<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Valeria Mendez]]></title><description><![CDATA[Politóloga y escritora ocasional. Escribo sobre política para gente que sabe mucho, poco o nada. Obsesionada con el lenguaje del poder y lo que repetimos sin entender. A veces académica, a veces insoportable, siempre curiosa.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!OJYP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fac4c8c90-74a9-4281-8cd3-23197e95c4d6_1179x1179.png</url><title>Valeria Mendez</title><link>https://queridoelector.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Wed, 04 Nov 2026 19:09:24 GMT</lastBuildDate><atom:link href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Ffeed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Valeria Mendez]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[queridoelector@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[queridoelector@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Valeria Mendez]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Valeria Mendez]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[queridoelector@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[queridoelector@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Valeria Mendez]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[¿Qué tiene que ver Dios con la justicia social?]]></title><description><![CDATA[De la compasi&#243;n a la responsabilidad: las preguntas que atravesaron siglos, pontificados y revoluciones.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/que-tiene-que-ver-dios-con-la-justicia</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/que-tiene-que-ver-dios-con-la-justicia</guid><pubDate>Sun, 01 Nov 2026 13:37:12 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%215gs4%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F8918bf00-fa17-43aa-a93b-913b55ea08b8_1200x1200.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">Hoy te escribo esta carta dominical desde Buenos Aires, Argentina. Tierra del asado, del buen vino, de una pasi&#243;n por el f&#250;tbol que por momentos parece una religi&#243;n y cuna de algunos de los personajes m&#225;s admirados del mundo. Entre ellos, uno que ocupa un lugar especialmente privilegiado en mis afectos: Jorge Mario Bergoglio, m&#225;s conocido como el papa Francisco. Y debo confesarte que, trat&#225;ndose de &#233;l, mi admiraci&#243;n nunca fue precisamente discreta.</p><p style="text-align: justify;">Pero resulta que, como si encontrarme en el pa&#237;s de un papa no fuera ya una coincidencia suficientemente especial, estoy aqu&#237; justo cuando Argentina se prepara para recibir a otro: Le&#243;n XIV, su sucesor.</p><p style="text-align: justify;">Y la expectativa se siente. Las iglesias organizan sus celebraciones, los fieles buscan asegurarse un lugar en las misas, los medios siguen los preparativos y los pol&#237;ticos, seguramente, tampoco querr&#225;n perderse la oportunidad de conseguir una fotograf&#237;a con el sumo pont&#237;fice. Porque hay visitas que alteran el tr&#225;nsito de una ciudad y otras que tambi&#233;n consiguen alterar, aunque sea por unos d&#237;as, las agendas del poder.</p><p style="text-align: justify;">Yo, por supuesto, tampoco pienso perderme semejante acontecimiento.</p><p style="text-align: justify;">Y es precisamente aprovechando este contexto que he decidido dedicar nuestra carta dominical a un asunto que lleva siglos acompa&#241;ando a la Iglesia cat&#243;lica, aunque muchas veces lo encontremos en conversaciones que parecen pertenecer exclusivamente a la econom&#237;a o a la pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Pero antes de comenzar, querido elector, debo advertirte algo: hoy vamos a cambiar un poquito las reglas de nuestra correspondencia.</p><p style="text-align: justify;">Quienes suelen acompa&#241;arme los domingos saben que acostumbramos a explorar los acontecimientos del mundo desde la ciencia pol&#237;tica, la sociolog&#237;a y, cuando las teor&#237;as se quedan cortas frente a las extravagancias humanas, incluso desde la psicolog&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Hoy nos asomaremos a la tradici&#243;n cat&#243;lica para descubrir c&#243;mo ha respondido, a lo largo de la historia, a algunas de las preguntas m&#225;s persistentes de nuestras sociedades: qu&#233; significa ayudar a quienes tienen menos, d&#243;nde termina la generosidad y comienza la justicia, y qu&#233; responsabilidades tenemos frente a las condiciones en las que viven los dem&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Y es que, querido elector, quiz&#225; una de las preguntas m&#225;s pol&#237;ticas que podemos hacernos tenga una respuesta religiosa bastante m&#225;s interesante de lo que imaginamos.</p><p><strong>&#191;Qu&#233; tiene que ver Dios con la justicia social?</strong></p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/8918bf00-fa17-43aa-a93b-913b55ea08b8_1200x1200.jpeg&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/8918bf00-fa17-43aa-a93b-913b55ea08b8_1200x1200.jpeg&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><h3>La generosidad tiene un peque&#241;o inconveniente</h3><p style="text-align: justify;">Imagina a un hombre inmensamente rico que decide donar una parte de su fortuna para alimentar a cientos de familias. La noticia aparece en los peri&#243;dicos, las fotograf&#237;as recorren las redes sociales y, con bastante probabilidad, alguien termina describi&#233;ndolo como un ejemplo de generosidad.</p><p style="text-align: justify;">Ahora imagina que ese mismo hombre es propietario de una empresa donde algunos trabajadores reciben salarios insuficientes para cubrir sus necesidades.</p><p style="text-align: justify;">&#191;La donaci&#243;n sigue siendo valiosa? Por supuesto. &#191;Lo convierte autom&#225;ticamente en un hombre justo? Esa es otra pregunta.</p><p style="text-align: justify;">Y hay algo fascinante en esta diferencia: al generoso solemos agradecerle lo que decide entregar. Al justo, en cambio, no necesariamente debemos felicitarlo por reconocer aquello que corresponde a los dem&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Lo curioso es que, mucho antes de que existieran los ministerios de Desarrollo Social, la tradici&#243;n cristiana ya se ocupaba de estas cuestiones.</p><p style="text-align: justify;">San Juan Cris&#243;stomo, un obispo del siglo IV, formul&#243; ense&#241;anzas especialmente severas sobre la riqueza y las obligaciones hacia los necesitados. Y siglos despu&#233;s, san Gregorio Magno insistir&#237;a en una idea que la Iglesia conserva en su propio Catecismo: proporcionar a los pobres los bienes indispensables no debe entenderse solamente como un acto de generosidad, sino tambi&#233;n como un deber de justicia.</p><p style="text-align: justify;">Y aqu&#237; hay una curiosidad que merece atenci&#243;n: el Catecismo recoge estas ense&#241;anzas al explicar el s&#233;ptimo mandamiento.</p><p style="text-align: justify;">S&#237;, querido elector, el de &#171;No robar&#225;s&#187;.</p><p style="text-align: justify;">Resulta que las obligaciones hacia quienes tienen menos ocupan un lugar bastante m&#225;s profundo en esta tradici&#243;n religiosa que el de una simple invitaci&#243;n a ser generosos.</p><p style="text-align: justify;">En la doctrina cat&#243;lica, la caridad es una virtud vinculada al amor a Dios y al pr&#243;jimo. No se limita a entregar dinero o alimentos ni se opone a la justicia. Benedicto XVI lo explic&#243; en <em>Caritas in veritate</em>, publicada en 2009: antes de ofrecer algo propio por generosidad, debemos reconocer aquello que leg&#237;timamente corresponde al otro.</p><p style="text-align: justify;">Tambi&#233;n conviene despejar una confusi&#243;n frecuente. Aunque en el lenguaje cotidiano asociamos a veces los subsidios con una forma de caridad estatal, no son lo mismo. Un subsidio es un instrumento de pol&#237;tica p&#250;blica que responde a determinados objetivos y reglas; la caridad cristiana, en cambio, tiene un fundamento moral y religioso mucho m&#225;s amplio que la asistencia material.</p><p style="text-align: justify;">La distinci&#243;n, entonces, no consiste en elegir entre ayudar y hacer justicia, sino en comprender que una cosa no reemplaza necesariamente a la otra.</p><p style="text-align: justify;">Y el asunto se vuelve mucho m&#225;s interesante cuando esa idea sale de los libros religiosos y entra en las f&#225;bricas.</p><h3>Un papa que no era precisamente socialista</h3><p style="text-align: justify;">Para entender hasta d&#243;nde puede llegar esa pregunta, viajemos a 1891.</p><p style="text-align: justify;">Europa atravesaba una transformaci&#243;n extraordinaria. Las m&#225;quinas multiplicaban la producci&#243;n, las ciudades crec&#237;an y las f&#225;bricas se convert&#237;an en s&#237;mbolos de una modernidad que promet&#237;a prosperidad. Pero, como suele ocurrir con las promesas que se hacen en nombre del progreso, no todos recib&#237;an sus beneficios al mismo tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Hab&#237;a trabajadores sometidos a jornadas agotadoras, salarios insuficientes y condiciones laborales que dejaban poco espacio para negociar.</p><p style="text-align: justify;">En medio de aquella realidad, Le&#243;n XIII public&#243; <em>Rerum novarum</em>, una enc&#237;clica que se convertir&#237;a en una de las referencias fundamentales de la doctrina social moderna de la Iglesia.</p><p style="text-align: justify;">Y aqu&#237; llega una contradicci&#243;n que merece ser contada.</p><p style="text-align: justify;">Le&#243;n XIII defend&#237;a la propiedad privada. Cuestionaba el socialismo de su &#233;poca y no compart&#237;a la propuesta de eliminar las diferencias entre propietarios y trabajadores.</p><p style="text-align: justify;">Pero tambi&#233;n sosten&#237;a que el salario no pod&#237;a considerarse justo &#250;nicamente porque alguien hubiera aceptado recibirlo.</p><p style="text-align: justify;">Pensemos en lo que significa.</p><p style="text-align: justify;">Una persona necesita trabajar para comer. Su empleador le ofrece una remuneraci&#243;n que apenas alcanza para sobrevivir. La acepta porque no tiene otra alternativa.</p><p style="text-align: justify;">&#191;Hubo un acuerdo? S&#237;.</p><p style="text-align: justify;">&#191;Eso basta para afirmar que fue un acuerdo justo? Le&#243;n XIII respondi&#243; que no.</p><p style="text-align: justify;">Y de pronto, una discusi&#243;n sobre el sueldo de un obrero se convert&#237;a en una cuesti&#243;n sobre la libertad, la dignidad y los l&#237;mites de los acuerdos econ&#243;micos.</p><p style="text-align: justify;">No fue el papa quien invent&#243; las reivindicaciones laborales. Para entonces, los trabajadores llevaban d&#233;cadas organiz&#225;ndose y reclamando mejores condiciones. Tampoco sus ense&#241;anzas coincid&#237;an con todas las demandas de aquellos movimientos.</p><p style="text-align: justify;">Lo interesante es que un pont&#237;fice defensor de la propiedad privada reconoc&#237;a que la econom&#237;a necesitaba obligaciones de justicia que no pod&#237;an depender exclusivamente de la voluntad de sus participantes.</p><p style="text-align: justify;">Porque si la necesidad puede limitar la libertad de una persona, entonces no basta con preguntar qu&#233; acuerdo acept&#243;. Tambi&#233;n importa comprender en qu&#233; condiciones tuvo que aceptarlo.</p><p style="text-align: justify;">Pero la discusi&#243;n no iba a quedarse en el salario. Con el tiempo, la doctrina social cat&#243;lica profundizar&#237;a en una cuesti&#243;n todav&#237;a m&#225;s compleja: las injusticias que no dependen de un &#250;nico responsable, sino que pueden perpetuarse a trav&#233;s de decisiones, intereses e instituciones.</p><p style="text-align: justify;">Juan Pablo II llegar&#237;a a hablar de <em>estructuras de pecado</em> para describir c&#243;mo determinadas conductas humanas pueden arraigarse en la vida social y reproducir situaciones injustas.</p><p style="text-align: justify;">Y aqu&#237; aparece otra pregunta: si las condiciones de vida de una persona tambi&#233;n dependen de c&#243;mo est&#225; organizada la sociedad, &#191;basta con ayudarla individualmente o debemos preguntarnos por las reglas que condicionan sus oportunidades?</p><p style="text-align: justify;">El arzobispo brasile&#241;o H&#233;lder C&#226;mara resumi&#243; esta tensi&#243;n con una frase que dif&#237;cilmente podr&#237;a ser m&#225;s elocuente: &#171;Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qu&#233; los pobres no tienen comida, me llaman comunista&#187;.</p><h3>El papa al que llamaron comunista</h3><p style="text-align: justify;">En octubre de 2014, Francisco recibi&#243; en el Vaticano a representantes de movimientos populares. Entre los asistentes hab&#237;a trabajadores informales, campesinos, recicladores y personas vinculadas con organizaciones que reclamaban mejores condiciones de vida.</p><p style="text-align: justify;">El papa habl&#243; de tres aspiraciones: tierra, techo y trabajo.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces hizo una observaci&#243;n que conten&#237;a una buena dosis de iron&#237;a: algunas personas, dijo, conclu&#237;an que el papa era comunista cuando hablaba de aquellos asuntos.</p><p style="text-align: justify;">Lo curioso era que Francisco no estaba presentando esas preocupaciones como una novedad revolucionaria. Las relacionaba con la tradici&#243;n social de la propia Iglesia.</p><p style="text-align: justify;">Pero la parte m&#225;s interesante de aquel encuentro no fue la etiqueta pol&#237;tica que algunos intentaban colocarle, sino a qui&#233;nes ten&#237;a delante y c&#243;mo se dirig&#237;a a ellos.</p><p style="text-align: justify;">Francisco no hablaba de las personas pobres &#250;nicamente como destinatarias de asistencia. Reconoc&#237;a en ellas la capacidad de organizarse, reclamar, participar y transformar las condiciones en las que viv&#237;an.</p><p style="text-align: justify;">Y esa diferencia cambia la conversaci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Porque una persona puede necesitar ayuda sin perder por ello su voz, su capacidad de decidir o su derecho a participar en la construcci&#243;n de su propio futuro.</p><p style="text-align: justify;">En <em>Fratelli tutti</em>, publicada en 2020, Francisco profundiz&#243; en esta idea mediante un concepto particularmente interesante: la <em>caridad pol&#237;tica</em>.</p><p style="text-align: justify;">A primera vista, las palabras parecen una pareja improbable. La caridad suele recordarnos los gestos individuales de ayuda; la pol&#237;tica, en cambio, nos lleva a pensar en gobiernos, instituciones y decisiones colectivas.</p><p style="text-align: justify;">Pero Francisco propon&#237;a una relaci&#243;n entre ambas que explic&#243; mediante una imagen extraordinariamente sencilla.</p><p style="text-align: justify;">Ayudar a una persona mayor a cruzar un r&#237;o es un acto de caridad. Construir un puente para que pueda atravesarlo tambi&#233;n lo es.</p><p style="text-align: justify;">La diferencia est&#225; en que el segundo gesto transforma las condiciones en las que las personas pueden desenvolverse. No se limita a resolver una dificultad particular: crea una posibilidad para muchos.</p><p style="text-align: justify;">Y es all&#237; donde encontramos una de las ideas m&#225;s interesantes de su pensamiento social.</p><p style="text-align: justify;">La caridad no tiene por qu&#233; terminar en el encuentro entre dos personas. Tambi&#233;n puede inspirar la construcci&#243;n de instituciones, reglas y oportunidades que permitan vivir dignamente.</p><p style="text-align: justify;">Eso no significa que toda intervenci&#243;n del Estado sea necesariamente justa ni que las buenas intenciones garanticen buenos resultados. Las decisiones p&#250;blicas requieren recursos, conocimiento, responsabilidad y deliberaci&#243;n democr&#225;tica.</p><p style="text-align: justify;">Pero s&#237; significa que, desde esta perspectiva religiosa, el compromiso con el pr&#243;jimo puede extenderse hasta las estructuras que organizan la vida colectiva.</p><p style="text-align: justify;">Francisco a&#241;ad&#237;a, adem&#225;s, una exigencia especialmente importante: las personas que viven en situaciones de pobreza no deber&#237;an ser tratadas como simples receptoras de soluciones dise&#241;adas por otros.</p><p style="text-align: justify;">Tambi&#233;n deben tener voz en su construcci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Porque hay una diferencia enorme entre decidir qu&#233; necesitan los dem&#225;s y reconocerles la capacidad de participar en las decisiones que afectan su existencia.</p><p style="text-align: justify;">Y aqu&#237; la doctrina social encuentra un punto de contacto con una preocupaci&#243;n fundamental de la pol&#237;tica: no solamente qu&#233; derechos reconocemos, sino qui&#233;nes tienen la posibilidad real de ejercerlos y participar en las decisiones colectivas.</p><p style="text-align: justify;">Naturalmente, esto no convierte a Francisco en el inventor de la participaci&#243;n social ni significa que todas sus posiciones deban aceptarse sin discusi&#243;n. Tampoco nos obliga a ignorar las contradicciones hist&#243;ricas de la Iglesia, una instituci&#243;n cuyas relaciones con el poder y determinadas actuaciones han estado, en ocasiones, lejos de los principios que proclama.</p><p style="text-align: justify;">Pero s&#237; nos permite comprender una idea que recorre buena parte de su pensamiento: <strong>no basta con hablar en nombre de quienes tienen menos si nunca les concedemos un lugar en la conversaci&#243;n.</strong></p><p style="text-align: justify;">Y mientras esta antigua discusi&#243;n segu&#237;a abierta, apareci&#243; una transformaci&#243;n que obligar&#237;a a formularla en t&#233;rminos completamente nuevos.</p><h3>Las m&#225;quinas cambiaron. La pregunta no desapareci&#243;.</h3><p style="text-align: justify;">Hay algo particularmente hermoso en los nombres que eligen los papas. Algunos recuerdan a santos, otros evocan pontificados anteriores y, en ocasiones, anuncian una intenci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Cuando Robert Francis Prevost fue elegido pont&#237;fice en mayo de 2025, decidi&#243; llamarse Le&#243;n XIV.