. <strong>Mi mam&#225; trabajaba tranquila.</strong></p><p>Durante toda mi escolaridad, mi abuela estuvo ah&#237; para cuidarme a m&#237;, a mi hermano y a mis primos, y sostuvo adem&#225;s la salida al mercado laboral de mi madre y mi t&#237;a. Ellas no solo trabajaban porque la econom&#237;a de los noventa lo exig&#237;a: ya entonces la presi&#243;n sobre la mujer para sostener los dos mundos, el de la casa y el del trabajo, empezaba a ser despiadada, y tambi&#233;n se viv&#237;a sin cuestionamiento.</p><p>Eso hoy cambi&#243; por completo. Los abuelos est&#225;n volcados al mercado laboral, o atravesados por la necesidad de descansar del cuidado que ya dieron. Ah&#237; se abre una pregunta que <strong>la &#233;tica del cuidado de Joan Tronto ayuda a nombrar: &#191;deber&#237;amos cuidar todos, y en alg&#250;n momento se puede descansar de cuidar? (Tronto 1993). </strong>Tal vez la necesidad de descanso no sea individual, sino el s&#237;ntoma de que el cuidado recay&#243;, durante demasiado tiempo, sobre una sola persona, algo que no responde a nuestra naturaleza evolutiva. Como muestra Sarah Blaffer Hrdy, nos hicimos humanos gracias a la interdependencia: otros brazos, los alocuidadores, sosten&#237;an la crianza de forma comunitaria (Hrdy 2009).</p><p>Ya de adolescente, inmersa en la cultura del mundo productivo, la vida de mi abuela me resultaba aburrida, pero una voz interna me hac&#237;a cuestionar el mundo adulto. <strong>Mi mam&#225;, en casa, no estaba feliz: estaba cansada</strong>. Y yo ya no deseaba jubilarme, pero tampoco ser una mujer que se sienta sola en casa.</p><p>Pensar la crianza privatizada de hoy es advertir su car&#225;cter agotador. Esos malabares de conciliaci&#243;n se sostuvieron mucho tiempo porque hab&#237;a abuelas disponibles para cuidar, una red que hoy ya no est&#225; y que por eso vuelve visible una crisis que antes se tapaba. En buena hora se visibiliza. El problema real es qu&#233; hacemos mientras tanto, porque la crisis de red es concreta, y ya tiene n&#250;mero: <strong>el 69% de las personas encuestadas por UNFPA se&#241;ala no poder ocuparse de un hijo o hija como deber&#237;a, por falta de tiempo u otras obligaciones</strong>, como motivo importante para no tener hijos, postergarlos o limitar la cantidad deseada, y el 59% dice directamente que la crianza demanda demasiado tiempo y energ&#237;a (UNFPA 2026). <strong>No es una sensaci&#243;n individual: es una raz&#243;n que estructura decisiones reproductivas enteras</strong>. Es profundamente injusto, en un contexto que aprieta y no deja salida, tener que resolver sola algo tan cotidiano como la fiebre de dos hijos.</p><p>Elizabeth Jelin, en <em>Pan y afectos</em>, ya lo advert&#237;a: las pol&#237;ticas sociales arrastran un desencuentro hist&#243;rico con la realidad de las familias, construidas sobre un modelo que ya no existe (Jelin 1998). Hoy ese desencuentro lo empujan dos motores: la incorporaci&#243;n masiva de las mujeres al mercado laboral, que dej&#243; un vac&#237;o de cuidado que antes cubr&#237;amos por default, y el envejecimiento poblacional, que aumenta la demanda desde el otro extremo etario. La clase social define, eso s&#237;, de qu&#233; lado cae el costo, pero en cualquier reparto alguien lo paga, y casi siempre es una mujer.