</p><p style="text-align: justify;">Pocos d&#237;as despu&#233;s explic&#243; que la raz&#243;n principal estaba en Le&#243;n XIII, aquel papa que hab&#237;a intervenido en la cuesti&#243;n obrera durante la Revoluci&#243;n Industrial.</p><p style="text-align: justify;">Pero no se trataba simplemente de rendir homenaje a un predecesor.</p><p style="text-align: justify;">Le&#243;n XIV encontr&#243; un paralelismo entre los desaf&#237;os sociales de aquella industrializaci&#243;n y los de una nueva transformaci&#243;n tecnol&#243;gica: la inteligencia artificial.</p><p style="text-align: justify;">En mayo de 2026, su enc&#237;clica <em>Magnifica humanitas</em> retom&#243; las preocupaciones sobre la dignidad humana, el trabajo y el poder tecnol&#243;gico.</p><p style="text-align: justify;">Y aqu&#237; la historia adquiere un giro extraordinariamente contempor&#225;neo.</p><p style="text-align: justify;">En el siglo XIX, las m&#225;quinas transformaban las f&#225;bricas y las condiciones laborales. Hoy, determinados sistemas pueden realizar tareas intelectuales, intervenir en decisiones econ&#243;micas y modificar las oportunidades de millones de personas.</p><p style="text-align: justify;">&#191;Qui&#233;n disfrutar&#225; los beneficios de una mayor productividad? &#191;Qu&#233; responsabilidades existir&#225;n frente a quienes deban adaptarse a nuevas ocupaciones? &#191;C&#243;mo evitar que el poder tecnol&#243;gico quede concentrado en unas pocas manos?</p><p style="text-align: justify;">La inteligencia artificial tambi&#233;n puede generar oportunidades extraordinarias. No hay razones para asumir que sus consecuencias ser&#225;n inevitablemente negativas. Pero tampoco podemos suponer que sus beneficios se distribuir&#225;n justamente por el simple hecho de que la tecnolog&#237;a avance.</p><p style="text-align: justify;">Y hay otra preocupaci&#243;n que Le&#243;n XIV ha situado en el centro de esta discusi&#243;n: cuando los sistemas automatizados intervienen en decisiones sobre empleos, cr&#233;ditos u oportunidades, alguien debe continuar siendo responsable de sus consecuencias.</p><p style="text-align: justify;">No podemos permitir que la complejidad de una tecnolog&#237;a se convierta en una excusa para que nadie responda por las decisiones que afectan a otras personas.</p><p style="text-align: justify;">Y all&#237; reaparece la antigua inquietud de esta historia.</p><p style="text-align: justify;">Porque las m&#225;quinas pueden cambiar lo que somos capaces de producir. Lo que todav&#237;a nos corresponde decidir es c&#243;mo queremos vivir con aquello que producimos.</p><p style="text-align: justify;">Y, m&#225;s profundamente, <strong>si el valor de una persona deber&#237;a depender de lo &#250;til que resulte para la econom&#237;a</strong>.</p><h3>&#191;Qu&#233; tiene que ver Dios con la justicia social?</h3><p style="text-align: justify;">Mucho m&#225;s de lo que podr&#237;a parecer. Al menos, si atendemos a lo que la tradici&#243;n cat&#243;lica lleva siglos planteando: que amar al pr&#243;jimo no consiste &#250;nicamente en conmoverse ante su sufrimiento, sino tambi&#233;n en asumir responsabilidades frente a las condiciones que lo producen.</p><p style="text-align: justify;">No significa que la Iglesia haya inventado la justicia social, que sus representantes hayan sido siempre coherentes con sus ense&#241;anzas o que la fe tenga respuestas definitivas para los problemas de nuestras sociedades. Pero s&#237; nos recuerda que algunas de las preguntas m&#225;s profundas de la pol&#237;tica tambi&#233;n han sido formuladas desde la religi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Y quiz&#225; lo m&#225;s interesante de este recorrido sea descubrir que, detr&#225;s de discusiones sobre salarios, pobreza, riqueza o inteligencia artificial, permanece una cuesti&#243;n extraordinariamente sencilla: qu&#233; nos debemos unos a otros.</p><p style="text-align: justify;">Porque hay una diferencia entre vivir rodeados de personas dispuestas a ayudar y vivir en una sociedad donde nadie necesite depender exclusivamente de esa ayuda para que se reconozca su dignidad.</p><p style="text-align: justify;">La primera puede ser una sociedad generosa. La segunda aspira, adem&#225;s, a ser justa.</p><p style="text-align: justify;">Y es que, querido elector, <strong>la verdadera medida de la justicia quiz&#225; no est&#233; en cu&#225;nto estamos dispuestos a dar, sino en cu&#225;nto somos capaces de reconocer que nunca debi&#243; depender de nuestra generosidad.</strong></p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,<br>Valeria Mendez</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La historia no pidió permiso.]]></title><description><![CDATA[Un s&#237;mbolo, un diente, un pa&#241;uelo y una papeleta. Cuatro historias sobre el poder de quienes se negaron a aceptar que todo estaba decidido.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-historia-no-pidio-permiso</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-historia-no-pidio-permiso</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 18 Oct 2026 12:24:40 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21V7x6%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido elector:</strong></p><p>Hay algo que siempre me ha fascinado de la historia: su capacidad para hacernos creer que el mundo cambi&#243; gracias a unas pocas personas.</p><p>Nos aprendemos los nombres de presidentes, generales, emperadores y revolucionarios. Estudiamos sus decisiones, sus discursos, sus victorias y sus derrotas. Y, casi sin darnos cuenta, terminamos contando la historia como si fuera una conversaci&#243;n entre quienes ten&#237;an el poder, mientras el resto de la humanidad observaba desde la tribuna.</p><p>Pero la historia tambi&#233;n se ha escrito desde abajo. Y, en ocasiones, con una imaginaci&#243;n que los grandes estrategas habr&#237;an envidiado.</p><p>Siempre me ha intrigado ese momento en el que una inconformidad deja de pertenecerle a una persona y empieza a convertirse en una causa compartida. Cuando miles de desconocidos descubren que aquello que cre&#237;an sufrir en soledad tambi&#233;n les ocurre a otros. Y cuando esa coincidencia comienza a adquirir una fuerza que ninguna de esas personas habr&#237;a tenido por separado.</p><p>Porque una movilizaci&#243;n social no es solamente una multitud reunida en una plaza. Es la posibilidad de transformar una experiencia individual en una demanda p&#250;blica; de convertir algo que parec&#237;a inevitable en un problema que exige respuesta. A veces consigue cambiar una ley. Otras, obliga a un gobierno a reconocer lo que hab&#237;a preferido ignorar. Y algunas logran algo todav&#237;a m&#225;s dif&#237;cil: modificar la manera en que una sociedad entiende lo que considera justo, posible o aceptable.</p><p>Lo curioso es que estas transformaciones no siempre comienzan con grandes acontecimientos. A veces lo hacen con gestos peque&#241;os, objetos corrientes o ideas tan sencillas que cuesta imaginar el alcance que terminar&#225;n teniendo.</p><p>Y eso fue precisamente lo que me llev&#243; a las historias de este domingo.</p><p>Quer&#237;a entender c&#243;mo ciertas movilizaciones consiguieron atravesar las fronteras de su propio tiempo y dejar huellas que todav&#237;a reconocemos, incluso cuando hemos olvidado a las personas que las hicieron posibles.</p><p>Encontr&#233; cuatro historias en las que la creatividad y la organizaci&#243;n colectiva transformaron objetos aparentemente insignificantes en instrumentos de denuncia, resistencia y cambio pol&#237;tico.</p><p>Y mientras las le&#237;a, no pude evitar preguntarme: &#191;cu&#225;nto poder puede llegar a tener una sociedad cuando descubre que no est&#225; obligada a aceptar el mundo tal como se lo entregaron?</p><h3><strong>1. El dibujo que termin&#243; d&#225;ndole la vuelta al mundo</strong></h3><p>Si te mostrara un c&#237;rculo atravesado por tres l&#237;neas, probablemente reconocer&#237;as el s&#237;mbolo antes de terminar esta frase.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21V7x6%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V7x6!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V7x6!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V7x6!,w_1272,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V7x6!,w_1456,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg 1456w" sizes="auto, 100vw"><img src="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21V7x6%21%2Cw_1456%2Cc_limit%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg" width="1456" height="971" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:971,&quot;width&quot;:1456,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:null,&quot;alt&quot;:&quot;De d&#243;nde vino el s&#237;mbolo de la paz? &#8211; Cuba Nuestra: Historia&quot;,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:null,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:null,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="De d&#243;nde vino el s&#237;mbolo de la paz? &#8211; Cuba Nuestra: Historia" title="De d&#243;nde vino el s&#237;mbolo de la paz? &#8211; Cuba Nuestra: Historia" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V7x6!,w_424,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V7x6!,w_848,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V7x6!,w_1272,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V7x6!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7da5812b-7264-481d-9a84-4a986d0a2f43_1800x1200.jpeg 1456w" sizes="auto, 100vw" loading="lazy"></picture><div class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p>Est&#225; en camisetas, collares, pancartas y, seguramente, en alg&#250;n caj&#243;n de recuerdos de quienes todav&#237;a a&#241;oran los a&#241;os sesenta. Se lo debemos, en buena medida, a los hippies, que lo convirtieron en uno de sus emblemas. Pero, como ocurre con tantas celebridades, su historia comenz&#243; bastante antes de alcanzar la fama.</p><p>En 1958, mientras la Guerra Fr&#237;a manten&#237;a al mundo pendiente de una posible cat&#225;strofe nuclear, el artista brit&#225;nico Gerald Holtom dise&#241;&#243; un s&#237;mbolo para una marcha contra las armas nucleares. Los manifestantes recorrer&#237;an el camino entre Londres y Aldermaston, donde funcionaba un centro brit&#225;nico de investigaci&#243;n de armamento nuclear.</p><p>Holtom encontr&#243; la inspiraci&#243;n en el alfabeto sem&#225;foro, utilizado para comunicarse mediante banderas. Superpuso las se&#241;ales de las letras N y D, por <em>Nuclear Disarmament</em>, y las encerr&#243; en un c&#237;rculo.</p><p>Pero hab&#237;a algo m&#225;s. El propio Holtom explic&#243; que tambi&#233;n hab&#237;a representado una figura humana con los brazos ca&#237;dos, vencida por la desesperaci&#243;n ante la amenaza nuclear.</p><p>Un hombre desesperado, encerrado en un c&#237;rculo, termin&#243; convirti&#233;ndose en el s&#237;mbolo de quienes se negaban a resignarse.</p><p>La imagen apareci&#243; en aquella marcha de 1958. Despu&#233;s cruz&#243; el Atl&#225;ntico, acompa&#241;&#243; las protestas contra la guerra de Vietnam y fue adoptada por movimientos pacifistas de distintas generaciones.</p><p>Los hippies no la inventaron. La hicieron mundialmente famosa.</p><p>Casi setenta a&#241;os despu&#233;s, el c&#237;rculo contin&#250;a all&#237;. Las guerras, lamentablemente, tambi&#233;n.</p><h3><strong>2. La guerra nuclear y el Rat&#243;n P&#233;rez</strong></h3><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21BHzK%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F0bae3323-6a25-442f-98a3-f3e5c89cf2d6_768x341.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!BHzK!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0bae3323-6a25-442f-98a3-f3e5c89cf2d6_768x341.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!BHzK!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0bae3323-6a25-442f-98a3-f3e5c89cf2d6_768x341.jpeg 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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Tambi&#233;n necesitaban probarlas.</p><p>Entre los a&#241;os cincuenta y principios de los sesenta, Estados Unidos y la Uni&#243;n Sovi&#233;tica realizaron numerosas explosiones nucleares en la atm&#243;sfera. Las part&#237;culas radiactivas pod&#237;an viajar con el viento, caer con la lluvia y terminar en los alimentos.</p><p>En St. Louis, un grupo de cient&#237;ficos y ciudadanos comenz&#243; a preocuparse por el estroncio-90, una sustancia radiactiva que pod&#237;a acumularse en los huesos y dientes de los ni&#241;os.</p><p>Pero &#191;c&#243;mo demostrar que aquellas explosiones estaban dejando huellas en sus cuerpos?</p><p>La respuesta apareci&#243; en un lugar bastante inesperado: debajo de las almohadas.</p><p>En 1958 comenz&#243; el <em>Baby Tooth Survey</em>, un proyecto que invitaba a las familias a donar los dientes de leche que sus hijos perd&#237;an naturalmente. Bajo la coordinaci&#243;n de especialistas como la m&#233;dica Louise Reiss, los dientes eran analizados para detectar estroncio-90.</p><p>Las escuelas participaron, las familias colaboraron y miles de ni&#241;os entregaron sus peque&#241;os tesoros a la ciencia. Algunos recib&#237;an a cambio una insignia que anunciaba, orgullosamente, que hab&#237;an donado un diente.</p><p>La campa&#241;a acabar&#237;a reuniendo m&#225;s de 300.000 piezas dentales.</p><p>Los resultados publicados en 1961 mostraron un aumento del estroncio-90 en los dientes de ni&#241;os nacidos durante los a&#241;os de las pruebas nucleares. Aquellas explosiones, realizadas a miles de kil&#243;metros, estaban dejando rastros en sus cuerpos.</p><p>En 1963, Estados Unidos, la Uni&#243;n Sovi&#233;tica y el Reino Unido firmaron el Tratado de Prohibici&#243;n Parcial de Ensayos Nucleares, que prohibi&#243; las pruebas en la atm&#243;sfera, el espacio exterior y bajo el agua. El acuerdo respondi&#243; a m&#250;ltiples presiones cient&#237;ficas, diplom&#225;ticas y sociales, entre ellas la evidencia reunida en St. Louis.</p><p>La carrera nuclear no termin&#243;. Pero algunas de sus pr&#225;cticas m&#225;s peligrosas comenzaron a quedar restringidas.</p><p>Y pensar que, mientras los gobiernos calculaban el equilibrio del terror, miles de ni&#241;os contribu&#237;an al debate entregando algo que estaban a punto de perder de todas maneras.</p><h3><strong>3. El pa&#241;uelo que nadie consigui&#243; hacer desaparecer</strong></h3><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21JpAE%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JpAE!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JpAE!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JpAE!,w_1272,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JpAE!,w_1456,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png 1456w" sizes="auto, 100vw"><img src="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21JpAE%21%2Cw_1456%2Cc_limit%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png" width="728" height="347.64725457570717" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/cd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:287,&quot;width&quot;:601,&quot;resizeWidth&quot;:728,&quot;bytes&quot;:235632,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:null,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JpAE!,w_424,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JpAE!,w_848,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JpAE!,w_1272,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JpAE!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd77a8e5-8a43-4437-a1aa-9550213364c3_601x287.png 1456w" sizes="auto, 100vw" loading="lazy"></picture><div class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p>Buenos Aires, 1977.</p><p>La dictadura militar argentina llevaba poco m&#225;s de un a&#241;o en el poder. Miles de personas hab&#237;an sido secuestradas y desaparecidas, y sus familias recorr&#237;an comisar&#237;as, hospitales y juzgados buscando respuestas que casi nunca llegaban.</p><p>Entre ellas hab&#237;a madres que no se conoc&#237;an, pero repet&#237;an las mismas preguntas.</p><p>&#191;D&#243;nde est&#225; mi hijo? &#191;Qui&#233;n se lo llev&#243;? &#191;Por qu&#233; nadie responde?</p><p>El 30 de abril de 1977, un grupo comenz&#243; a reunirse frente a la Casa Rosada. Como las autoridades no permit&#237;an las concentraciones, las mujeres empezaron a caminar alrededor de la Pir&#225;mide de Mayo.</p><p>Meses despu&#233;s decidieron participar en una peregrinaci&#243;n religiosa a Luj&#225;n. All&#237; surgi&#243; un problema pr&#225;ctico: &#191;c&#243;mo reconocerse entre miles de peregrinos?</p><p>La soluci&#243;n estaba guardada en sus propias casas.</p><p>Algunas conservaban pa&#241;ales de tela de sus hijos y decidieron utilizarlos sobre la cabeza para distinguirse entre la multitud.</p><p>En octubre de 1977 naci&#243; as&#237; el pa&#241;uelo blanco.</p><p>Un objeto que hab&#237;a servido para cuidar a sus hijos se convirti&#243; en la manera de identificarse mientras los buscaban.</p><p>Con el tiempo, los pa&#241;uelos comenzaron a llevar los nombres de las personas desaparecidas. Las rondas continuaron cada jueves, al igual que las amenazas y la persecuci&#243;n. En diciembre de 1977, Azucena Villaflor, una de las fundadoras, fue secuestrada. Su cuerpo ser&#237;a identificado d&#233;cadas despu&#233;s.</p><p>La dictadura termin&#243; en 1983. La b&#250;squeda de verdad y justicia, no.</p><p>Los pa&#241;uelos siguieron apareciendo en plazas, marchas y fotograf&#237;as, mucho despu&#233;s de que los responsables de aquel r&#233;gimen abandonaran los despachos que hab&#237;an ocupado.</p><p>Lo que comenz&#243; como una manera de encontrarse entre la multitud termin&#243; convirti&#233;ndose en un s&#237;mbolo reconocido mucho m&#225;s all&#225; de las fronteras argentinas.</p><p>Y todav&#237;a hoy, cuando aparece un pa&#241;uelo blanco, no hace falta explicar demasiado qu&#233; ausencia representa.</p><h3><strong>4. El voto que no figuraba en las elecciones</strong></h3><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%2127vF%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F250c0bdc-046e-4c60-83a0-ea5f0af7d3e8_1279x672.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!27vF!