</p><p>Frente a este mapa, la <em><strong>desfamiliarizaci&#243;n </strong></em>propone que el Estado asuma el cuidado de manera directa (guarder&#237;as universales, sistemas de salud) para sacarle esa responsabilidad exclusiva a la familia y legitimar el cuidado como asunto p&#250;blico. Jelin advierte que la alternativa, subsidiar directamente a las madres para que cuiden, cumple una funci&#243;n instrumental e ideol&#243;gica: cristaliza a la mujer en su rol materno tradicional. Y remata: el sujeto de las pol&#237;ticas de conciliaci&#243;n nunca es neutro, es invariablemente femenino (Jelin 1998).</p><p>En la m&#237;a hay reparto de tareas, no reparto real: mi marido se queda cocinando de noche, cuando ya dormimos todos, y deja armados el desayuno y el almuerzo del d&#237;a siguiente; hace las compras, arma la vianda de Sancho para el jard&#237;n. Pero ninguna voluntad, por grande que sea, reparte la carga mental. Soy yo quien anticipa el turno con el pediatra, la vacuna que falta, el cumplea&#241;os que hay que resolver, el acto escolar de la semana que viene. Soy yo quien sabe d&#243;nde est&#225; cada cosa en esta casa. Tengo la cabeza en todos lados a la vez, y eso agota incluso con un compa&#241;ero que pone el cuerpo.</p><p>A eso se suma la informalidad de su trabajo, que convierte cada excepci&#243;n en una elecci&#243;n imposible: un hijo enfermo, yo enferma sin nadie m&#225;s que sostenga, una reuni&#243;n o un acto escolar. Todo no se puede, pero se exige todo. Y ah&#237; se naturaliza, otra vez, que el padre no est&#233;, sin que nadie lo nombre como una falla del sistema y no de la persona.</p><p><strong>Es, adem&#225;s, lo que m&#225;s me escriben quienes me siguen: que la soledad se siente incluso estando en pareja, y que aun cuando hay distribuci&#243;n de tareas, el agotamiento propio est&#225; lejos de ser comprendido por el otro. El &#8220;otro&#8221; no es s&#243;lo la pareja. </strong></p><p>Vuelvo a lectura de Jelin y me pregunto: si la retribuci&#243;n econ&#243;mica al cuidado solo refuerza la trampa de la domesticidad, &#191;qu&#233; hacemos con la falta total de reconocimiento? No creo que el cuidado deba tratarse solo como un trabajo no remunerado del que hay que escapar, pero tampoco que la soluci&#243;n sea congelar a la mujer en el maternalismo con un subsidio. <strong>El Estado no solo reparte recursos materiales: tambi&#233;n produce valor simb&#243;lico.</strong> Si el cuidado no se nombra, no se retribuye y no se jerarquiza institucionalmente, sigue trat&#225;ndose como un don natural que brota del cuerpo sin costarnos nada.</p><p>La pregunta inc&#243;moda va en otra direcci&#243;n: <strong>&#191;es posible valorar simb&#243;licamente el trabajo de cuidar desde las pol&#237;ticas p&#250;blicas sin que esa valorizaci&#243;n vuelva a convertir a la mujer en la &#250;nica responsable? &#191;Qu&#233; pol&#237;tica real, m&#225;s all&#225; de las declamaciones sobre la conciliaci&#243;n que siempre recaen sobre el mismo cuerpo, permitir&#237;a que sostener la vida deje de ser un acto de equilibrismo en solitario?</strong></p><div><hr></div><h4>Este texto lo escrib&#237; con tiempo, lectura y mucha crianza de por medio. Si te sirvi&#243;, pod&#233;s sumarte a la suscripci&#243;n y ayudar a que esta investigaci&#243;n independiente siga existiendo.</h4><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://www.mercadopago.com.ar/subscriptions/checkout?preapproval_plan_id=56dd9a215fa64356b6b8d94cda5ea74e&quot;,&quot;text&quot;:&quot;SUSCRIPCI&#211;N MENSUAL &quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fwww.mercadopago.com.ar%2Fsubscriptions%2Fcheckout%3Fpreapproval_plan_id%3D56dd9a215fa64356b6b8d94cda5ea74e"><span>SUSCRIPCI&#211;N MENSUAL </span></a></p><div><hr></div><p><strong>Bibliografia citada: </strong></p><p>Bourdieu, Pierre. 2000. <em>Las formas del capital: Capital econ&#243;mico, capital cultural y capital social</em>. Translated by Mar&#237;a Celia V&#225;zquez. C&#243;rdoba: Universidad Nacional de C&#243;rdoba.</p><p>Direcci&#243;n Nacional de Econom&#237;a, Igualdad y G&#233;nero (DNEIyG). 2022. <em>Los cuidados, un motor invisible de la econom&#237;a: Informe especial sobre el aporte del trabajo dom&#233;stico y de cuidados no remunerado al PBI</em>. Buenos Aires: Ministerio de Econom&#237;a de la Naci&#243;n.</p><p>Federici, Silvia. 2013. <em>Revoluci&#243;n en punto cero: Trabajo dom&#233;stico, reproducci&#243;n y luchas feministas</em>. Translated by Ver&#243;nica Hendel and Luciana Prado. Madrid: Traficantes de Sue&#241;os.</p><p>Gessaghi, Victoria. 2016. <em>La educaci&#243;n de la clase alta: Los espacios de formaci&#243;n de la &#233;lite en la Argentina</em>. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.</p><p>Gorb&#225;n, Debora, and Mariana Tizziani. 2013. &#8220;Trabajo, cuidados y desigualdades: Pr&#225;cticas y sentidos en torno al servicio dom&#233;stico en la Argentina.&#8221; <em>Lavaderos</em> 4 (2): 65&#8211;82.</p><p>Hrdy, Sarah Blaffer. 2009. <em>Mothers and Others: The Evolutionary Origins of Mutual Understanding</em>. Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press.</p><p>INDEC (Instituto Nacional de Estad&#237;stica y Censos). 2026. <em>Mercado de trabajo: Principales indicadores (Primer trimestre de 2026)</em>. Buenos Aires: INDEC.</p><p>Jelin, Elizabeth. 1998. <em>Pan y afectos: La transformaci&#243;n de las familias, g&#233;nero y pol&#237;tica</em>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&#243;mica.</p><p>Tronto, Joan C. 1993. <em>Moral Boundaries: A Political Argument for an Ethic of Care</em>. New York: Routledge.</p><p>UNFPA (Fondo de Poblaci&#243;n de las Naciones Unidas). 2026. <em>Fecundidad, autonom&#237;as y proyectos de vida: Encuesta sobre din&#225;micas familiares y reproducci&#243;n en Argentina</em>. Buenos Aires: UNFPA Oficina Argentina.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21kSft%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F450713ec-cc12-4a2c-bd60-5b80bce921fe_768x1364.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!kSft!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F450713ec-cc12-4a2c-bd60-5b80bce921fe_768x1364.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!kSft!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F450713ec-cc12-4a2c-bd60-5b80bce921fe_768x1364.jpeg 848w, 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class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21hGco%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F35586166-cc84-45ad-8b44-abdbba771a28_2000x2000.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!hGco!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F35586166-cc84-45ad-8b44-abdbba771a28_2000x2000.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!hGco!