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F250c0bdc-046e-4c60-83a0-ea5f0af7d3e8_1279x672.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!27vF!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F250c0bdc-046e-4c60-83a0-ea5f0af7d3e8_1279x672.png 848w, 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fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 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Los ciudadanos recibir&#237;an seis papeletas oficiales. Un movimiento universitario propuso introducir una s&#233;ptima, elaborada por la ciudadan&#237;a, para pedir una Asamblea Constituyente.</p><p>No estaba autorizada como voto oficial. La Registradur&#237;a no ten&#237;a obligaci&#243;n de contarla.</p><p>Pero los estudiantes decidieron impulsarla de todos modos.</p><p>La iniciativa circul&#243; por universidades y medios de comunicaci&#243;n. Algunos peri&#243;dicos publicaron papeletas que los ciudadanos pod&#237;an recortar y llevar a las urnas.</p><p>Aquel d&#237;a, numerosas personas depositaron la papeleta adicional. Se calcula que fueron alrededor de dos millones, aunque la cifra nunca pudo verificarse mediante un conteo oficial.</p><p>Dos meses despu&#233;s, el 27 de mayo, la propuesta lleg&#243; a las urnas mediante una consulta reconocida institucionalmente. Esta vez los votos s&#237; se contaron: 5.236.863 colombianos respaldaron la convocatoria de una Asamblea Constituyente, frente a 230.080 que votaron en contra.</p><p>A finales de ese a&#241;o fueron elegidos los integrantes de la Asamblea y, el 4 de julio de 1991, Colombia promulg&#243; una nueva Constituci&#243;n, que ampli&#243; el reconocimiento de derechos e incorpor&#243; mecanismos como la acci&#243;n de tutela.</p><p>La transformaci&#243;n no fue obra exclusiva del movimiento estudiantil. Tambi&#233;n intervinieron negociaciones pol&#237;ticas, decisiones gubernamentales y pronunciamientos judiciales. Pero aquella iniciativa hab&#237;a ayudado a abrir un camino institucional que parec&#237;a cerrado.</p><p>Resulta dif&#237;cil encontrar una iron&#237;a m&#225;s apropiada para la historia constitucional: para cambiar las reglas del juego, primero hubo que introducir una papeleta que no estaba contemplada en ellas.</p><h3>La &#250;ltima palabra</h3><p>Curiosa costumbre la nuestra: recordar a quienes ejercieron el poder y olvidar a quienes consiguieron ponerlo en cuesti&#243;n.</p><p>Al comenzar esta columna me preguntaba cu&#225;nto poder puede llegar a tener una sociedad cuando descubre que no est&#225; obligada a aceptar el mundo tal como se lo entregaron.</p><p>Y creo que la respuesta est&#225; en algo que solemos confundir: el poder no consiste &#250;nicamente en tomar decisiones. Tambi&#233;n consiste en determinar qu&#233; puede discutirse, qu&#233; puede cuestionarse y qu&#233; puede seguir toler&#225;ndose.</p><p>Durante mucho tiempo, decisiones que hoy nos parecer&#237;an inaceptables fueron consideradas perfectamente normales. No necesariamente porque fueran justas, sino porque quienes las padec&#237;an carec&#237;an de los medios para cuestionarlas. Hasta que ciertas voces consiguieron convertir una experiencia individual en una causa colectiva, y lo que antes parec&#237;a inevitable comenz&#243; a perder su legitimidad.</p><p>Por supuesto, no todas las movilizaciones triunfan. Algunas apenas consiguen abrir una discusi&#243;n que otros continuar&#225;n d&#233;cadas despu&#233;s. Pero incluso entonces pueden alterar algo fundamental: los l&#237;mites de lo que una sociedad est&#225; dispuesta a aceptar.</p><p>Y quiz&#225;s esa sea una de las formas m&#225;s profundas del poder colectivo. No la capacidad de imponer siempre una decisi&#243;n, sino la de conseguir que determinadas decisiones ya no puedan justificarse, ocultarse o tomarse con la misma facilidad.</p><p>Porque, despu&#233;s de todo, la historia no cambia solamente cuando quienes gobiernan deciden hacer algo diferente. Tambi&#233;n cambia cuando quienes son gobernados consiguen que seguir haciendo lo mismo deje de ser una opci&#243;n.</p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;"><strong>Valeria Mendez</strong></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Se busca soldado. No se requiere experiencia.]]></title><description><![CDATA[Sobre la guerra, el mercado de reclutas y las vidas que alguien decidi&#243; que eran disponibles.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/se-busca-soldado-no-se-requiere-experiencia</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/se-busca-soldado-no-se-requiere-experiencia</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 04 Oct 2026 13:48:45 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21nCHe%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F363e770d-fc22-4997-a020-a9b0889093ab_896x802.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido elector:</strong></p><p>Hay temas que una elige y temas que la eligen a una. Este, lamentablemente, pertenece a la segunda categor&#237;a.</p><p>Llevo meses leyendo sobre &#233;l m&#225;s de lo que la prudencia recomienda y, adem&#225;s, me ha tocado muy de cerca. Hay historias que no le pertenecen a esta columna, aunque esta columna no consiga dejar de escribir sobre ellas. Considera estas l&#237;neas, pues, una peque&#241;a catarsis. Con notas al pie.</p><p>Porque si existe algo m&#225;s pol&#237;tico que una guerra, esta autora todav&#237;a no ha tenido el disgusto de conocerlo.</p><p>En una guerra coincide, a la misma hora y en el mismo lugar, todo lo que esta columna suele analizar por separado. El poder y el territorio. Las fronteras y la pobreza. El nacionalismo, del brazo de su eterno acompa&#241;ante, el dinero. Los derechos humanos, que siempre llegan tarde. La diplomacia, que siempre se retira temprano. La geopol&#237;tica, en suma, en su estado m&#225;s maquiav&#233;lico: ese en el que el fin justifica los medios, y los medios siempre son los cuerpos de otros.</p><p>Hablemos, entonces, de la guerra.</p><p>De una en particular: la de Rusia y Ucrania, que es la que me ha atravesado de una forma que va mucho m&#225;s all&#225; de lo le&#237;do, y la que todav&#237;a no consigo digerir. Pero no te dejes enga&#241;ar por el escenario. Esta no es una columna sobre Mosc&#250; ni sobre Kiev. Es una columna sobre qu&#233; es una guerra, c&#243;mo funciona, hasta d&#243;nde llega y, sobre todo, qui&#233;n termina dentro de ella.</p><p>Porque ha ocurrido algo que me tiene con los pelos de punta.</p><p>A una guerra que se libra a orillas del Dni&#233;per est&#225;n llegando invitados que nadie esperaba.</p><p>Colombianos.</p><p>Peruanos.</p><p>Cubanos.</p><p>Indios.</p><p>Nepal&#237;es.</p><p>Esrilanqueses.</p><p>Y una lista de nacionalidades que ya suma 136 pa&#237;ses y que, a estas alturas, se parece m&#225;s a la de una asamblea de Naciones Unidas que a la de un ej&#233;rcito.</p><p>Algunos llegan sabiendo perfectamente a qu&#233; van. Otros son exmilitares que encontraron en la guerra el sueldo que su propio pa&#237;s nunca les ofreci&#243;. Otros juran que firmaron para cocinar, conducir o vigilar un almac&#233;n, y despertaron con un uniforme puesto. Y hay casos m&#225;s oscuros todav&#237;a, de esos que se cuentan en voz baja: contratos en un idioma incomprensible, pasaportes que desaparecen, vuelos de regreso que nunca existieron.</p><p>La tentaci&#243;n, querido elector, es llamarlos a todos mercenarios. Es una palabra muy c&#243;moda: ordena el mundo y nos exime de seguir preguntando.</p><p>Yo tambi&#233;n ced&#237; a ella.</p><p>Hasta que descubr&#237; que ni siquiera Naciones Unidas sabe muy bien c&#243;mo llamarlos.</p><p>En marzo, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre mercenarios visit&#243; Colombia por primera vez. Durante casi dos semanas se reuni&#243; con autoridades y familias en Bogot&#225;, Cali y Medell&#237;n, y regres&#243; con una confesi&#243;n de lo m&#225;s elegante: con la informaci&#243;n disponible, resulta muy dif&#237;cil distinguir qui&#233;n se fue como voluntario, qui&#233;n como contratista y qui&#233;n es, en sentido estricto, un mercenario.</p><p>Lo que s&#237; se atrevi&#243; a ofrecer fue una cifra. M&#225;s de 10.000 colombianos podr&#237;an haber sido reclutados en el exterior en los &#250;ltimos once a&#241;os.</p><p>Diez mil. L&#233;elo despacio.</p><p>No todos est&#225;n en Ucrania. Los hay en Rusia, en Sud&#225;n, en Yemen, en el Congo. Muchos son exmilitares o expolic&#237;as a quienes se les ofrecen entre 2.000 y 6.000 d&#243;lares al mes, una suma casi obscena al lado de una pensi&#243;n de retiro que en Colombia no pasa de los 500. Pero much&#237;simos otros no hab&#237;an empu&#241;ado un arma en su vida: j&#243;venes comunes de pa&#237;ses pobres y desiguales que salieron a buscar con qu&#233; vivir y terminaron en una trinchera sin ninguna experiencia. Y la invitaci&#243;n no llega en sobre lacrado, sino por Facebook, por TikTok, por WhatsApp. O, m&#225;s discretamente, a trav&#233;s de un antiguo compa&#241;ero que escribe desde lejos para contar que all&#225;, querido, pagan muy bien.</p><p>Lo que ese amigo no suele mencionar es su propia tarifa.</p><p>Lo supe de la manera menos acad&#233;mica posible: hablando con quienes estuvieron all&#225;. Lo vi con mis propios ojos. Y en esas conversaciones apareci&#243; una cifra que todav&#237;a no consigo quitarme de la cabeza. Quien recluta gana entre 10.000 y 20.000 d&#243;lares por cada persona que logra enviar. No por pelear. No por arriesgar nada. Por enviar a otro.</p><p>Hagamos, entonces, la cuenta. El reclutador cobra por entregarlo. La guerra lo recibe. Y el hombre, que era el &#250;nico que se hab&#237;a ido a buscar dinero, muchas veces es el &#250;nico que se queda sin &#233;l. Si es que vuelve.</p><p>Un negocio redondo. De esos en los que todos ganan, salvo la mercanc&#237;a. Y cuando una persona empieza a funcionar como mercanc&#237;a, ya no estamos hablando de empleo. Estamos rozando la trata de personas.</p><p>Porque cuando a una persona le ponen precio de traslado, ya no viaja. La env&#237;an.</p><p>Y como todo negocio que se respete, este tampoco conoce fronteras.</p><p>Mientras tanto, m&#225;s de 600 familias colombianas buscan a alguien.</p><p>Y no somos, ni de lejos, los &#250;nicos invitados. Seg&#250;n un informe presentado en abril por la Federaci&#243;n Internacional de Derechos Humanos y organizaciones ucranianas, el contingente m&#225;s numeroso viene de Asia Central: m&#225;s de 10.000 hombres de pa&#237;ses como Uzbekist&#225;n y Tayikist&#225;n. Le siguen &#193;frica, con entre 1.700 y 4.000; el sur de Asia, con unos 1.800; y Am&#233;rica Latina, con una estimaci&#243;n que va de 1.000 a 8.000. Las cifras provienen sobre todo de fuentes ucranianas, as&#237; que conviene tomar los n&#250;meros exactos con cautela. Lo que no est&#225; en duda es el patr&#243;n, que confirman organizaciones independientes y los propios gobiernos afectados: Rusia recluta all&#237; donde hay pobreza, sin importar el continente.</p><p>Uno pensar&#237;a que Rusia y Ucrania quedan lejos. En los mapas, as&#237; es.</p><p>Pero los mapas, como ciertos caballeros, no siempre dicen toda la verdad.</p><p>De pronto aparece un colombiano en una trinchera ucraniana. Un nepal&#237; con uniforme ruso. Un indio que viaj&#243; por una oferta de empleo y termin&#243; en el frente. Nepal prohibiendo a sus ciudadanos viajar a trabajar a Rusia o a Ucrania. India solicit&#225;ndole a Mosc&#250;, con toda la cortes&#237;a que exige el protocolo, que tenga la amabilidad de devolverle a los suyos. Sri Lanka protestando ante el Kremlin.</p><p>Y la distancia, querido elector, empieza a volverse un concepto francamente sospechoso.</p><p>Las historias que cuentan las familias se parecen demasiado entre s&#237; como para ser casualidad. Enga&#241;os. Pagos que nunca llegan. Contratos que se incumplen con una puntualidad que ya quisieran los pagos. Condiciones que nadie habr&#237;a aceptado de haberlas le&#237;do antes.</p><p>Les ofrecieron una salida: escapar de la pobreza en pa&#237;ses tan desiguales como los nuestros. Les entregaron, en cambio, un lugar en la primera l&#237;nea.</p><p>Se fueron buscando una vida mejor. La est&#225;n pagando con sangre.</p><p>&#191;Se le puede llamar elecci&#243;n a firmar por una guerra ajena cuando es la &#250;nica oferta de trabajo que alguien te ha hecho en a&#241;os?</p><h2> Una costumbre muy antigua</h2><p>Lo que hoy pasa en Colombia, y en muchos pa&#237;ses de la regi&#243;n, parece una rareza de nuestro tiempo. No lo es, querido elector. Es apenas el cap&#237;tulo m&#225;s reciente de una costumbre muy antigua: la guerra siempre ha ido a buscar lejos a quienes ponen el cuerpo.</p><p>Durante siglos, la guerra fue un oficio que se pagaba. Diez mil griegos marcharon a pelear por un pr&#237;ncipe persa que ni siquiera era su rey; las ciudades del Renacimiento contrataban condotieros, y los papas, guardias suizos. Maquiavelo advirti&#243; que el mercenario era in&#250;til y peligroso, porque nadie est&#225; dispuesto a morir por un salario. Habr&#237;a que avisarle que hoy se muere, precisamente, por uno.</p><p>En 1793, la Revoluci&#243;n Francesa invent&#243; algo distinto: la <em>lev&#233;e en masse</em>. Es decir, el reclutamiento masivo y obligatorio de los hombres j&#243;venes para defender la Rep&#250;blica de las monarqu&#237;as que la rodeaban. La guerra se nacionaliz&#243;, y morir por la patria dej&#243; de ser un empleo para convertirse en un deber.</p><p>Aunque, como todo deber que se respete, nunca se reparti&#243; parejo. En 1863, en plena Guerra Civil de Estados Unidos, quien ten&#237;a con qu&#233; pagaba para que otro fuera a morir en su lugar, y en las filas se acu&#241;&#243; una frase que resume siglos: guerra de ricos, pelea de pobres. En Vietnam, las pr&#243;rrogas universitarias protegieron a la clase media. Y en Colombia, ya sabemos c&#243;mo funciona: la libreta militar siempre ha tenido precio, y el servicio, qu&#233; casualidad, siempre lo prestan los mismos.</p><p>Y luego el mercado volvi&#243; por lo suyo. Los Estados descubrieron que tercerizar la guerra ten&#237;a una ventaja enorme: los muertos no aparec&#237;an en las cifras oficiales, y los errores tampoco. Blackwater, contratista de Washington en Irak, se hizo famosa en 2007, cuando sus guardias mataron a 17 civiles en una plaza de Bagdad. Wagner fue la versi&#243;n rusa, bastante menos discreta: un ej&#233;rcito privado cercano al Kremlin que pas&#243; por el Donb&#225;s, Siria y medio continente africano, y que en 2022 vaci&#243; c&#225;rceles para mandar presos a Ucrania. Ej&#233;rcitos que trabajan para el Estado y que el Estado, llegado el caso, siempre puede negar.</p><p>Pasamos del mercenario al ciudadano-soldado, y de vuelta al mercenario. Y eso, exactamente, es lo que hoy estamos viendo en nuestro pa&#237;s. Los colombianos que terminan en una trinchera ucraniana son, en el fondo, aquellos sustitutos de la Guerra Civil estadounidense: hombres pagados para morir en lugar de otro. Solo que hoy quien paga no es un vecino rico de Nueva York, sino un Estado entero que prefiere no mandar a sus propios hijos.</p><p>Pero esta guerra no solo nos cobra en reclutas. Colombia importa el 75 % de los fertilizantes que usa su campo, y antes de la invasi&#243;n casi la mitad de la urea ven&#237;a de Rusia y de Ucrania. Cuando empez&#243; la guerra, la tonelada pas&#243; de 350 a 600 d&#243;lares en un a&#241;o, y de ah&#237; a la papa, al arroz y a la tienda de la esquina. En 2022, la inflaci&#243;n cerr&#243; en 13,12 %, la m&#225;s alta desde 1999. Una parte de esa cifra llevaba acento ruso.</p><p>Y la cuenta sigue abierta. En agosto, los ataques a los puertos del mar Negro llevaron el trigo a su precio m&#225;s alto en tres a&#241;os, y esta semana Turqu&#237;a y la ONU intentan negociar una tregua mar&#237;tima. No porque la paz est&#233; cerca, sino porque el precio del pan se volvi&#243; un problema demasiado grande para ignorarlo.</p><p>Es el viejo dilema de los ca&#241;ones o la mantequilla, con una variante cruel: los pa&#237;ses pobres pagan esta guerra dos veces. Con la mantequilla que se encarece y con los hombres que exportan para disparar los ca&#241;ones.</p><h2> La pol&#237;tica de comprar soldados</h2><p>La pregunta obvia es por qu&#233; una potencia con m&#225;s de 140 millones de habitantes necesita ir a buscar soldados a Medell&#237;n.</p><p>La respuesta es pol&#237;tica antes que militar. Esta es una guerra de desgaste, de las que se avanzan por metros y se pagan en hombres. Y Rusia ya prob&#243; lo que cuesta ped&#237;rselos a los suyos: en septiembre de 2022 orden&#243; una movilizaci&#243;n parcial, y cientos de miles de rusos prefirieron hacer las maletas antes que ir al frente. El Kremlin tom&#243; nota. Desde entonces ha evitado repetir la jugada.</p><p>As&#237; que, en lugar de reclutar a los hijos de Mosc&#250;, decidi&#243; comprar los de otros. Primero con bonificaciones generosas en sus regiones m&#225;s pobres. Despu&#233;s con las c&#225;rceles. Y finalmente, cuando eso tampoco alcanz&#243;, con el mundo entero. Entre septiembre de 2025 y febrero de 2026, el n&#250;mero de combatientes extranjeros creci&#243; m&#225;s de un 30 %, y la inteligencia ucraniana asegura que Mosc&#250; planea sumar 18.500 m&#225;s antes de que termine este a&#241;o. Muchos llegan al frente tras apenas dos semanas de entrenamiento.</p><p>Max Weber defini&#243; al Estado como la comunidad que reclama con &#233;xito el monopolio de la violencia leg&#237;tima. Era una definici&#243;n elegante. Hoy suena casi nost&#225;lgica. Cuando la violencia se puede tercerizar, el Estado ya no necesita convencer a sus ciudadanos de morir por algo. Le basta con pagarle a alguien que no es ciudadano de nada que le importe.</p><p>Y el derecho, como siempre, llega tarde y con agujeros. El Protocolo I de los Convenios de Ginebra define al mercenario con una lista de requisitos, y uno de ellos es no pertenecer a las fuerzas armadas de ninguna de las partes. Basta, entonces, con darle al extranjero un contrato y un uniforme para que deje de ser mercenario y pase a ser, sencillamente, un soldado. No sorprende que ni Naciones Unidas sepa muy bien c&#243;mo llamarlos.