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F35586166-cc84-45ad-8b44-abdbba771a28_2000x2000.png 848w, 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class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p style="text-align: justify;"></p><p style="text-align: justify;"></p><blockquote><p><em><strong>En esta edici&#243;n:</strong> Exploramos por qu&#233; el cuidado es la columna vertebral e <strong>invisibilizada </strong>de la econom&#237;a argentina. Analizamos el paso de la "asistencia" a la "soberan&#237;a", la trampa de la soledad en el trabajo independiente y c&#243;mo el dise&#241;o de nuestras ciudades y leyes laborales <strong>privatiza el cansancio</strong>. Finalmente, desglosamos las notas de campo sobre el <strong>uso del tiempo masculino</strong>: &#191;es descanso o es derecho al cuidado? </em></p><p style="text-align: justify;"><em><strong>Pasen y lean.</strong></em></p></blockquote><div><hr></div><h2>Por qu&#233; cuidar es la industria m&#225;s grande del pa&#237;s</h2><p>En los &#250;ltimos d&#237;as, el debate sobre la baja natalidad y los cuidados nos convoc&#243; en redes. Ante la crisis de sostenibilidad de la vida, los funcionarios de m&#225;s alto rango del Gobierno de la Ciudad, <strong>Jorge Macri y Clara Muzzio</strong>, se refirieron a la maternidad como un <strong>"problema de narrativa"</strong> y tildaron de <strong>"infecci&#243;n"</strong> el reclamo por derechos b&#225;sicos de cuidado. Pero detr&#225;s de esa ret&#243;rica, hay una realidad material que los n&#250;meros oficiales no pueden seguir ignorando.</p><h4>Empecemos por lo importante: &#191;Qu&#233; es el PBI y por qu&#233; nos importa?</h4><p>Para entender d&#243;nde estamos paradas, hay que entender el <strong>PBI (Producto Bruto Interno)</strong>. Imaginemos que Argentina es una <strong>panader&#237;a ?)</strong>. El PBI es la suma de todo lo que vende en el mostrador: el pan, las facturas, lo que tiene salida.</p><p>La econom&#237;a tradicional solo mira ese mostrador. Pero para que ese pan llegue ah&#237;, hubo una <strong>trastienda invisible</strong>: alguien limpi&#243; el horno, organiz&#243; las bandejas y cuid&#243; a los hijos del panadero gratis. Sin esa trastienda, la panader&#237;a no puede abrir o funcionar correctamente.</p><h4>El dato: La industria del cuidado</h4><p>Lo que descubrieron informes de <strong>CIPPEC</strong> y el <strong>INDEC</strong> es que esa trastienda no es un &#8220;detalle de color&#8221;. Si se calcula cu&#225;nto costar&#237;a pagar por todas las horas de limpieza, cocina y crianza que las mujeres hacemos <strong>gratis</strong>, el resultado es tremendo:</p><div class="pullquote"><p>El trabajo de cuidados no remunerado representa el <strong>16% del PBI</strong> nacional.  Es el sector de <strong>mayor peso en toda la econom&#237;a</strong>, superando a la Industria (13,2%) y al Comercio (13%).</p></div><h4>La trampa de la &#8220;Asistencia&#8221; vs. la &#8220;Soberan&#237;a&#8221;</h4><p>Dentro del necesario debate en redes, se arm&#243; una discusion en la que me quiero detener: <strong>&#191;Por qu&#233; &#8220;hablar de trabajo no remunerado&#8221; y exigir la remuneraci&#243;n, no es lo mismo que la Asignaci&#243;n Universal por Hijo?</strong> La diferencia es pol&#237;tica y radical. La AUH es un subsidio de asistencia pensado para que el ni&#241;o no caiga en la indigencia, es el Estado &#8220;ayudando&#8221; desde una l&#243;gica de caridad.</p><p>Reclamar el <strong>reconocimiento como trabajo</strong> es un acto de soberan&#237;a. Es dejar de ser las &#8220;voluntarias forzosas&#8221; del sistema para exigir que el mercado deje de <strong>parasitar </strong>nuestro tiempo. No es querer &#8220;mercantilizar el amor&#8221;, es denunciar que hoy nos est&#225;n <strong>expropiando la vida</strong> en nombre del afecto para que el sistema funcione gratis.