</p><p>Los pa&#237;ses que han querido frenar esto tampoco lo han tenido f&#225;cil, pero la diferencia entre intentarlo y no intentarlo es enorme. Kenia reconoci&#243; a cientos de reclutados, cerr&#243; m&#225;s de 600 agencias de empleo, repatri&#243; a decenas y mand&#243; a su canciller a Mosc&#250;; volvi&#243; con la promesa rusa de dejar de reclutar kenianos. Nepal, como ya vimos, directamente cerr&#243; la puerta. Cuba eligi&#243; una salida m&#225;s c&#243;moda: detuvo a una red de reclutadores, pero su embajador en Mosc&#250; aclar&#243; que La Habana no ten&#237;a nada en contra de los cubanos que firmaran legalmente con el ej&#233;rcito ruso. El canciller lo desminti&#243; horas despu&#233;s, pero el mensaje ya estaba dado: el enga&#241;o era un delito; enlistarse, una decisi&#243;n personal. La forma m&#225;s elegante, querido elector, de lavarse las manos. Colombia, en cambio, apenas empieza: en septiembre la Canciller&#237;a pidi&#243; formalmente a ambos pa&#237;ses detener el reclutamiento, y este a&#241;o el pa&#237;s ratific&#243; la convenci&#243;n de la ONU contra el mercenarismo, pero los delitos para castigar a los reclutadores siguen en tr&#225;mite y ni siquiera existe una cifra oficial de cu&#225;ntos colombianos se han ido.</p><p>La lecci&#243;n es inc&#243;moda, pero clara. Lo que frena este negocio no son los comunicados. Es el costo pol&#237;tico. Y mientras a nuestros gobiernos les cueste poco que un colombiano aparezca muerto en una trinchera ajena, a Rusia le seguir&#225; saliendo muy barato reclutarlo.</p><h2> La contabilidad de la muerte</h2><p>Toda guerra es tambi&#233;n un balance contable. Y como en todo balance, hay quien cobra y hay quien paga.</p><p>En Rusia, la guerra se volvi&#243; un ingreso para las familias m&#225;s pobres. El economista Vladislav Inozemtsev le puso nombre: <em>smertonomika</em>, la econom&#237;a de la muerte. Las bonificaciones por enlistarse y las indemnizaciones por morir son tan altas que, en regiones como Buriatia o Tuv&#225;, un hijo muerto en el frente puede dejarle a su familia m&#225;s dinero del que habr&#237;a ganado trabajando hasta los sesenta a&#241;os. Es un c&#225;lculo atroz. Pero es un c&#225;lculo que se cumple.</p><p>Para los extranjeros, ese mismo c&#225;lculo es apenas una promesa.</p><p>Y lo m&#225;s ir&#243;nico es que, en el papel, la promesa existe. La Federaci&#243;n Internacional de Derechos Humanos revis&#243; los contratos y encontr&#243; que los que firman los extranjeros son id&#233;nticos a los de los soldados rusos: mismo sueldo, mismos beneficios, mismo estatus de veterano. El problema nunca fue el papel.</p><p>Amnist&#237;a Internacional document&#243; lo que ocurre despu&#233;s de firmarlo. A muchos les prometieron sueldos y bonificaciones que jam&#225;s llegaron. Algunos recibieron pagos parciales antes de caer prisioneros; muchos no recibieron absolutamente nada. Seg&#250;n una investigaci&#243;n period&#237;stica citada en el informe, a algunos reclutas incluso los presionaron para firmar un poder notarial, y el resultado fue que nunca vieron un solo pago.</p><p>Con los muertos, la cuenta es todav&#237;a m&#225;s cruel. Un funcionario ucraniano que dirige el programa para soldados rusos que quieren rendirse lo resumi&#243; con una frialdad que estremece: la muerte de un extranjero no provoca ninguna reacci&#243;n en la sociedad rusa, y en la mayor&#237;a de los casos su familia nunca recibe la indemnizaci&#243;n que le correspond&#237;a.</p><p>Ah&#237; est&#225; toda la diferencia, querido elector. El ruso pobre muere cobrando. El extranjero pobre muere fiado. Y a nadie, en ninguna parte, le pasan la cuenta.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21nCHe%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F363e770d-fc22-4997-a020-a9b0889093ab_896x802.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!nCHe!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F363e770d-fc22-4997-a020-a9b0889093ab_896x802.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!nCHe!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F363e770d-fc22-4997-a020-a9b0889093ab_896x802.jpeg 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h2>Las vidas disponibles</h2><p>Hay algo en estas historias que a cualquier colombiano deber&#237;a resultarle terriblemente familiar.</p><p>Un joven pobre. Una oferta de trabajo. Un viaje. Y nunca m&#225;s.</p><p>En 2008, las madres de Soacha empezaron a buscar a sus hijos. Les hab&#237;an ofrecido empleo lejos de casa, y aparecieron muertos, presentados como guerrilleros dados de baja en combate. La Jurisdicci&#243;n Especial para la Paz estableci&#243; que entre 2002 y 2008 hubo al menos 6.402 v&#237;ctimas de esas ejecuciones.</p><p>No es el mismo crimen. Pero es el mismo anzuelo, y la misma idea de fondo: hay vidas que una maquinaria de guerra considera disponibles.</p><p>Y esa idea, la de las vidas disponibles, es quiz&#225;s la verdad m&#225;s inc&#243;moda de cualquier guerra.</p><p>Solemos imaginar que en una guerra todos ponen algo. No es as&#237;. Las guerras tienen una jerarqu&#237;a tan precisa como la de cualquier sal&#243;n de baile: hay quienes deciden, quienes financian, quienes opinan desde lejos. Y hay quienes mueren. Rara vez son las mismas personas.</p><p>La fil&#243;sofa Judith Butler se hizo una pregunta que deber&#237;a incomodarnos a todos: &#191;qu&#233; vidas merecen ser lloradas? Su respuesta es que no todas. Hay muertos que abren noticieros, que reciben homenajes, minutos de silencio y monumentos. Y hay muertos que no aparecen en ninguna cifra oficial, porque nadie se tom&#243; la molestia de contarlos. La muerte de un joven de Mosc&#250; ser&#237;a un esc&#225;ndalo pol&#237;tico. La de un alba&#241;il de Nepal, un cocinero de Cali o un expolic&#237;a de Lima es, con suerte, una nota al pie.</p><p>El fil&#243;sofo camerun&#233;s Achille Mbembe le dio a esto un nombre: necropol&#237;tica, el poder de decidir qui&#233;n puede vivir y qui&#233;n debe morir. La guerra moderna ya casi no necesita obligar a nadie. Le basta con encontrar a quienes se quedaron sin alternativas y ofrecerles una. La pobreza hace el reclutamiento. La desigualdad firma el contrato. La guerra solo pone la trinchera.</p><p>Por eso la pregunta de si eligieron ir nunca tuvo una respuesta limpia. La vulnerabilidad no obliga a nadie a firmar. Solo se asegura de que firmar parezca lo m&#225;s razonable.</p><p>En 1940, con Europa ya en guerra, Simone Weil escribi&#243; que la fuerza tiene la capacidad de convertir a un ser humano en una cosa. M&#225;s de ochenta a&#241;os despu&#233;s, esa conversi&#243;n tiene tarifa, agencia de empleo y grupo de WhatsApp.</p><p>Y, sin embargo, cada uno de esos hombres ten&#237;a un nombre. Una madre que todav&#237;a revisa el tel&#233;fono por si acaso. Un hijo que pregunta cu&#225;ndo vuelve. Una vida que para alguien era insustituible, aunque para la maquinaria no fuera m&#225;s que una baja que reponer.</p><p>Quiz&#225;s esa sea la &#250;nica forma honesta de terminar una carta sobre la guerra: recordando que las guerras se cuentan en miles, pero se sufren de a uno.</p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;"><strong>Valeria Mendez</strong></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Sí, soy colombiana. No, no conozco a Pablo Escobar.]]></title><description><![CDATA[Sobre el narcotr&#225;fico, las historias que nos persiguen y el precio de intentar dejarlas atr&#225;s.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/si-soy-colombiana-no-no-conozco-a</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/si-soy-colombiana-no-no-conozco-a</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 20 Sep 2026 14:33:37 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21fAtf%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F1be74c36-1742-4583-b48c-54bc5ac54b56_1200x1600.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido elector:</strong></p><p>Hay una conversaci&#243;n que se repite con una frecuencia casi admirable cuando eres colombiana y est&#225;s fuera de Colombia.</p><p>&#8212;&#191;De d&#243;nde eres?</p><p>&#8212;De Colombia.</p><p>Y entonces sucede.</p><p><strong>Pablo Escobar.</strong></p><p>A veces acompa&#241;ado de una pregunta sobre la coca&#237;na, una imitaci&#243;n del acento paisa o una confesi&#243;n entusiasta sobre lo mucho que a tu interlocutor le gust&#243; <em>Narcos</em>.</p><p>Y t&#250;, que simplemente estabas intentando tener una conversaci&#243;n normal, descubres que acabas de convertirte en una especie de embajadora no remunerada, encargada de responder por la vida y obra de un hombre que muri&#243; antes de que nacieras.</p><p>Con el tiempo, una aprende a responder. A veces te r&#237;es. Otras, aprovechas para hablar de nuestra m&#250;sica, de las ciudades o de lo incre&#237;ble que ser&#237;a que esa persona visitara Colombia. Si la conversaci&#243;n se alarga lo suficiente, probablemente termines organiz&#225;ndole un itinerario completo para sus pr&#243;ximas vacaciones.</p><p>Y, cuando te das cuenta, llevas diez minutos hablando de Pablo Escobar.</p><p>Bueno, m&#225;s exactamente, llevas diez minutos intentando hablar de cualquier otra cosa.</p><p>Ahora imaginemos, por un segundo, que esa conversaci&#243;n no ocurre entre dos personas, sino entre dos gobiernos.</p><p>Que ya no se trata de explicar qui&#233;n eres, sino de negociar recursos, definir prioridades de seguridad, establecer acuerdos de cooperaci&#243;n y demostrar qu&#233; est&#225;s haciendo para enfrentar un problema que lleva d&#233;cadas atravesando tu historia.</p><p>Porque si a m&#237; me cuesta diez minutos conseguir que alguien deje de hablar de Pablo Escobar, imag&#237;nense lo que significa para un pa&#237;s cuya relaci&#243;n con el mundo ha estado profundamente marcada por el narcotr&#225;fico.</p><p>Y aqu&#237; la cuesti&#243;n deja de ser una an&#233;cdota sobre prejuicios.</p><p>Porque, en el escenario pol&#237;tico, el narcotr&#225;fico no es simplemente una historia que alguien insiste en recordar. Es un problema que contin&#250;a ocupando un lugar central en las decisiones de nuestros gobiernos, en las relaciones internacionales y en las prioridades que establecemos como sociedad.</p><p>Lo interesante es que, cuando un problema adquiere semejante importancia, tambi&#233;n termina influyendo en las respuestas que estamos dispuestos a adoptar para enfrentarlo.</p><p>Y esas respuestas pueden llegar bastante m&#225;s lejos de lo que imaginamos cuando pensamos en una conversaci&#243;n sobre Pablo Escobar.</p><h3>Una guerra que tambi&#233;n se negocia en otro idioma</h3><p>La coca&#237;na tiene una cadena de producci&#243;n y comercializaci&#243;n que atraviesa fronteras. La coca puede cultivarse en una finca colombiana, transformarse en laboratorios clandestinos, circular mediante organizaciones que operan en distintos pa&#237;ses y terminar siendo consumida a miles de kil&#243;metros del lugar donde comenz&#243; su producci&#243;n.</p><p>Sin embargo, las consecuencias de ese negocio no se distribuyen de la misma manera entre todos los pa&#237;ses involucrados. Tampoco sus responsabilidades, sus recursos ni sus prioridades al momento de enfrentarlo.</p><p>Y aqu&#237; es donde la historia comienza a complicarse.</p><p>Porque cuando un problema interno se convierte tambi&#233;n en un asunto de inter&#233;s para otros gobiernos, la discusi&#243;n deja de ser &#250;nicamente qu&#233; necesita hacer un pa&#237;s para resolverlo. Tambi&#233;n entra en juego qui&#233;n participa en la definici&#243;n del problema, qu&#233; resultados se esperan y cu&#225;nto margen tiene cada gobierno para decidir c&#243;mo alcanzarlos.</p><p>Pensemos en el Plan Colombia.</p><p>A finales de los a&#241;os noventa, Colombia y Estados Unidos pusieron en marcha una estrategia de cooperaci&#243;n destinada a enfrentar el narcotr&#225;fico, fortalecer las capacidades del Estado colombiano y atender otros desaf&#237;os relacionados con la seguridad y el desarrollo.</p><p>El programa incluy&#243; recursos econ&#243;micos, equipamiento, formaci&#243;n y apoyo a operaciones de seguridad, erradicaci&#243;n de cultivos y desarrollo alternativo.</p><p>Seg&#250;n la Oficina de Rendici&#243;n de Cuentas del Gobierno estadounidense (GAO), el organismo encargado de auditar y evaluar la actuaci&#243;n de las instituciones federales, Estados Unidos destin&#243; m&#225;s de 10.000 millones de d&#243;lares a iniciativas de seguridad y lucha contra el narcotr&#225;fico en Colombia desde 1999, seg&#250;n su evaluaci&#243;n publicada en 2018.</p><p>En su evaluaci&#243;n de diciembre de 2018, la GAO reconoci&#243; mejoras en materia de seguridad, pero se&#241;al&#243; que la producci&#243;n estimada de coca&#237;na se hab&#237;a m&#225;s que triplicado entre 2013 y 2017. Tambi&#233;n advirti&#243; que el Gobierno estadounidense no hab&#237;a realizado una evaluaci&#243;n integral de su estrategia antidrogas en Colombia que permitiera determinar si la combinaci&#243;n de intervenciones era la m&#225;s adecuada para conseguir resultados sostenibles.</p><p>Y aqu&#237; aparece una cuesti&#243;n que rara vez discutimos cuando hablamos de cooperaci&#243;n internacional.</p><p>Colombia necesita enfrentar el narcotr&#225;fico. Estados Unidos tambi&#233;n tiene inter&#233;s en combatirlo. Pero eso no significa que las prioridades de ambos pa&#237;ses sean siempre id&#233;nticas.</p><p>Para un gobierno que busca reducir la entrada de coca&#237;na a su territorio, destruir cultivos o interceptar cargamentos puede representar un resultado relevante dentro de sus objetivos de seguridad.</p><p>Para Colombia, la discusi&#243;n tambi&#233;n involucra las condiciones econ&#243;micas de las regiones productoras, la violencia, la corrupci&#243;n, el control territorial y las posibilidades de desarrollo de las comunidades.</p><p>Un mismo problema puede requerir respuestas diferentes dependiendo de d&#243;nde se observen sus consecuencias.</p><p>Y cuando una parte importante de los recursos para enfrentarlo proviene de otro gobierno, las diferencias sobre qu&#233; hacer, c&#243;mo hacerlo y qu&#233; resultados perseguir adquieren una dimensi&#243;n pol&#237;tica.</p><p>Una cosa es combatir el narcotr&#225;fico. Otra es tener que demostrar, ante otros gobiernos, que estamos haciendo lo suficiente para combatirlo.</p><p>No son necesariamente objetivos incompatibles, pero tampoco son exactamente lo mismo.</p><p>Y aqu&#237; aparece la soberan&#237;a, una palabra que solemos asociar con fronteras, independencia y discursos presidenciales, pero que tambi&#233;n tiene una dimensi&#243;n mucho m&#225;s cotidiana: la capacidad de un Estado para definir sus prioridades y negociar las condiciones bajo las cuales intenta alcanzarlas.</p><p>Colombia ha participado activamente en la construcci&#243;n de su pol&#237;tica antidrogas. Nuestros gobiernos tambi&#233;n han definido estrategias, negociado acuerdos y perseguido sus propios objetivos mediante la cooperaci&#243;n internacional.</p><p>Pero precisamente por eso vale la pena preguntarnos c&#243;mo se han construido esas decisiones, qu&#233; intereses han coincidido, cu&#225;les han entrado en conflicto y qu&#233; consecuencias han tenido las estrategias que finalmente se adoptaron.</p><p>Porque las decisiones que se toman en una negociaci&#243;n internacional no siempre se quedan en los documentos que firman los gobiernos.</p><p>A veces terminan convirti&#233;ndose en una avioneta que sobrevuela una finca.</p><h3>Lo que una hect&#225;rea no cuenta</h3><p>Durante d&#233;cadas, una de las estrategias utilizadas en Colombia para combatir los cultivos il&#237;citos consisti&#243; en fumigarlos desde el aire con glifosato.</p><p>El glifosato es un herbicida, una sustancia qu&#237;mica utilizada para eliminar plantas. En Colombia se emple&#243; mediante avionetas que rociaban una mezcla herbicida sobre extensiones de terreno donde se cultivaba coca, la planta cuyas hojas se utilizan como materia prima para producir coca&#237;na.</p><p>La l&#243;gica era relativamente sencilla: si destruimos la planta, intervenimos sobre el primer eslab&#243;n de la cadena de producci&#243;n.</p><p>Adem&#225;s, era una intervenci&#243;n cuyos resultados pod&#237;an contabilizarse.</p><p>Hect&#225;reas erradicadas. Toneladas de coca&#237;na incautadas. Personas capturadas.</p><p>Los n&#250;meros son importantes para evaluar la actuaci&#243;n de las instituciones. El problema aparece cuando confundimos la actividad que estamos midiendo con el resultado que realmente queremos conseguir.</p><p><strong>Una hect&#225;rea erradicada nos dice que se intervino una hect&#225;rea. No nos dice cu&#225;nto se redujo el poder de las organizaciones criminales ni qu&#233; ocurri&#243; despu&#233;s en el territorio donde se realiz&#243; la intervenci&#243;n.</strong></p><p>En su evaluaci&#243;n de 2018, la GAO advirti&#243; que las agencias estadounidenses no hab&#237;an evaluado de manera consistente la eficacia de sus actividades de erradicaci&#243;n para reducir la oferta de coca&#237;na. La entidad tambi&#233;n se&#241;al&#243; que los resultados a largo plazo de estas intervenciones eran objeto de debate y que se necesitaba una evaluaci&#243;n m&#225;s completa de las distintas estrategias utilizadas.</p><p>Y aqu&#237; aparece una cuesti&#243;n que me parece fundamental.</p><p>El narcotr&#225;fico es una econom&#237;a internacional en la que participan actores con responsabilidades, ganancias y capacidades de decisi&#243;n muy diferentes.</p><p>Una familia campesina que cultiva coca no ocupa el mismo lugar dentro de esa econom&#237;a que quienes controlan las organizaciones encargadas de transformar, distribuir y comercializar la coca&#237;na.</p><p>Sin embargo, una estrategia concentrada en la erradicaci&#243;n interviene directamente sobre los territorios donde se encuentra el primer eslab&#243;n del negocio.</p><p>Podemos conseguir que un cultivo desaparezca de una fotograf&#237;a satelital sin haber modificado las condiciones que hicieron posible que apareciera all&#237;.</p><p>Y si esas condiciones permanecen, el problema puede encontrar nuevas maneras de continuar.</p><p>Pero hay algo m&#225;s.</p><p>Porque una operaci&#243;n de erradicaci&#243;n no solamente interviene sobre una actividad econ&#243;mica. Cuando se realiza mediante aspersi&#243;n a&#233;rea, tambi&#233;n introduce una sustancia qu&#237;mica en un territorio donde viven personas, existen fuentes de agua y se desarrollan otras actividades agr&#237;colas.</p><p>Debajo de aquellas avionetas no hab&#237;a solamente plantas de coca. Tambi&#233;n hab&#237;a familias, viviendas y cultivos destinados a la alimentaci&#243;n.</p><p>Y entonces la pregunta deja de ser &#250;nicamente cu&#225;ntas hect&#225;reas conseguimos erradicar.</p><p>Tambi&#233;n importa qu&#233; ocurre con las personas y el entorno sobre los que ejecutamos esas pol&#237;ticas.</p><h3>Cuando combatir un problema se convierte en otro problema de salud p&#250;blica</h3><p>En 2015, Colombia suspendi&#243; el programa de aspersi&#243;n a&#233;rea con glifosato en medio de preocupaciones por sus riesgos sanitarios. Ese mismo a&#241;o, la Agencia Internacional para la Investigaci&#243;n del C&#225;ncer, organismo de la Organizaci&#243;n Mundial de la Salud, clasific&#243; esta sustancia como <em>probablemente carcinog&#233;nica para los seres humanos</em>. Esto no significa que cualquier exposici&#243;n produzca c&#225;ncer, pero s&#237; que existen motivos para examinar sus riesgos.</p><p>Y el problema no se limitaba al c&#225;ncer. Las fumigaciones tambi&#233;n planteaban preocupaciones por sus posibles efectos sobre la salud de las comunidades, los cultivos destinados a la alimentaci&#243;n y las fuentes de agua.</p><p>En N&#243;vita, un municipio del Choc&#243;, la Personer&#237;a Municipal acudi&#243; a la justicia para reclamar la protecci&#243;n de las comunidades ind&#237;genas y afrodescendientes frente a las fumigaciones realizadas en sus territorios.</p><p>El caso lleg&#243; hasta la Corte Constitucional, que en su sentencia T-236 de 2017 encontr&#243; riesgos significativos para la salud humana y deficiencias en las medidas adoptadas para proteger a las comunidades. Tambi&#233;n cuestion&#243; que estas fueran informadas sobre decisiones ya tomadas, sin contar con mecanismos adecuados para participar en ellas.</p><p>En consecuencia, la Corte protegi&#243; sus derechos y estableci&#243; condiciones para una eventual reanudaci&#243;n del programa de aspersi&#243;n a&#233;rea.</p><p>Una pol&#237;tica destinada a combatir el narcotr&#225;fico hab&#237;a terminado planteando nuevos riesgos para la salud y el entorno de las personas que habitaban los territorios intervenidos.</p><p>Y aqu&#237; aparece una cuesti&#243;n que conecta directamente con nuestra discusi&#243;n sobre soberan&#237;a.</p><p>Mientras nos preguntamos cu&#225;nto margen tiene Colombia para definir su pol&#237;tica antidrogas frente a otros Estados, tambi&#233;n deber&#237;amos preguntarnos cu&#225;nto margen tienen sus propias comunidades para participar en las decisiones que afectan sus territorios y su salud.</p><p>Porque la autonom&#237;a de un pa&#237;s frente a otros gobiernos no garantiza, por s&#237; sola, la participaci&#243;n de sus habitantes en las decisiones que afectan sus vidas.</p><p>El caso de N&#243;vita nos lleva entonces a una pregunta que va m&#225;s all&#225; del glifosato: si una pol&#237;tica consigue erradicar los cultivos que pretend&#237;a eliminar, pero al hacerlo pone en riesgo la salud de las personas que habitan el territorio, &#191;c&#243;mo debemos evaluar sus resultados?</p><p>La respuesta depende, en buena medida, de qu&#233; entendemos por combatir eficazmente el narcotr&#225;fico.</p><h3>Cambiar la manera de entender el problema</h3><p>En 2023, Colombia adopt&#243; una Pol&#237;tica Nacional de Drogas para el periodo 2023-2033 que propone diferenciar las intervenciones dirigidas a las comunidades afectadas por las econom&#237;as il&#237;citas de aquellas orientadas a las estructuras criminales que concentran sus mayores ganancias.</p><p>El documento plantea fortalecer las alternativas econ&#243;micas y sociales de los territorios y dirigir las acciones de seguridad contra los componentes estrat&#233;gicos del negocio criminal. Son las l&#237;neas que denomina &#171;Ox&#237;geno&#187; y &#171;Asfixia&#187;.</p><p>La estrategia tambi&#233;n incorpora la protecci&#243;n ambiental, los derechos humanos y la salud p&#250;blica entre sus prioridades. Su formulaci&#243;n plantea una manera de organizar la pol&#237;tica antidrogas; sus resultados deber&#225;n examinarse a partir de lo que ocurra durante su implementaci&#243;n.</p><p>Y aqu&#237; hay algo que me parece fundamental: la manera en que definimos un problema tambi&#233;n determina qu&#233; resultados consideramos importantes y qu&#233; consecuencias estamos dispuestos a observar.</p><p>Si el objetivo es erradicar cultivos, contaremos hect&#225;reas.</p><p>Si queremos reducir la capacidad econ&#243;mica de las organizaciones criminales, necesitaremos examinar sus finanzas, sus redes y su capacidad para continuar operando.</p><p>Y si tambi&#233;n queremos comprender qu&#233; ocurre con las comunidades que viven en los territorios afectados, tendremos que observar sus condiciones de salud, sus oportunidades econ&#243;micas, su seguridad y las posibilidades que encuentran para construir un futuro diferente.</p><p>No son objetivos intercambiables. Tampoco se alcanzan necesariamente mediante las mismas intervenciones.</p><p>Y esto nos devuelve a una cuesti&#243;n que ha recorrido toda nuestra historia con el narcotr&#225;fico: &#191;qu&#233; estamos intentando resolver exactamente cuando hablamos de combatirlo?</p><p>Porque el narcotr&#225;fico no existe &#250;nicamente en las hect&#225;reas donde se cultiva coca. Tambi&#233;n est&#225; presente en las redes financieras que permiten comercializarla, en las organizaciones que ejercen control sobre determinados territorios, en la financiaci&#243;n ilegal de campa&#241;as pol&#237;ticas, en la corrupci&#243;n de las instituciones, en los mercados internacionales que sostienen su demanda y en las condiciones sociales y econ&#243;micas dentro de las cuales distintas personas participan en esa actividad.</p><p>Y mientras intentamos enfrentar esas distintas dimensiones, seguimos tomando decisiones sobre seguridad, desarrollo rural, salud p&#250;blica y cooperaci&#243;n internacional que afectan la vida de personas que ocupan lugares muy diferentes dentro de esa econom&#237;a.</p><p>Las estrategias pueden cambiar, los gobiernos pueden establecer nuevas prioridades y los indicadores pueden mostrar avances en determinados objetivos. Pero comprender qu&#233; estamos consiguiendo exige observar tambi&#233;n lo que ocurre despu&#233;s de las intervenciones y qu&#233; condiciones permanecen en los territorios donde se ejecutan.</p><p>Porque la historia de Colombia con el narcotr&#225;fico no est&#225; compuesta &#250;nicamente por las actuaciones de las organizaciones criminales. Tambi&#233;n forman parte de ella las carencias hist&#243;ricas que han favorecido la expansi&#243;n de las econom&#237;as il&#237;citas, las decisiones que nuestros gobiernos han tomado para enfrentarlas, las prioridades que hemos negociado con otros pa&#237;ses y las consecuencias que esas respuestas han producido dentro de nuestra propia sociedad.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21fAtf%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F1be74c36-1742-4583-b48c-54bc5ac54b56_1200x1600.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" 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class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p></p><h3>La conversaci&#243;n que todav&#237;a no termina</h3><p>A veces pienso que, cuando alguien me pregunta por Pablo Escobar, lo que realmente me incomoda no es escuchar su nombre. Es descubrir que, para algunas personas, una historia tan compleja puede quedar suficientemente explicada con solo mencionarlo.</p><p>Pero despu&#233;s de escribir esta columna me pregunto si nosotros tambi&#233;n hemos terminado haciendo algo parecido.</p><p>Si, en nuestro esfuerzo por combatir el narcotr&#225;fico, hemos concentrado tanto la mirada en los cultivos, las incautaciones y las capturas que, por momentos, hemos dejado de observar todo lo que ocurre alrededor.</p><p>Las familias, las econom&#237;as regionales, las instituciones, los intereses internacionales y las personas que deben vivir con las consecuencias de nuestras decisiones.</p><p>Porque hay algo particularmente inc&#243;modo en esta historia: el narcotr&#225;fico no solamente ha transformado a Colombia. Las decisiones que hemos tomado para enfrentarlo tambi&#233;n han contribuido a definir el pa&#237;s que somos hoy.</p><p>Y quiz&#225; por eso la dignidad de un pa&#237;s no se juega &#250;nicamente en c&#243;mo lo perciben desde afuera, sino tambi&#233;n en c&#243;mo trata a sus habitantes cuando decide qu&#233; problemas combatir y qu&#233; est&#225; dispuesto a sacrificar para hacerlo.</p><p>La pr&#243;xima vez que alguien me pregunte por Pablo Escobar, probablemente vuelva a re&#237;rme. Le dir&#233; que muri&#243; antes de que yo naciera, que deber&#237;a visitar Cartagena y, si insiste demasiado, quiz&#225; termine recomend&#225;ndole una serie sobre cualquier otra cosa.</p><p>Pero hay una pregunta que me gustar&#237;a que nosotros, los colombianos, nos hici&#233;ramos con la misma insistencia con la que el mundo sigue pregunt&#225;ndonos por &#233;l:</p><p>&#191;Cu&#225;nto pa&#237;s estamos dejando de ver cuando miramos a Colombia &#250;nicamente a trav&#233;s de la coca?</p><p>Porque una cosa es que alguien nos reduzca a una parte de nuestra historia.</p><p>Otra, bastante m&#225;s dif&#237;cil de reconocer, es que terminemos haciendo lo mismo con nosotros mismos.</p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;"><strong>Valeria Mendez</strong></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[No seas macho-solo]]></title><description><![CDATA[Una historia sobre supervivencia, autonom&#237;a y las mujeres que aprendieron a resolverlo todo.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/no-seas-macho-solo</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/no-seas-macho-solo</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 13 Sep 2026 15:17:48 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21TCir%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F6e2c5b64-9971-4ab6-a6ee-dc141bb950ab_736x920.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector: </strong></p><p style="text-align: justify;">Hace un par de meses viaj&#233; con mi abuela a Rep&#250;blica Dominicana. Una de sus mejores amigas, Enedys, cumpl&#237;a 70 a&#241;os y decidi&#243; celebrarlos como corresponde: con sus amigas, en un resort espectacular en medio del Caribe.</p><p style="text-align: justify;">&#201;ramos unas diez mujeres y yo. Yo, algunos cuantos a&#241;os m&#225;s joven que todas, hab&#237;a ido como acompa&#241;ante de mi abuela, pero termin&#233; sinti&#233;ndome parte de una celebraci&#243;n que ten&#237;a poco que ver &#250;nicamente con un cumplea&#241;os.</p><p style="text-align: justify;">Bailamos, tomamos vino, nos asoleamos, nos re&#237;mos much&#237;simo y hablamos de la vida. Y cuando digo de la vida, digo de esos temas que pueden separar veinte, treinta o cuarenta a&#241;os a dos mujeres y, aun as&#237;, hacer que se entiendan perfectamente: las relaciones, la maternidad, los hijos, el miedo, el trabajo, la seguridad, las decepciones, el amor.</p><p style="text-align: justify;">Hay cosas que cambian radicalmente entre generaciones. Otras, aparentemente, no tanto.</p><p style="text-align: justify;">En medio de una de esas conversaciones me dieron un consejo amoroso.</p><p style="text-align: justify;">Antes de contarlo hay un dato importante: casi todas &#8212;por lo menos el 90 %&#8212; son divorciadas. As&#237; que cuando apareci&#243; el tema de las relaciones, decidieron compartir conmigo, desde la experiencia o la inexperiencia, como ellas mismas se burlaban, la f&#243;rmula que quiz&#225;s habr&#237;a evitado algunos de sus &#8220;fracasos&#8221; sentimentales.</p><p style="text-align: justify;">El consejo era sencillo:</p><p style="text-align: justify;">No sean <strong>macho-solo</strong>.</p><p style="text-align: justify;">El t&#233;rmino, por supuesto, me pareci&#243; una genialidad.</p><p style="text-align: justify;">&#8220;Macho-solo&#8221;, seg&#250;n ellas, era esa mujer que hab&#237;a aprendido a resolverlo pr&#225;cticamente todo. La que pod&#237;a sostener al mismo tiempo el trabajo, la familia, la casa, las responsabilidades y cualquier problema que apareciera en el camino. La que dec&#237;a &#8212;y terminaba creyendo&#8212; que pod&#237;a con todo.</p><p style="text-align: justify;">Y ellas genuinamente se preguntaban si eso les hab&#237;a pasado factura en sus relaciones. Si hab&#237;an asumido tantas responsabilidades que, en alg&#250;n momento, dejaron de esperar que su pareja asumiera las suyas.</p><p style="text-align: justify;">Para llevar el punto al extremo, una de ellas puso un ejemplo que termin&#243; convirti&#233;ndose en el gran chiste del viaje: si hac&#237;a falta, hasta pod&#237;amos fingir que no &#233;ramos capaces de abrir una botella de agua para dejar que ellos lo hicieran.</p><p style="text-align: justify;">&#8220;D&#233;jenlos ser hombres&#8221;, nos dec&#237;an entre risas.</p><p style="text-align: justify;">Todas nos re&#237;amos. Much&#237;simo.</p><p style="text-align: justify;">Pero mientras avanzaba la conversaci&#243;n, ellas mismas empezaron a preguntarse de d&#243;nde hab&#237;a salido esa forma de funcionar.</p><p style="text-align: justify;">Y la respuesta, para muchas, estaba bastante cerca.</p><p style="text-align: justify;">Hab&#237;an visto a sus madres hacerlo.</p><p style="text-align: justify;">Mujeres que trabajaban, criaban, organizaban la casa, buscaban soluciones, sosten&#237;an responsabilidades y segu&#237;an adelante independientemente de qui&#233;n estuviera o dejara de estar a su lado. Para muchas, aquella hab&#237;a sido simplemente la manera en que hab&#237;an aprendido que funcionaba la vida.</p><p style="text-align: justify;">Y fue ah&#237; cuando empec&#233; a pensar que detr&#225;s de aquella broma hab&#237;a algo bastante m&#225;s grande.</p><p style="text-align: justify;">Pens&#233; en mi propia familia. Por el lado de mi mam&#225; somos much&#237;simas mujeres. Mujeres solteras, mujeres profesionales, mujeres que han conseguido cosas extraordinarias por s&#237; mismas. Y pens&#233; especialmente en mi abuela, a quien vi durante a&#241;os sostener al mismo tiempo una cantidad casi absurda de responsabilidades: trabajo, familia, casa y todo lo que apareciera en el medio.</p><p style="text-align: justify;">Mir&#233; a mis primas. Mir&#233; a mis amigas. Y empezamos a comparar historias.</p><p style="text-align: justify;">La historia de aquellas mujeres con veinte, treinta o cuarenta a&#241;os m&#225;s que nosotras, reunidas del otro lado del Caribe, de repente no parec&#237;a tan ajena.</p><p style="text-align: justify;">Nos resultaba sospechosamente familiar.</p><p style="text-align: justify;">&#191;C&#243;mo puede una misma forma de vivir atravesar generaciones, pa&#237;ses, familias y experiencias tan distintas y aun as&#237; resultar reconocible para tantas mujeres?</p><p style="text-align: justify;">Mi historia, sin embargo, tiene una particularidad.</p><p style="text-align: justify;">Yo tambi&#233;n nac&#237; dentro de una familia atravesada por esas din&#225;micas, pero mi pap&#225; rompi&#243; en buena medida con ellas. Y eso me permiti&#243; crecer viendo una distribuci&#243;n distinta de las responsabilidades familiares.</p><p style="text-align: justify;">Lo interesante es que durante a&#241;os no dimension&#233; cu&#225;n excepcional resultaba eso.</p><p style="text-align: justify;">Nunca nos sorprendi&#243; que nuestras madres estuvieran presentes, sostuvieran, resolvieran y criaran. Todo lo contrario: su presencia era tan esperada que terminaba pareciendo natural. La mam&#225; que sostiene todo rara vez provoca preguntas.</p><p style="text-align: justify;">Con mi pap&#225; ocurr&#237;a algo diferente.</p><p style="text-align: justify;">Mis amigas han hablado de &#233;l much&#237;simas veces. No solamente porque sea un pap&#225; excelente &#8212;que lo es&#8212; sino porque, dentro de nuestro entorno, su presencia parec&#237;a casi una rareza. Tener un padre profundamente involucrado en la crianza, la cotidianidad y la vida de sus hijas se convirti&#243;, de alguna manera, en una peque&#241;a piedra preciosa.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; entend&#237; algo extra&#241;o: hab&#237;amos normalizado tanto la omnipresencia femenina que la presencia masculina pod&#237;a parecernos extraordinaria.</p><p style="text-align: justify;">Por eso, por m&#225;s gracioso que siguiera pareci&#233;ndome aquello del macho-solo, empec&#233; a preguntarme qu&#233; hab&#237;a realmente detr&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Pens&#233; incluso en <em>Encanto</em>, esa pel&#237;cula que Disney hizo sobre Colombia y en la que, curiosamente, toda una familia gira alrededor de una mujer mayor que administra la casa, preserva la familia, toma decisiones y carga sobre sus hombros con el bienestar de pr&#225;cticamente todos.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces apareci&#243; una pregunta bastante m&#225;s grande que una botella de agua.</p><p style="text-align: justify;">&#191;Por qu&#233; tantas mujeres, generaci&#243;n tras generaci&#243;n, terminamos aprendiendo que querer a los dem&#225;s significa hacernos cargo de todo?</p><p style="text-align: justify;">&#191;De d&#243;nde viene esa necesidad de resolver, controlar, anticiparnos, sostener y poder solas?</p><p style="text-align: justify;">&#191;Es independencia? &#191;Es fortaleza? &#191;Es una respuesta a la ausencia? &#191;Es una conducta que heredamos sin siquiera darnos cuenta?</p><p style="text-align: justify;">Y, sobre todo, &#191;qu&#233; ocurre cuando una estrategia que durante generaciones permiti&#243; a las mujeres sobrevivir empieza tambi&#233;n a condicionar la manera en que aman, cr&#237;an y se relacionan?</p><p style="text-align: justify;">Porque quiz&#225;s aquellas mujeres ten&#237;an raz&#243;n en algo.</p><p style="text-align: justify;">No necesariamente en lo de la botella de agua.</p><p style="text-align: justify;">Pero s&#237; en que el <strong>macho-solo</strong> ven&#237;a de mucho antes que ellas.</p><p style="text-align: justify;">Y como suele pasar en <em>Querido Elector</em>, lo que empez&#243; como una conversaci&#243;n entre copas termin&#243; abriendo una pregunta bastante menos inocente.