</p><h4>La red que no sostiene</h4><p>Cuando las ciudades son hostiles, sin ba&#241;os p&#250;blicos, con transporte inaccesible y sin infraestructura de cuidado, la &#8220;responsabilidad colectiva&#8221; se vuelve una frase vac&#237;a. Si el costo del cuidado sigue siendo un sacrificio puertas adentro y empobrecedor, <em><strong>la red no existe</strong></em>: es solo nuestro cuerpo cargando el peso de un dise&#241;o de ciudad que nos expulsa.</p><p><strong>Por todo esto, </strong>nombrar el cuidado como trabajo es la &#250;nica forma de que deje de ser un destino, que a&#250;n se presenta como biol&#243;gico y pase a ser una responsabilidad pol&#237;tica compartida. <em><strong>S&#237; Clara Muzzio, nuestra casa es nuestro sindicato.</strong></em></p><p><strong>Fuentes de consulta:</strong></p><ul><li><p><em>Informe &#8220;Cuidados: El motor invisible de la econom&#237;a&#8221;, CIPPEC (2020).</em></p></li><li><p><em>Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), INDEC (2021).</em></p></li><li><p><em>Documento de trabajo &#8220;Los cuidados, un sector estrat&#233;gico&#8221;, Ministerio de Econom&#237;a de la Naci&#243;n.</em></p></li></ul><div><hr></div><h4><strong>La soledad de las independientes y el privilegio de la red</strong></h4><p>Pasamos al segundo debate: las im&#225;genes de los antiguos patios dispar&#243; algo que no fue nostalgia, abri&#243; una grieta por donde se colaron las <em><strong>tensiones de nuestro presente</strong></em>. Al leerlas, me qued&#243; claro que la <strong>narraci&#243;n </strong>de lo que fuimos nunca es neutra. No buscamos mudarnos de vuelta a estructuras que asfixiantes, pero s&#237; considero que nos urge entender qu&#233; herramientas de lo com&#250;n perdimos en el camino.</p><p>Una de ustedes dec&#237;a algo que me dej&#243; pensando: <em><strong>&#8220;Soy profesional independiente y esa ya es una definici&#243;n de desprotecci&#243;n&#8221;</strong></em>. Es una frase que toca el nervio de la &#233;poca. Ganamos la soberan&#237;a de nuestra propia agenda, pero esa autonom&#237;a parece traducirse en soledad estructural. La profesional independiente es, hoy, alguien que gestiona su propio desamparo entre la productividad y el cuidado. Me parece muy tremendo. </p><h4><strong>El tiempo como muro</strong></h4><p>Otra voz de la comunidad planteaba el nudo m&#225;s dif&#237;cil de desatar: <strong>&#191;podemos ayudar a otras sin tiempo?</strong> El sistema nos tiene tan atomizadas que incluso la red se percibe como una &#8220;tarea&#8221; m&#225;s en una lista de pendientes ya colapsada. Cuando el tiempo para la vida propia desaparece, lo colectivo deja de sentirse como un alivio para vivirse como una carga. &#191;No les parece que es la trampa perfecta del mercado? nos quita el tiempo para que no podamos construir el tejido que, precisamente, nos devolver&#237;a ese tiempo (Pum!)</p><h4><strong>Habitar la contradicci&#243;n: tomar y rechazar</strong></h4><p>Apareci&#243; tambi&#233;n la menci&#243;n a la &#8220;fantas&#237;a de la individualidad&#8221;. La idea de que intentamos sostener nuestra identidad productiva mientras el vac&#237;o de la identidad colectiva nos chupa la energ&#237;a.