</p><p style="text-align: justify;">As&#237; que hoy no vengo a hablarles de c&#243;mo abrir una botella de agua.</p><p style="text-align: justify;">Vengo a preguntar de d&#243;nde aprendimos que siempre tenemos que saber c&#243;mo abrirla solas.</p><h2>Una historia mucho m&#225;s vieja</h2><p style="text-align: justify;">La antrop&#243;loga Virginia Guti&#233;rrez de Pineda dedic&#243; buena parte de su trabajo a estudiar c&#243;mo se organizaban las familias colombianas y encontr&#243; algo que parece obvio, pero que cambia bastante la conversaci&#243;n: en Colombia nunca ha existido una sola manera de ser familia.</p><p style="text-align: justify;">La regi&#243;n, la religi&#243;n, la econom&#237;a, las migraciones y hasta las formas en que se fue poblando el pa&#237;s produjeron estructuras familiares muy distintas entre s&#237;.</p><p style="text-align: justify;">Guti&#233;rrez dividi&#243; ese enorme mapa en varios complejos culturales. Encontr&#243;, por ejemplo, estructuras mucho m&#225;s marcadamente patriarcales en algunas zonas andinas y santandereanas, mientras que en otras aparec&#237;a una presencia femenina mucho m&#225;s fuerte dentro del funcionamiento cotidiano de la familia.</p><p style="text-align: justify;">Una de esas zonas fue la que llam&#243; litoral fluvio-minero: b&#225;sicamente, buena parte de la Costa Caribe y del Pac&#237;fico colombiano, junto con algunos territorios atravesados por los r&#237;os Magdalena y Cauca.</p><p style="text-align: justify;">Es decir, mi propio pedazo del mapa.</p><p style="text-align: justify;">Cartagena y el Caribe del que vengo estaban dentro de esa Colombia que Guti&#233;rrez intentaba entender.</p><p style="text-align: justify;">Y eso hizo que la investigaci&#243;n me interesara todav&#237;a m&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Porque muchas de las estructuras que ella describ&#237;a hace d&#233;cadas &#8212;mujeres ocupando lugares centrales dentro de la familia, maternidades con enormes responsabilidades y v&#237;nculos familiares donde la presencia masculina pod&#237;a ser m&#225;s intermitente&#8212; se parec&#237;an demasiado a historias que yo hab&#237;a escuchado toda mi vida.</p><p style="text-align: justify;">Durante mucho tiempo a algunas de esas estructuras se las describi&#243; como &#8220;matriarcales&#8221;.</p><p style="text-align: justify;">Pero hay algo de esa palabra que no termina de convencerme.</p><p style="text-align: justify;">Y esa inestabilidad que Guti&#233;rrez describ&#237;a tampoco nace de la nada. Cartagena, mi ciudad, fue uno de los principales puertos de la trata esclavista en la Am&#233;rica hispana. Durante la Colonia, el matrimonio entre personas esclavizadas era, en teor&#237;a, un derecho reconocido por la Iglesia y la legislaci&#243;n. Pero en la pr&#225;ctica sostener una familia pod&#237;a ser much&#237;simo m&#225;s dif&#237;cil: la voluntad de los amos, una venta o un traslado pod&#237;an separar parejas, padres e hijos.</p><p style="text-align: justify;">A eso se sumaban la pobreza y las enormes diferencias raciales y sociales, que condicionaban tambi&#233;n qui&#233;n pod&#237;a construir y sostener una familia dentro de los moldes reconocidos por la &#233;poca.</p><p style="text-align: justify;">Y hay un dato que lo aterriza especialmente cerca de casa: en 1777, el 38 % de los hogares de Cartagena ten&#237;a jefatura femenina.</p><p style="text-align: justify;">Eso no significa que podamos dibujar una l&#237;nea recta entre la Cartagena colonial y las familias del presente. Pero s&#237; obliga a leer la centralidad femenina que Guti&#233;rrez encontr&#243; siglos despu&#233;s como parte de una historia mucho m&#225;s larga, y no como una rareza reciente.</p><h2>&#191;Matriarcado?</h2><p style="text-align: justify;">Y aqu&#237; es donde la palabra &#8220;matriarcado&#8221; empieza a quedarme chica, o mejor dicho, empieza a quedarme injusta. Porque hay algo tramposo en usarla para describir todo esto.</p><p style="text-align: justify;">La periodista Catalina Ruiz-Navarro lo dijo de una forma que no he podido dejar de repetirme desde que lo le&#237;: creer que esto es &#8220;un matriarcado&#8221; es &#8220;glorificar y confundir la opresi&#243;n&#8221;.</p><p style="text-align: justify;">Y tiene raz&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Que una mujer est&#233; en el centro de la familia no significa que tenga el poder. Muchas veces significa que termin&#243; sosteniendo algo que, en teor&#237;a, deb&#237;a sostenerse entre dos.</p><p style="text-align: justify;">Porque del otro lado de esa ecuaci&#243;n hay un patr&#243;n que tambi&#233;n tiene nombre. El dem&#243;grafo Jorge Rodr&#237;guez Vignoli recoge, entre las explicaciones hist&#243;rico-culturales de estas din&#225;micas latinoamericanas, una expresi&#243;n bastante inc&#243;moda: &#8220;machismo irresponsable&#8221;. Una l&#243;gica en la que tener varias parejas pod&#237;a asociarse con la masculinidad y desvincularse de la crianza resultaba m&#225;s f&#225;cil dentro de relaciones menos estables.</p><p style="text-align: justify;">No hace falta pensar en un villano de telenovela para entenderlo. Tambi&#233;n hacen falta estructuras sociales que durante mucho tiempo permitieron que irse fuera bastante m&#225;s f&#225;cil que quedarse.</p><p style="text-align: justify;">Y esto tampoco se qued&#243; enterrado en un archivo colonial.</p><p style="text-align: justify;">En 2025, el 46,4 % de los hogares colombianos ten&#237;a a una mujer como jefa. Y entre los hogares con jefatura femenina, el 69 % de esas mujeres no viv&#237;a con pareja o c&#243;nyuge.</p><p style="text-align: justify;">Obviamente, tres siglos despu&#233;s las razones son muchas y muy distintas. Pero la imagen tiene un eco dif&#237;cil de ignorar: una cantidad enorme de mujeres sigue ocupando el centro de familias que tienen que continuar funcionando.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225;s por eso lo que lleg&#243; hasta nosotras nunca fue realmente un matriarcado.</p><p style="text-align: justify;">Fueron las formas de resolver cuando alguien no estaba.</p><h2>El peligro tambi&#233;n educa</h2><p style="text-align: justify;">Pero no todo lo que una mujer aprende a resolver viene de su familia.</p><p style="text-align: justify;">Hay cosas que aprende porque entiende, muchas veces demasiado temprano, que no saber qu&#233; hacer puede volverla m&#225;s vulnerable.</p><p style="text-align: justify;">En mi caso, esa lecci&#243;n lleg&#243; cuando ten&#237;a alrededor de quince a&#241;os.</p><p style="text-align: justify;">Una prima m&#237;a sali&#243; una noche de fiesta con un objetivo bastante sencillo: divertirse y volver a su casa. Al terminar tom&#243; un taxi.</p><p style="text-align: justify;">Ese taxi nunca la llev&#243; a casa.</p><p style="text-align: justify;">El conductor la llev&#243; a otros lugares, la violent&#243; y despu&#233;s la dej&#243; en una zona donde encontrarla termin&#243; siendo casi un milagro.</p><p style="text-align: justify;">Vivir algo as&#237; tan de cerca cambia la manera en que una entiende el peligro. Deja de ser una posibilidad lejana y se convierte en algo que sabes que puede ocurrir, incluso en una noche absolutamente normal.</p><p style="text-align: justify;">Y creo que mucho de lo que aprend&#237; despu&#233;s tuvo que ver con eso: no con vivir con miedo, sino con tratar de reducir, hasta donde pudiera, las posibilidades de quedar expuesta.</p><p style="text-align: justify;">Pensar c&#243;mo voy a volver antes de haber salido. Llevar mi propia plata. Compartir mi ubicaci&#243;n. Avisar cuando llego. Mirar la placa. Aprender a manejar cuanto antes. Tener siempre una segunda opci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Mi abuela tambi&#233;n ten&#237;a su propia forma de ense&#241;arme eso. Cuando yo sal&#237;a, procuraba que siempre llevara dinero conmigo, incluso si alguien me iba a invitar. Su regla era sencilla: si un hombre te invita esperando algo a cambio, pagas lo tuyo y te vas.</p><p style="text-align: justify;">Con los a&#241;os entend&#237; que muchas mujeres acumulamos peque&#241;as instrucciones parecidas.</p><p style="text-align: justify;">Y quiz&#225;s ah&#237; est&#225; lo interesante: la violencia importa incluso cuando no ocurre directamente sobre nosotras. Tambi&#233;n importa su posibilidad.</p><p style="text-align: justify;">El DANE encontr&#243; en 2024 que las mujeres reportaban sentirse inseguras en mayor proporci&#243;n que los hombres: 48,8 % frente a 43,5 %. La cifra no explica por s&#237; sola de d&#243;nde viene esa diferencia, pero s&#237; muestra que la percepci&#243;n del riesgo tampoco se distribuye de la misma manera.</p><p style="text-align: justify;">No significa que toda mujer independiente tenga miedo ni que detr&#225;s de cada mujer autosuficiente exista un trauma.</p><p style="text-align: justify;">Significa algo bastante m&#225;s sencillo: crecer sabiendo que ciertas cosas pueden ocurrir tambi&#233;n educa.</p><p style="text-align: justify;">Nos ense&#241;a a anticiparnos.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; la independencia empieza a adquirir otro significado.</p><p style="text-align: justify;">Tener dinero propio puede ser libertad econ&#243;mica, pero tambi&#233;n puede ser tener c&#243;mo irse.</p><p style="text-align: justify;">Saber manejar puede ser comodidad, pero tambi&#233;n puede significar no depender de alguien para volver a casa.</p><p style="text-align: justify;">Tener un trabajo puede ser realizaci&#243;n profesional, pero tambi&#233;n puede ser saber que, si alguna vez necesitas salir de una relaci&#243;n, tienes con qu&#233; hacerlo.</p><p style="text-align: justify;">A veces lo que llamamos independencia es tambi&#233;n <strong>capacidad de salida</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Y mientras m&#225;s cerca crecemos de la violencia &#8212;real o posible&#8212; m&#225;s valioso puede volverse saber resolver.</p><h2>Cuando el plan B somos nosotras</h2><p style="text-align: justify;">Pero hay otra parte de esto que me parece todav&#237;a m&#225;s inc&#243;moda.</p><p style="text-align: justify;">Para poder descansar de la necesidad de resolver no basta con confiar en otra persona. Tambi&#233;n hay que confiar en que, si algo sale mal, habr&#225; algo detr&#225;s capaz de responder.</p><p style="text-align: justify;">Una instituci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Una autoridad.</p><p style="text-align: justify;">Una ruta.</p><p style="text-align: justify;">Una red.</p><p style="text-align: justify;">Y no siempre sentimos que la haya.</p><p style="text-align: justify;">La Encuesta Nacional de Demograf&#237;a y Salud de 2025 encontr&#243; que el 86,6 % de las mujeres que hab&#237;a sufrido violencia basada en g&#233;nero no denunci&#243; la agresi&#243;n. Entre quienes no denunciaron, la raz&#243;n m&#225;s frecuente fue casi demasiado perfecta para esta historia: el 24,8 % cre&#237;a que pod&#237;a resolverlo sola.</p><p style="text-align: justify;">Resolverlo sola.</p><p style="text-align: justify;">Cuando le&#237; eso volv&#237; inmediatamente a Rep&#250;blica Dominicana.</p><p style="text-align: justify;">Al vino.</p><p style="text-align: justify;">A las risas.</p><p style="text-align: justify;">A la botella de agua.</p><p style="text-align: justify;">Al &#8220;macho-solo&#8221;.</p><p style="text-align: justify;">Solo que esta vez la frase pesaba distinto.</p><p style="text-align: justify;">Porque el &#8220;yo puedo sola&#8221; aparec&#237;a frente a algo bastante m&#225;s serio que una discusi&#243;n sobre dejarse ayudar dentro de una relaci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; entend&#237; que quiz&#225;s el h&#225;bito de resolver tampoco puede separarse del grado de confianza que tenemos en lo que ocurre cuando resolver solas ya no alcanza.</p><p style="text-align: justify;">Si no est&#225;s segura de que alguien va a llegar, procuras tener c&#243;mo salir.</p><p style="text-align: justify;">Si no est&#225;s segura de que una relaci&#243;n va a durar, procuras poder sostenerte.</p><p style="text-align: justify;">Si no est&#225;s segura de que una instituci&#243;n va a protegerte, aprendes a protegerte tambi&#233;n por tu cuenta.</p><p style="text-align: justify;">No porque eso sea necesariamente lo justo.</p><p style="text-align: justify;">Porque puede sentirse como lo m&#225;s seguro.</p><p style="text-align: justify;">Y quiz&#225;s esa sea otra pieza del &#8220;macho-solo&#8221; que no llegamos a nombrar aquella tarde entre copas.</p><p style="text-align: justify;">A veces no es que una mujer piense que no necesita a nadie.</p><p style="text-align: justify;">Es que pas&#243; demasiado tiempo aprendiendo que necesitar a alguien sin tener un plan B pod&#237;a salir muy caro.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21TCir%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F6e2c5b64-9971-4ab6-a6ee-dc141bb950ab_736x920.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!TCir!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6e2c5b64-9971-4ab6-a6ee-dc141bb950ab_736x920.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!TCir!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6e2c5b64-9971-4ab6-a6ee-dc141bb950ab_736x920.jpeg 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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literalmente un consejo que, en el fondo, hablaba de algo mucho m&#225;s grande.</p><p style="text-align: justify;">Porque despu&#233;s de mirar todo lo que hay detr&#225;s del &#8220;macho-solo&#8221;, el consejo empez&#243; a sonarme distinto.</p><p style="text-align: justify;">Ya no como una invitaci&#243;n a hacernos menos capaces, sino como la intuici&#243;n &#8212;quiz&#225;s expresada entre risas y sin demasiada teor&#237;a&#8212; de que vivir sintiendo que una tiene que poder con todo termina pasando factura.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; el &#8220;macho-solo&#8221; deja de parecerme una caracter&#237;stica femenina y empieza a parecerme una respuesta.</p><p style="text-align: justify;">Una respuesta que puede venir de historias familiares en las que las mujeres aprendieron a sostener; de una sociedad en la que tener dinero propio, saber volver a casa o poder irse de una relaci&#243;n tambi&#233;n son formas de protegerse; de haber aprendido, por las buenas o por las malas, que siempre conviene tener un plan B.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225;s por eso tampoco me interesa romantizarlo.</p><p style="text-align: justify;">No creo que haya nada especialmente heroico en que una mujer tenga que poder con todo.</p><p style="text-align: justify;">Nos gusta llamarlas fuertes, berracas, independientes. Y muchas lo son.</p><p style="text-align: justify;">Pero la pregunta que me qued&#243; despu&#233;s de investigar todo esto fue otra:</p><p style="text-align: justify;"><strong>&#191;Cu&#225;ntas veces llamamos fortaleza a algo que empez&#243; siendo supervivencia?</strong></p><p style="text-align: justify;">Y, sobre todo, &#191;qu&#233; hacemos cuando esa estrategia que durante a&#241;os nos mantuvo a salvo entra con nosotras a lugares donde ya no tendr&#237;a que ser necesaria?</p><p style="text-align: justify;">Porque saber resolver no es el problema.</p><p style="text-align: justify;">Tener nuestra propia plata, saber manejar, trabajar, tomar decisiones, poder estar solas, tener una salida: ojal&#225; nunca dejemos de saber hacerlo.</p><p style="text-align: justify;">El problema quiz&#225;s aparece cuando sentimos que no podemos permitirnos dejar de hacerlo nunca.</p><p style="text-align: justify;">Cuando descansar de esa autosuficiencia se siente m&#225;s peligroso que cargar con todo.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez por eso la verdadera alternativa al &#8220;macho-solo&#8221; tampoco sea hacernos m&#225;s peque&#241;as, menos capaces o m&#225;s dependientes.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225;s sea algo bastante m&#225;s dif&#237;cil:</p><p style="text-align: justify;">construir relaciones, familias y sociedades en las que una mujer pueda ser completamente capaz y, aun as&#237;, no tenga que estar preparada para sostenerlo todo sola.</p><p style="text-align: justify;">No necesito fingir que no puedo abrir la botella.</p><p style="text-align: justify;">Pero qu&#233; tranquilidad saber que, de vez en cuando, no tengo que ser yo quien la abra.</p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;"><strong>Valeria Mendez</strong></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La dignidad también vota]]></title><description><![CDATA[A veces no votamos para estar mejor. Votamos para dejar de sentirnos menos.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-dignidad-tambien-vota</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-dignidad-tambien-vota</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 30 Aug 2026 15:56:29 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21Q01B%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F707a1c5d-2979-4f58-afa1-2b4f861f16dd_1080x942.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">Esta semana estuve leyendo un libro que mencion&#225;bamos mucho en las clases de la maestr&#237;a. Cada vez que alguien tra&#237;a ese ejemplo a colaci&#243;n, a m&#237; me encantaba escucharlo &#8212; se me qued&#243; grabado, y lo comentaba cada vez que pod&#237;a. Esta semana, casi por casualidad, volv&#237; a leerlo. Y no tuve ninguna duda de que este era el tema del domingo &#8212; uno que, tanto a ustedes como a m&#237;, nos va a dejar bastante en qu&#233; pensar.</p><p>El libro se llama <em>En busca del respeto</em>, y es la investigaci&#243;n que hizo el antrop&#243;logo Philippe Bourgois durante cinco a&#241;os, viviendo con su esposa y su hijo en East Harlem, Nueva York. Era finales de los a&#241;os ochenta, la epidemia de crack atravesaba el barrio y Bourgois quer&#237;a entender algo que, visto desde afuera, parec&#237;a dif&#237;cil de explicar: por qu&#233; tantos j&#243;venes puertorrique&#241;os terminaban encontrando en la econom&#237;a de la calle una alternativa al mercado laboral legal.