</p><p>Para no hundirnos en el &#8220;b&#250;nker moderno&#8221; <em>(Para saber m&#225;s del &#8220;bunker moderno&#8221; te recomiendo mi curso <strong>COLECTIVAS</strong>)</em>, necesitamos la honestidad de <strong>tomar y rechazar</strong>: Empiezo: <strong>YO RECHAZO </strong>rotundamente la vigilancia y la invisibilizaci&#243;n de la mujer como &#250;nico destino. Eso no lo quiero de vuelta. <strong>Pero sin dudas TOMO </strong>la estructura de sost&#233;n y la circulaci&#243;n de los cuidados &#191;qui&#233;n da m&#225;s?</p><p>Y ojo! Incluso cuando aparece ese &#8220;intermedio&#8221; ideal: la red de abuelos que permite presencia sin invasi&#243;n, no podemos dejar de notar que hoy eso es un <strong>privilegio</strong>. Ya sea por geograf&#237;a o por clase, el apoyo familiar es un capital que no todas tienen. Y ah&#237; es donde la pregunta se vuelve pol&#237;tica:<em><strong> &#191;C&#243;mo construimos una comunidad que nos sostenga sin anularnos, especialmente cuando no hay herencia familiar que nos proteja?</strong></em></p><p><strong>No tengo la respuesta, s&#237; creo que la salida no es retroceder sino transformar este presente que privatiza el cansancio hasta volverlo invisible.</strong></p><div><hr></div><h2>El tiempo en disputa y la sospecha sobre lo &#8220;natural&#8221;</h2><p>La semana pasada particip&#233; del streaming <em>&#8220;Se vive como el Qlo&#8221;</em> en d&#243;nde hablamos de la Licencia por paternidad. Una de ustedes no tard&#243; en compartirme su valiosa opini&#243;n: A veces los varones son una gran carga a las mujeres reci&#233;n paridas. </p><p>Su comentario abri&#243; el debate y sus aportes las reflexiones &#191;Qu&#233; hay detr&#225;s de una Licencia por paternidad? A contonuacion los an&#225;lisis sobre la saturacion de comentarios. </p><h4>&#191;Tiempo de qui&#233;n? La propiedad privada del ocio</h4><p style="text-align: justify;">Uno de los nodos que m&#225;s &#8220;saturaci&#243;n&#8221; present&#243; en sus relatos es la colisi&#243;n entre dos formas de habitar el hogar: el descanso y el sost&#233;n.</p><p>&#191;Es posible que hayamos construido una subjetividad masculina donde la casa es, ante todo, el lugar de la &#8220;recuperaci&#243;n de energ&#237;as para el mercado&#8221;?</p><blockquote><p><em>&#8220;Dec&#237;a que &#233;l se merec&#237;a disfrutar despu&#233;s de un a&#241;o de trabajo (...)&#8221;</em>.</p></blockquote><p>Si el var&#243;n habita la licencia como un &#8220;derecho al ocio&#8221; mientras la mujer la habita como &#8220;disponibilidad permanente&#8221;, &#191;estamos ante un conflicto de convivencia o ante una distribuci&#243;n pol&#237;tica del tiempo? &#191;Podemos pensar el tiempo de cuidado como algo que nos pertenece individualmente o es, necesariamente, una infraestructura com&#250;n?</p><h4>El &#8220;Padre-Beb&#233;&#8221;: &#191;Inmadurez o estrategia pol&#237;tica?</h4><p>Al leerlas me encontr&#233; con una recurrencia que se vuelve s&#237;ntoma y es: la referencia al var&#243;n en el puerperio como un sujeto <strong>"infantil"</strong>. Se usaron r&#243;tulos como <em>padre-beb&#233;</em> y se apel&#243; a la falta de madurez para explicar la ausencia o la torpeza en el cuidado. Pero, <strong>&#191;qu&#233; pasa si dejamos de mirar su psicolog&#237;a y empezamos a mirar su posici&#243;n social?</strong></p><p>&#191;Qu&#233; funci&#243;n cumple el r&#243;tulo de &#8220;inmaduro&#8221; o &#8220;hijo adulto&#8221;? &#191;No ser&#225; que patologizar la falta de compromiso es una forma de no llamarla por su nombre: <strong>una omisi&#243;n &#233;tica amparada por el privilegio?</strong></p><blockquote><p><em>&#8220;Producciones de patolog&#237;a para soslayar el reclamo aut&#233;ntico (...)&#8221;</em> (C B).</p></blockquote><p>Al decir que a un var&#243;n &#8220;no le sale&#8221; cuidar, &#191;estamos describiendo una incapacidad biol&#243;gica o estamos validando su derecho a no ser responsable? &#191;A qui&#233;n beneficia que sigamos llamando &#8220;ni&#241;os&#8221; a quienes tienen responsabilidades civiles?</p><h3>La justicia y la jerarqu&#237;a del deseo</h3><p>Cuando el v&#237;nculo se rompe, las instituciones parecen operar bajo una l&#243;gica de &#8220;opcionalidad&#8221; para unos y &#8220;obligatoriedad&#8221; para otras.</p><p>&#191;Por qu&#233; el sistema judicial protege el &#8220;derecho a no vincularse&#8221; del var&#243;n pero asume la &#8220;obligaci&#243;n biopol&#237;tica&#8221; de la madre?</p><blockquote><p> <em>&#8220;Te dicen que &#8220;no pueden obligarlo a vincularse&#8221;. Pero a nosotras nadie nos pregunta si podemos o queremos (...)&#8221;</em> (R P.).</p></blockquote><p>&#191;C&#243;mo se construye la idea de que la paternidad es una opci&#243;n afectiva mientras que la maternidad es un destino institucional? &#191;Qu&#233; dice esto sobre el valor que nuestra sociedad le otorga a la supervivencia de las infancias?</p><h4>Sem&#225;ntica del cuidado: &#191;Por qu&#233; o Para qu&#233;?</h4><p>Cerramos con una invitaci&#243;n a revisar las palabras que nos sostienen.</p><p>&#191;Qu&#233; cambia en nuestro cuerpo y en nuestra casa si dejamos de hablar de una licencia &#8220;por&#8221; (causal) y empezamos a exigir una licencia &#8220;para&#8221; (finalidad)?</p><blockquote><p><em>&#8220;En lugar de licencia &#8216;<strong>por</strong>&#8217; paternidad... habr&#237;a que llamarla licencia &#8216;<strong>para</strong>&#8217; cuidar. El &#8216;<strong>para</strong>&#8217; da sentido de prop&#243;sito&#8221;</em> (F G.).</p></blockquote><p>&#191;Es el lenguaje el que limita nuestra acci&#243;n o nuestra falta de acci&#243;n la que empobrece el lenguaje? &#191;Podemos imaginar una arquitectura del tiempo que no ponga el foco en el sujeto que se ausenta del trabajo, sino en la vida que necesita ser sostenida?</p><h4>La corresponsabilidad: &#191;Un derecho o un bien de consumo?</h4><p>La precariedad laboral en Argentina (monotributo, informalidad) apareci&#243; como el gran muro que segmenta qui&#233;n puede cuidar y qui&#233;n no.</p><p>&#191;Se est&#225; convirtiendo la &#8220;paternidad presente&#8221; en un privilegio de clase?</p><blockquote><p><em>&#8220;Mi compa&#241;ero es monotributista... se tom&#243; 3 d&#237;as que no cobr&#243; y volvi&#243; al ruedo&#8221;</em> (Magal&#237; S.).</p></blockquote><p>Si el sistema laboral expulsa al var&#243;n del hogar y el Estado no garantiza ingresos para quienes cuidan de forma independiente, &#191;cu&#225;nto margen real de &#8220;elecci&#243;n&#8221; tienen las familias? &#191;Es la soledad de la mam&#225; un problema de la pareja o es un dise&#241;o deliberado de un sistema que delega la crisis del cuidado en el &#225;mbito privado femenino? Yo ya tengo mi respuesta &#8230; </p><h3>La &#8220;fuga&#8221; del hogar: El derecho a no saber (y a no estar)</h3><p>A la barrera del monotributo y la precariedad laboral, se le suma una dimensi&#243;n