</p><p style="text-align: justify;">Para averiguarlo hizo algo que los antrop&#243;logos hacen mejor que casi nadie: se qued&#243;.</p><p style="text-align: justify;">Convivi&#243; con vendedores de crack, pas&#243; horas en los lugares donde trabajaban, escuch&#243; sus conversaciones, conoci&#243; sus familias y reconstruy&#243; sus experiencias laborales. El resultado fue <em>En busca del respeto</em>, una etnograf&#237;a que termin&#243; diciendo bastante m&#225;s sobre la sociedad estadounidense que sobre las drogas.</p><p style="text-align: justify;">Porque muchos de los hombres que Bourgois conoci&#243; s&#237; hab&#237;an trabajado en la econom&#237;a formal. Hab&#237;an tenido jefes, horarios, uniformes, salarios y todas esas cosas que solemos colocar del lado correcto de la vida.</p><p style="text-align: justify;">El problema era que ese mundo tampoco los recib&#237;a precisamente con los brazos abiertos.</p><p style="text-align: justify;">Nueva York estaba atravesando una transformaci&#243;n econ&#243;mica profunda. Los empleos industriales que durante d&#233;cadas hab&#237;an servido de puerta de entrada para trabajadores sin educaci&#243;n universitaria desaparec&#237;an, mientras crec&#237;an trabajos de servicios que exig&#237;an otros c&#243;digos, otras formas de hablar, otras maneras de presentarse y relacionarse. Para muchos de los j&#243;venes que Bourgois entrevist&#243;, incorporarse a ese mercado significaba tambi&#233;n entrar en espacios donde se sent&#237;an constantemente subordinados, desplazados o humillados.</p><p style="text-align: justify;">La calle ofrec&#237;a otra cosa.</p><p style="text-align: justify;">No una vida mejor. Bourgois es demasiado cuidadoso como para romantizarla: la violencia, las drogas y la econom&#237;a ilegal terminaban destruyendo a muchos de quienes participaban en ella y a sus propias comunidades.</p><p style="text-align: justify;">Pero ofrec&#237;a algo que el trabajo formal muchas veces no hab&#237;a conseguido darles:</p><p style="text-align: justify;"><strong>respeto.</strong></p><p style="text-align: justify;">Autonom&#237;a. Posici&#243;n. La posibilidad de dejar de sentirse el &#250;ltimo de la fila.</p><p style="text-align: justify;">Y eso cambia un poco la pregunta. Porque desde afuera resulta sencillo observar una decisi&#243;n y pensar: <em>&#191;c&#243;mo puede elegir eso si esto otro claramente le conviene m&#225;s?</em> Desde adentro, quiz&#225; las cosas no se est&#233;n midiendo con la misma unidad.</p><p style="text-align: justify;">Este art&#237;culo, en todo caso, no es sobre vendedores de crack en Nueva York.</p><p style="text-align: justify;">Es sobre pol&#237;tica.</p><h2>El votante que llevamos a&#241;os inventando</h2><p style="text-align: justify;">Nos gusta imaginar al votante como una especie de peque&#241;o economista. Alguien que llega a una elecci&#243;n, revisa su salario, mira la inflaci&#243;n, compara los impuestos, calcula qu&#233; candidato le entregar&#225; m&#225;s beneficios y deposita el voto que maximiza su bienestar.</p><p style="text-align: justify;">Despu&#233;s llegan las elecciones de verdad, millones de personas votan de maneras que no encajan perfectamente en esa cuenta, y comenzamos a preguntar por qu&#233; alguien votar&#237;a &#8220;contra sus propios intereses&#8221;.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez el problema est&#233; en c&#243;mo definimos esos intereses.</p><p style="text-align: justify;">Porque las personas quieren ganar m&#225;s dinero, por supuesto. Pero tambi&#233;n quieren que las respeten. Quieren sentir que su trabajo vale. Que sus preocupaciones no son rid&#237;culas. Que su manera de hablar no las convierte en ignorantes. Que el lugar donde nacieron no las hace menos importantes. Que los sacrificios que hicieron sirvieron para algo. Que cuando alguien dice &#8220;la gente&#8221;, tambi&#233;n est&#225; hablando de ellas.</p><p style="text-align: justify;">La ciencia pol&#237;tica ha empezado a prestar cada vez m&#225;s atenci&#243;n a algo que durante mucho tiempo qued&#243; escondido detr&#225;s de variables m&#225;s f&#225;ciles de medir: la posici&#243;n que creemos ocupar frente a los dem&#225;s. No &#250;nicamente cu&#225;nto tenemos, sino cu&#225;nto sentimos que valemos. No solamente ingreso. Tambi&#233;n reconocimiento.</p><p style="text-align: justify;">Los polit&#243;logos Noam Gidron y Peter Hall han estudiado precisamente lo que llaman <em>estatus social subjetivo</em>: la cantidad de respeto, reconocimiento y estima que una persona siente que recibe dentro de la sociedad. Su trabajo, hecho con datos de m&#225;s de veinte democracias, encontr&#243; una relaci&#243;n entre sentirse marginado socialmente y el apoyo a movimientos populistas, tanto de derecha como de izquierda. Pero su argumento m&#225;s interesante no consiste en reemplazar la econom&#237;a por la identidad. Consiste en mostrar por qu&#233; separarlas puede ser absurdo.</p><p style="text-align: justify;">Perder un empleo no significa solamente perder un sueldo. Puede significar dejar de ser el hombre que mantiene a su familia. Ver desaparecer una industria no significa &#250;nicamente perder una fuente de ingresos: puede significar ver desaparecer un oficio que durante generaciones daba prestigio a una comunidad. Y ascender econ&#243;micamente tampoco garantiza sentirse respetado.</p><p style="text-align: justify;">El bolsillo y la dignidad no viven en habitaciones separadas.</p><p style="text-align: justify;">Y si esa p&#233;rdida de estatus se siente como una herida, tiene sentido que tarde o temprano aparezca alguien dispuesto a nombrarla. Ah&#237; es donde entra el outsider: no un partido ni una ideolog&#237;a, sino un tipo de candidato que se presenta como ajeno al poder que &#8212;seg&#250;n sienten buena parte de sus votantes&#8212; lleva a&#241;os sin mirarlos. Puede venir de los negocios, de la televisi&#243;n, de las redes, o incluso llevar d&#233;cadas en la pol&#237;tica y aun as&#237; lograr proyectarse como forastero. Lo que vende no es su hoja de vida. Es la distancia frente a quienes, seg&#250;n su electorado, los ningunearon primero.</p><h2>&#8220;Por lo menos &#233;l nos entiende&#8221;</h2><p style="text-align: justify;">Esa distancia es una de las ventajas pol&#237;ticas m&#225;s poderosas que puede tener un candidato. No necesita mejores propuestas, ni m&#225;s experiencia, ni siquiera demostrar que es realmente parecido a las personas que dice representar. A veces basta con convencerlas de algo mucho m&#225;s sencillo:</p><p style="text-align: justify;"><strong>yo no soy de los que los miran por encima del hombro.</strong></p><p style="text-align: justify;">Las instituciones tienen expertos. El outsider tiene una historia. Las instituciones tienen procedimientos. El outsider tiene enemigos. Las instituciones explican. El outsider se&#241;ala con el dedo a alguien y dice: <em>ellos fueron los que les hicieron esto.</em></p><p style="text-align: justify;">Y, sobre todo, hace algo que muchas instituciones dejaron de hacer hace tiempo: habla directamente con alguien.</p><p style="text-align: justify;">No es casual que esta pol&#237;tica haya encontrado en las redes sociales un ecosistema perfecto. Durante buena parte de la historia moderna, un ciudadano conoc&#237;a a un presidente a trav&#233;s de discursos, entrevistas y apariciones cuidadosamente preparadas. Ahora lo puede ver desayunando, en el carro, con los hijos. Enojado. Equivoc&#225;ndose. Insultando, contest&#225;ndole a alguien en X, grab&#225;ndose con el tel&#233;fono desde una habitaci&#243;n mal iluminada.</p><p style="text-align: justify;">Hay algo profundamente pol&#237;tico en esa aparente falta de pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Los estudios sobre las llamadas <em>relaciones parasociales</em> muestran que podemos desarrollar una sensaci&#243;n de cercan&#237;a con figuras p&#250;blicas que nunca nos han conocido. No creemos literalmente que sean nuestros amigos, pero comenzamos a sentir que sabemos qui&#233;nes son. Que los conocemos. Que son aut&#233;nticos. Que &#8220;hablan como nosotros&#8221;. Un estudio sobre el fen&#243;meno encontr&#243; que esa cercan&#237;a sentida hacia Donald Trump se relacionaba con el apoyo pol&#237;tico hacia &#233;l.</p><p style="text-align: justify;">Eso no significa que Instagram decida una elecci&#243;n. Significa algo m&#225;s interesante: <strong>la distancia entre representante y representado tambi&#233;n se ha convertido en una variable pol&#237;tica.</strong></p><p style="text-align: justify;">Cuando alguien siente que las instituciones no lo escuchan, que un candidato parezca dispuesto a escucharlo puede importar tanto como lo que propone hacer despu&#233;s.</p><h2>Yo hice la fila</h2><p style="text-align: justify;">Pero hay otra forma de dignidad que me parece todav&#237;a m&#225;s dif&#237;cil de mirar. No tiene que ver con quienes sienten que nunca los dejaron entrar. Tiene que ver con quienes sienten que hicieron todo lo que les dijeron que deb&#237;an hacer para conseguirlo.</p><p style="text-align: justify;">Trabajaron. Esperaron. Pagaron. Cumplieron las reglas sin pedir ayuda, se levantaron temprano, aguantaron al jefe, hicieron los papeles, ahorraron.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces ven que alguien que viene detr&#225;s recibe una ayuda, una oportunidad o un derecho que a ellos les cost&#243; a&#241;os conseguir.</p><p style="text-align: justify;">La reacci&#243;n desde afuera puede parecer absurda. <em>Si t&#250; sufriste, &#191;por qu&#233; quieres que el otro tambi&#233;n sufra?</em> Es una pregunta razonable. Pero probablemente no sea la &#250;nica.</p><p style="text-align: justify;">En econom&#237;a conductual existe un fen&#243;meno llamado <em>last-place aversion</em>: la aversi&#243;n a ocupar el &#250;ltimo lugar. En una serie de experimentos, los investigadores encontraron que quienes estaban apenas por encima de la &#250;ltima posici&#243;n pod&#237;an comportarse de maneras especialmente orientadas a conservar esa distancia. En datos estadounidenses encontraron, adem&#225;s, que las personas que ganaban apenas por encima del salario m&#237;nimo estaban entre las m&#225;s proclives a oponerse a aumentarlo.</p><p style="text-align: justify;">No porque convertirse en el &#250;ltimo sea necesariamente una cat&#225;strofe econ&#243;mica. Sino porque las posiciones relativas tambi&#233;n importan. A veces no estamos defendiendo solamente cu&#225;nto tenemos. Estamos defendiendo <strong>la distancia que nos cost&#243; conseguir</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Y eso permite mirar de otra manera una frase que aparece constantemente en las discusiones pol&#237;ticas: <em>&#8220;Si yo pude, &#191;por qu&#233; ellos no?&#8221;</em></p><p style="text-align: justify;">Puede haber ego&#237;smo ah&#237;. Puede haber prejuicio. Puede haber desinformaci&#243;n. Pero tambi&#233;n puede existir algo m&#225;s inc&#243;modo: la necesidad de creer que nuestro propio sacrificio tuvo sentido.</p><h2>Quien hizo la fila bien</h2><p style="text-align: justify;">Un cubano de Raleigh, Carolina del Norte, cruz&#243; la frontera con M&#233;xico en 2006, con veintinueve a&#241;os, despu&#233;s de salir de Manzanillo, en el oriente de la isla. Se acogi&#243; a la Ley de Ajuste Cubano, trabaj&#243; sin parar y, cinco a&#241;os despu&#233;s, se hizo ciudadano. En sus primeros meses en el pa&#237;s, mientras tramitaba el permiso de trabajo, recibi&#243; estampillas de comida. Las dej&#243; apenas pudo emplearse. A&#241;os despu&#233;s, en una entrevista con <em>El Pa&#237;s</em>, describir&#237;a a quienes se acomodan en esas ayudas con una frase que resume buena parte de esta historia: le parec&#237;a, dijo, <em>un abuso</em>.</p><p style="text-align: justify;">En 2024 vot&#243; por Donald Trump &#8212; el mismo candidato que promet&#237;a la deportaci&#243;n masiva de inmigrantes indocumentados, algunos de ellos tan cubanos como &#233;l. No vio ninguna contradicci&#243;n. &#201;l mismo hab&#237;a ayudado a traer a parte de su familia mediante un programa de asilo humanitario que Trump amenazaba con eliminar, y aun as&#237; distingu&#237;a con total claridad entre quien, como &#233;l, &#8220;vino a trabajar&#8221; y quien entr&#243; sin hacer el tr&#225;mite correspondiente.</p><p style="text-align: justify;">Ese caso no es una excepci&#243;n. En 2024, el apoyo latino a Trump subi&#243; del 35 % al 43 % a nivel nacional. En Doral, la mayor comunidad venezolana de Estados Unidos, gan&#243; con el 61 % de los votos. En Hialeah, basti&#243;n cubanoamericano, con el 76 %. Cerca de dos tercios de los votantes cubanos de Florida lo respaldaron ese a&#241;o.</p><p style="text-align: justify;">Esa misma l&#243;gica se repite en entrevista tras entrevista: no defienden la deportaci&#243;n <em>a pesar</em> de ser inmigrantes o hijos de inmigrantes. La defienden <em>porque</em> ellos, o sus padres, hicieron el camino como se deb&#237;a &#8212; con papeles, con espera, con las reglas. Si est&#225;s aqu&#237; incumpli&#233;ndolas, tienes que asumir las consecuencias.</p><p style="text-align: justify;">Hay una vuelta de tuerca todav&#237;a m&#225;s inc&#243;moda: buena parte de los propios agentes encargados hoy de las deportaciones tambi&#233;n son latinos, muchos con apellido hispano y ra&#237;ces en las comunidades donde operan. La explicaci&#243;n no siempre es ideol&#243;gica. En zonas donde el trabajo digno escasea, ese uniforme ofrece algo que el mercado laboral no: estabilidad, autoridad, un lugar fijo en la fila.</p><p style="text-align: justify;">Y la fila, al final, no perdon&#243; ni siquiera a quienes ayud&#243; a ganar la elecci&#243;n: en 2025, Estados Unidos deport&#243; a m&#225;s de 4.800 cubanos. El respaldo, para 2026, se hab&#237;a erosionado con fuerza &#8212; la aprobaci&#243;n de Trump entre latinos cay&#243; a poco m&#225;s de un tercio, y siete de cada diez empezaron a decir que el gobierno se hab&#237;a pasado de la raya con la aplicaci&#243;n de la ley migratoria. La misma dignidad que muchos fueron a buscar en la fila termin&#243;, para no pocos, convertida en la humillaci&#243;n de ver a sus propios vecinos &#8212;a veces a su propia familia&#8212; tratados como una amenaza.</p><p style="text-align: justify;">La dignidad, aqu&#237;, no se organiz&#243; por identidad compartida. Se organiz&#243; por qui&#233;n sent&#237;a que hab&#237;a hecho la fila bien.</p><p style="text-align: justify;">Y esas heridas tambi&#233;n se cobran. La instituci&#243;n que trata una preocupaci&#243;n real como ignorancia. La campa&#241;a que decide que ciertos votantes est&#225;n demasiado mal informados para merecer una explicaci&#243;n, y luego se sorprende cuando alguien m&#225;s aparece dispuesto a d&#225;rsela. El pol&#237;tico que usa <em>atrasado</em>, <em>resentido</em>, <em>bruto</em>, <em>vendido</em> o <em>facho</em> para no tener que entender por qu&#233; alguien vot&#243; distinto.</p><p style="text-align: justify;">Un outsider puede convertir esas heridas en rabia. Un populista puede convertirlas en una identidad. Un candidato puede se&#241;alar una &#233;lite, una instituci&#243;n, una minor&#237;a, un inmigrante, un empresario, un periodista, un pol&#237;tico tradicional o cualquier otro adversario y construir una explicaci&#243;n sencilla: <strong>t&#250; no est&#225;s donde mereces estar porque ellos te quitaron tu lugar.</strong></p><p style="text-align: justify;">El culpable cambia. La promesa se parece: <em>conmigo volver&#225;n a respetarte.</em></p><p style="text-align: justify;">Y esa promesa puede ser extraordinariamente poderosa incluso cuando viene de alguien que no tiene ninguna intenci&#243;n real de mejorar la vida de quien la escucha. Porque ser reconocido tambi&#233;n se siente como recibir algo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21Q01B%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F707a1c5d-2979-4f58-afa1-2b4f861f16dd_1080x942.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Q01B!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F707a1c5d-2979-4f58-afa1-2b4f861f16dd_1080x942.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Q01B!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F707a1c5d-2979-4f58-afa1-2b4f861f16dd_1080x942.jpeg 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class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p style="text-align: justify;"></p><h2>La dignidad tambi&#233;n vota</h2><p style="text-align: justify;">Nada de esto significa que podamos explicar una elecci&#243;n diciendo que &#8220;la gente vot&#243; por dignidad&#8221;. Ser&#237;a tan absurdo como explicar todo por la inflaci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Las personas votamos por inter&#233;s, por miedo, por identidad, por costumbre, por partido, por econom&#237;a, por rechazo, por esperanza, por candidatos. Y s&#237;, tambi&#233;n por la posici&#243;n que sentimos que ocupamos en el mundo.</p><p style="text-align: justify;">El error consiste en asumir que esta &#250;ltima es menos real porque no podemos medirla en pesos.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez por eso algunas instituciones se sorprenden tanto cuando pierden. Pueden demostrar que una pol&#237;tica aument&#243; determinado ingreso, construy&#243; determinado n&#250;mero de viviendas o mejor&#243; determinado indicador, y aun as&#237; encontrarse frente a ciudadanos que sienten que nadie los escucha. Pueden estar t&#233;cnicamente en lo correcto y pol&#237;ticamente haber perdido hace mucho tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Porque gobernar no consiste &#250;nicamente en distribuir recursos. Tambi&#233;n significa distribuir reconocimiento. Decidir qui&#233;n es escuchado. Qu&#233; sufrimiento merece un nombre. Qu&#233; preocupaci&#243;n es leg&#237;tima. Qui&#233;n aparece en la conversaci&#243;n p&#250;blica y qui&#233;n &#250;nicamente aparece en las estad&#237;sticas.</p><p style="text-align: justify;">Bourgois encontr&#243; en East Harlem hombres que buscaron en la calle el respeto que sent&#237;an que el mundo legal les negaba. Y ah&#237; est&#225; lo m&#225;s dif&#237;cil de asimilar de su hallazgo: no es que esa b&#250;squeda terminara mal por accidente o porque el peligro los alcanzara. Es que la misma resistencia que les devolv&#237;a, por momentos, autonom&#237;a, posici&#243;n y reconocimiento, profundizaba al mismo tiempo la marginaci&#243;n de la que intentaban escapar &#8212;encerr&#225;ndolos todav&#237;a m&#225;s en el sistema del que hu&#237;an, y arrastrando con ellos a sus familias y a su propia comunidad.