subjetiva <strong>que me perturba</strong>: varones que, teniendo el marco legal o corporativo para quedarse, eligen, para sorpresa de nadie, habitar el trabajo como un refugio. </p><p>&#191;Es el trabajo una obligaci&#243;n econ&#243;mica o se est&#225; convirtiendo en una <strong>coartada para evitar la vulnerabilidad del cuidado? (FUERTE)</strong> &#191;Qu&#233; nos dice sobre la masculinidad que el espacio p&#250;blico (la empresa) sea percibido como un lugar de &#8220;paz&#8221; frente a un hogar que se etiqueta como &#8220;conflictivo&#8221;? <strong>(FUERTE X 2)</strong></p><blockquote><p><em>&#8220;En la empresa un compa&#241;ero que recientemente habia sido padre contaba buscando complicidad que prefer&#237;a no extender la licencia porque su mujer puerpera <strong>estaba muy &#8216;hinchapelotas&#8217;</strong> con las cosas del beb&#233; (...).&#8221; </em></p><p><em>&#8220;Prefieren volver antes porque dicen que <strong>&#8220;no saben qu&#233; hacer&#8221;</strong> o que se aburren. El trabajo termina siendo la excusa perfecta para no poner el cuerpo en lo que no pueden controlar.&#8221;</em></p></blockquote><p>Cuando un var&#243;n etiqueta a la mam&#225; como &#8220;hinchapelotas&#8221;, &#191;est&#225; describiendo un rasgo de personalidad o est&#225; intentando <strong>deslegitimar </strong>un reclamo de justicia en el reparto de tareas?</p><p>Ese &#8220;no saber qu&#233; hacer&#8221; suele aceptarse socialmente como una incapacidad casi biol&#243;gica, aparece implicita la idea de &#8220;una estructura mental que ya es as&#237;&#8221;. Pero, &#191;no ser&#225; m&#225;s bien una <strong>estrategia de resistencia</strong>? &#191;Es posible que &#8220;no saber&#8221; sea la forma m&#225;s eficaz de mantener el privilegio de no hacer?</p><p>&#191;C&#243;mo se construye una casa donde la presencia masculina es sentida por el propio var&#243;n como una &#8220;visita&#8221; que puede ser cancelada si el anfitri&#243;n (la mam&#225;) se pone &#8220;exigente&#8221;?</p><div><hr></div><h4>En conclusi&#243;n: Una crisis de dise&#241;o, no de biolog&#237;a</h4><p>La problem&#225;tica es una sola: vivimos en una cultura que dise&#241;&#243; sus instituciones (la Ley, la Empresa, el Juzgado) para <strong>preservar la libertad masculina a costa de la saturaci&#243;n femenina</strong>.</p><p>La corresponsabilidad, entonces, no aparece como un horizonte posible mientras el tiempo siga siendo le&#237;do bajo la l&#243;gica del &#8220;merecimiento&#8221; individual y no como un <strong>bien com&#250;n</strong> necesario para la supervivencia de la especie.</p><div><hr></div><p><strong>Para seguir pensando&#8230; &#191;Es posible construir un v&#237;nculo paritario cuando las reglas de juego (fuera y dentro de casa) est&#225;n dise&#241;adas para que uno de los dos siempre tenga una puerta de salida y la otra no? &#191;Qu&#233; pasar&#237;a si el cuidado dejara de ser un &#8220;acto de amor&#8221; para ser tratado como una responsabilidad civil ineludible?</strong></p><div><hr></div><p><em><strong>Gracias por leerme!</strong></em></p><p><em><strong>Estas no son conclusiones, son apenas hilos de los cuales tirar. Las notas de campo siguen abiertas porque el territorio, nuestras casas, est&#225;n en plena transformaci&#243;n.</strong></em></p><p><em><strong>Si te sumo y te dejo pensando, me ayuda mucho que recomiendes. </strong></em></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>