</p><p style="text-align: justify;">Un votante frente a una urna no es un vendedor de crack en East Harlem. Las circunstancias no son comparables.</p><p style="text-align: justify;">Pero la paradoja humana s&#237; lo es.</p><p style="text-align: justify;">A veces necesitamos tanto dejar de sentirnos menos que estamos dispuestos a aceptar costos enormes con tal de recuperar nuestro lugar.</p><p style="text-align: justify;">Tambi&#233;n pol&#237;ticamente.</p><p style="text-align: justify;">La necesidad de que nuestro esfuerzo haya valido la pena puede hacernos rechazar para otros la ayuda que nosotros nunca tuvimos. La necesidad de recuperar una posici&#243;n perdida puede hacernos respaldar a quien promete devolvernos dignidad, incluso cuando las decisiones que toma despu&#233;s deterioran nuestra propia vida, la de nuestros hijos o la de nuestra comunidad. Y la necesidad de sentir que finalmente alguien nos escucha puede volver secundario preguntarnos qu&#233; har&#225; esa persona una vez tenga el poder.</p><p style="text-align: justify;">Ah&#237; est&#225; quiz&#225;s la parte m&#225;s inc&#243;moda de la dignidad: no siempre aquello que nos la devuelve termina haci&#233;ndonos bien. En pol&#237;tica, como en la calle de East Harlem, podemos confundir sentirnos reivindicados con estar mejor.</p><p style="text-align: justify;">Ser escuchados con ser representados.</p><p style="text-align: justify;">Castigar a quien despreciamos con gobernar a nuestro favor.</p><p style="text-align: justify;">Y podemos descubrir demasiado tarde que la factura que quer&#237;amos cobrarle al sistema termin&#243; llegando tambi&#233;n a nuestra casa.</p><p style="text-align: justify;">Por eso el desaf&#237;o no puede ser pedirle a la gente que deje de votar desde sus heridas. Todos tenemos alguna.</p><p style="text-align: justify;">Tiene que ser algo bastante m&#225;s dif&#237;cil: reconocer cu&#225;ndo alguien est&#225; curando esa herida y cu&#225;ndo simplemente aprendi&#243; a usarla.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; esa sea una pregunta m&#225;s &#250;til antes de entrar al cuarto oscuro:</p><p style="text-align: justify;">&#191;este voto est&#225; defendiendo mi dignidad o alguien est&#225; usando mi necesidad de recuperarla para llevarme a pagar un precio que todav&#237;a no veo?</p><p style="text-align: justify;">La dignidad tambi&#233;n vota.</p><p style="text-align: justify;">Y, precisamente por eso, conviene mirar muy bien a qui&#233;n se la entregamos.</p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;"><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El delito de cambiar de opinión]]></title><description><![CDATA[Una exploraci&#243;n sobre la coherencia, la humildad intelectual y el extra&#241;o prestigio de no cambiar nunca]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/el-delito-de-cambiar-de-opinion</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/el-delito-de-cambiar-de-opinion</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 23 Aug 2026 14:38:37 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21zNLi%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F15013d56-3eb8-48f8-9780-065b2319f85b_1000x1059.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">Hay una frase que funciona casi como una prueba de culpabilidad:</p><p style="text-align: justify;"><em>&#8220;Pero t&#250; antes pensabas otra cosa.&#8221;</em></p><p style="text-align: justify;">Puede venir acompa&#241;ada de una captura de pantalla de hace ocho a&#241;os, una entrevista antigua o ese video que alguien se tom&#243; el trabajo de encontrar para demostrar que, efectivamente, alguna vez dijiste exactamente lo contrario de lo que sostienes hoy.</p><p style="text-align: justify;">Y normalmente el caso parece cerrado.</p><p style="text-align: justify;">Te contradijiste.</p><p style="text-align: justify;">Hay algo curioso en esto. Esperamos que una persona lea, viaje, se equivoque, conozca gente, atraviese p&#233;rdidas, acumule experiencias, encuentre informaci&#243;n que antes no ten&#237;a y viva veinte a&#241;os m&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Pero tambi&#233;n esperamos que, al final, piense m&#225;s o menos lo mismo.</p><p style="text-align: justify;">Como si cambiar fuera sospechoso.</p><p style="text-align: justify;">Entonces me surgi&#243; una pregunta bastante sencilla:</p><p style="text-align: justify;"><em><strong>&#191;Cambiar de opini&#243;n es realmente contradecirse?</strong></em></p><h3>Contradecirse vs. cambiar de opini&#243;n</h3><p style="text-align: justify;">No son exactamente lo mismo.</p><p style="text-align: justify;">Contradecirse puede ser defender una cosa cuando conviene y otra cuando cambia el p&#250;blico. Aplicar una regla a los dem&#225;s y una excepci&#243;n a uno mismo. Modificar un argumento cada vez que cambia aquello que nos beneficia.</p><p style="text-align: justify;">Cambiar de opini&#243;n supone otro recorrido:</p><p style="text-align: justify;"><em>Pensaba esto.</em></p><p style="text-align: justify;"><em>Despu&#233;s aprend&#237;, vi o entend&#237; algo que antes no hab&#237;a considerado.</em></p><p style="text-align: justify;"><em>Ahora pienso otra cosa.</em></p><p style="text-align: justify;">En ambos casos existe un antes y un despu&#233;s.</p><p style="text-align: justify;">La diferencia est&#225; en <strong>qu&#233; ocurri&#243; en el medio</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Por eso alguien puede haber cambiado varias veces de opini&#243;n y seguir siendo intelectualmente coherente. Y otra persona puede repetir exactamente la misma idea durante treinta a&#241;os sin haberse preguntado nunca si todav&#237;a tiene buenas razones para sostenerla.</p><p style="text-align: justify;">Permanecer no demuestra, por s&#237; solo, tener raz&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Solo demuestra permanecer.</p><h3>La humildad intelectual</h3><p style="text-align: justify;">La psicolog&#237;a tiene un concepto especialmente &#250;til para pensar esto: <strong>humildad intelectual</strong>.</p><p style="text-align: justify;">No significa ser inseguro. Ni dudar de absolutamente todo. Ni comenzar cada respuesta con un prudente <em>&#8220;bueno, depende&#8221;</em>.</p><p style="text-align: justify;">Una revisi&#243;n publicada en <em>Nature Reviews Psychology</em> encuentra un elemento com&#250;n entre las distintas definiciones: la capacidad de reconocer los l&#237;mites de nuestro propio conocimiento y aceptar que nuestras creencias pueden estar equivocadas.</p><p style="text-align: justify;">Dicho de una manera mucho m&#225;s sencilla:</p><p style="text-align: justify;">puedo tener buenas razones para pensar algo y, aun as&#237;, aceptar que podr&#237;a estar equivocada.</p><p style="text-align: justify;">No es tener menos convicciones.</p><p style="text-align: justify;">Es no concederles inmunidad frente a la realidad.</p><p style="text-align: justify;">Y existe una pregunta bastante sencilla para ponerlas a prueba:</p><p style="text-align: justify;"><strong>&#191;Qu&#233; tendr&#237;a que pasar para que yo cambiara de opini&#243;n?</strong></p><p style="text-align: justify;">&#191;Qu&#233; dato tendr&#237;a que conocer?</p><p style="text-align: justify;">&#191;Qu&#233; argumento?</p><p style="text-align: justify;">&#191;Qu&#233; experiencia?</p><p style="text-align: justify;">&#191;Qu&#233; tendr&#237;a que ocurrir con aquello que defiendo para que estuviera dispuesta a revisarlo?</p><p style="text-align: justify;">Porque una opini&#243;n que ninguna evidencia posible puede modificar deja de funcionar del todo como una conclusi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Empieza a parecerse m&#225;s a una identidad.</p><h3>Cuando una opini&#243;n se convierte en nosotros</h3><p style="text-align: justify;">Hay cosas sobre las que cambiamos de opini&#243;n sin demasiado drama.</p><p style="text-align: justify;">Un restaurante. Una pel&#237;cula. Una forma de trabajar. Nuestra teor&#237;a sobre cu&#225;l es el mejor asiento del avi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Pero prueba con pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Religi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Una causa.</p><p style="text-align: justify;">Una figura p&#250;blica que llevas a&#241;os defendiendo.</p><p style="text-align: justify;">Entonces cambiar puede empezar a costar.</p><p style="text-align: justify;">No necesariamente porque la nueva evidencia sea insuficiente, sino porque ya hay algo nuestro depositado en esa posici&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Cambiar puede significar darle la raz&#243;n a alguien que nos cae mal. Explicar algo que publicamos hace a&#241;os. Alejarnos un poco del grupo con el que nos identific&#225;bamos. Admitir que aquella versi&#243;n nuestra que hablaba con absoluta seguridad no sab&#237;a algo que ahora sabemos.</p><p style="text-align: justify;">Y mientras m&#225;s hemos invertido en una opini&#243;n, m&#225;s cara puede volverse la salida.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez algunas ideas dejan de sobrevivir porque todav&#237;a creemos profundamente en ellas y empiezan a sobrevivir porque <strong>ya construimos demasiado alrededor de haberlas defendido</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Ah&#237; discutir una idea empieza a sentirse como discutir qui&#233;nes somos.</p><p style="text-align: justify;">Y cambiarla puede parecer una traici&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Una investigaci&#243;n publicada en 2024 encontr&#243; algo interesante precisamente ah&#237;: las personas con mayor humildad intelectual tend&#237;an a explorar m&#225;s informaci&#243;n contraria a sus propias creencias. Eso, a su vez, estaba relacionado con una mayor revisi&#243;n de algunas creencias falsas. El efecto no era autom&#225;tico ni enorme, pero el comportamiento me parece revelador.</p><p style="text-align: justify;">Porque todos sabemos buscar argumentos que nos den la raz&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Lo dif&#237;cil es mirar seriamente aquello que podr&#237;a quit&#225;rnosla.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21zNLi%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F15013d56-3eb8-48f8-9780-065b2319f85b_1000x1059.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" 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class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h3>En pol&#237;tica, cambiar sale caro</h3><p style="text-align: justify;">La pol&#237;tica entendi&#243; muy bien esta vulnerabilidad, y hasta le puso nombre.</p><p style="text-align: justify;">En ingl&#233;s existe una palabra espec&#237;fica para esto: <em>flip-flopper</em>. Se usa para describir a alguien &#8212;especialmente en pol&#237;tica&#8212; que cambia repetidamente de posici&#243;n y casi siempre lleva una condena impl&#237;cita: alguien poco firme, oportunista, que acomoda lo que piensa seg&#250;n lo que le conviene.</p><p style="text-align: justify;">El t&#233;rmino llevaba tiempo circulando en Estados Unidos, pero durante la campa&#241;a presidencial de 2004 adquiri&#243; una fuerza particular. El equipo de George W. Bush lo convirti&#243; en uno de sus ataques centrales contra John Kerry. La idea de que Kerry era un <em>flip-flopper</em> termin&#243; siendo una de las asociaciones m&#225;s instaladas sobre su car&#225;cter pol&#237;tico.</p><p style="text-align: justify;">En Colombia tenemos <strong>voltiarepa</strong>. En Argentina, <strong>panqueque</strong>. Y seguramente cada pa&#237;s tiene alguna versi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Cambian las comidas, pero no demasiado el personaje.</p><p style="text-align: justify;">Hablamos de alguien que cambia de bando seg&#250;n le convenga. No porque haya aprendido algo o encontrado mejores argumentos, sino porque cambi&#243; el viento, apareci&#243; otro aliado o encontr&#243; una posici&#243;n m&#225;s conveniente.</p><p style="text-align: justify;">Y est&#225; bien que tengamos palabras para eso.</p><p style="text-align: justify;">El problema aparece cuando usamos la misma sospecha para el oportunista y para quien genuinamente cambi&#243; de opini&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Para quien sigui&#243; el viento y para quien encontr&#243; nueva evidencia.</p><p style="text-align: justify;">Para quien cambi&#243; porque le conven&#237;a y para quien simplemente aprendi&#243; algo.</p><p style="text-align: justify;"><strong>Los tratamos igual, aunque no sean lo mismo.</strong></p><h3>Tener principios no significa pensar siempre lo mismo</h3><p style="text-align: justify;">Aqu&#237; aparece una objeci&#243;n importante.</p><p style="text-align: justify;">Porque podr&#237;amos llevar todo lo anterior demasiado lejos y concluir que cambiar siempre es una demostraci&#243;n de apertura.</p><p style="text-align: justify;">Evidentemente no.</p><p style="text-align: justify;">Hay convicciones que una persona puede conservar durante toda su vida. Y hay cambios que son puro oportunismo.</p><p style="text-align: justify;">Pero tambi&#233;n solemos confundir dos cosas: <strong>un principio y la posici&#243;n concreta desde la que intentamos defenderlo</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Una persona puede creer en la igualdad durante treinta a&#241;os y cambiar de opini&#243;n sobre una pol&#237;tica despu&#233;s de descubrir que no consigui&#243; reducir ninguna desigualdad.</p><p style="text-align: justify;">Puede defender la libertad y modificar lo que piensa sobre una determinada regulaci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Puede conservar el fin y revisar el medio.</p><p style="text-align: justify;">De hecho, algunas veces cambiar de posici&#243;n puede ser la forma m&#225;s coherente de permanecer fiel a un principio.</p><p style="text-align: justify;">Si descubro que la soluci&#243;n que defend&#237;a produce exactamente lo contrario de aquello que quer&#237;a conseguir, insistir &#250;nicamente para poder decir <em>&#8220;yo siempre pens&#233; igual&#8221;</em> ser&#237;a una forma bastante extra&#241;a de coherencia.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; deber&#237;amos preguntar menos:</p><p style="text-align: justify;"><em>&#8220;&#191;Piensas lo mismo que hace diez a&#241;os?&#8221;</em></p><p style="text-align: justify;">Y un poco m&#225;s:</p><p style="text-align: justify;"><em><strong>&#8220;&#191;Qu&#233; aprendiste durante esos diez a&#241;os?&#8221;</strong></em></p><h3>Una democracia necesita gente capaz de cambiar</h3><p style="text-align: justify;">La humildad intelectual no parece ser solamente una virtud privada.</p><p style="text-align: justify;">Cuatro experimentos con 1.668 participantes encontraron que mayores niveles de humildad intelectual estaban relacionados con menor polarizaci&#243;n afectiva y con una mayor disposici&#243;n a acercarse a personas que sosten&#237;an posiciones pol&#237;ticas contrarias.</p><p style="text-align: justify;">No significa que todos terminemos pensando igual.</p><p style="text-align: justify;">Ni deber&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Significa algo bastante m&#225;s modesto:</p><p style="text-align: justify;">poder pensar <em>&#8220;creo que est&#225;s equivocado&#8221;</em> sin concluir inmediatamente <em>&#8220;por lo tanto, no tienes nada que yo pueda escuchar&#8221;</em>.</p><p style="text-align: justify;">Una democracia no necesita ciudadanos que cambien de opini&#243;n todo el tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Pero s&#237; necesita ciudadanos cuya opini&#243;n <strong>pueda cambiar</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Porque si ninguna evidencia, experiencia o argumento tiene siquiera la posibilidad de modificar lo que pensamos, la conversaci&#243;n p&#250;blica pierde buena parte de su sentido.</p><p style="text-align: justify;">Ya no deliberamos.</p><p style="text-align: justify;">Solo contamos cu&#225;ntos somos de cada lado.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21V2HK%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fa153fe56-b89e-441a-9581-26e7695d20dc_736x625.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V2HK!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa153fe56-b89e-441a-9581-26e7695d20dc_736x625.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V2HK!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa153fe56-b89e-441a-9581-26e7695d20dc_736x625.jpeg 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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rupturas en nuestra propia historia.</p><p style="text-align: justify;">Una vida intelectual interesante probablemente tenga algunas.</p><p style="text-align: justify;">Libros que nos desordenaron.</p><p style="text-align: justify;">Personas que nos hicieron ver algo que antes no ve&#237;amos.</p><p style="text-align: justify;">Ideas que defendimos mal.</p><p style="text-align: justify;">Certezas que envejecieron.</p><p style="text-align: justify;">Y alguno que otro momento particularmente inc&#243;modo en el que descubrimos que la persona con la que llev&#225;bamos media hora discutiendo ten&#237;a un punto.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; la coherencia intelectual no consista en pensar siempre lo mismo.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; consista en poder explicar honestamente por qu&#233; pensamos lo que pensamos hoy.</p><p style="text-align: justify;">Y conservar suficiente humildad para aceptar que ma&#241;ana podr&#237;amos descubrir algo nuevo.</p><p style="text-align: justify;">As&#237; que la pr&#243;xima vez que alguien rescate una frase antigua y diga:</p><p style="text-align: justify;"><em>&#8220;Pero t&#250; antes pensabas otra cosa&#8221;</em>,</p><p><em>tal vez no estemos frente a una acusaci&#243;n.</em></p><p><em>Estemos frente a la prueba.</em></p><p><em>La prueba de que, en alg&#250;n momento, alguien cometi&#243; el delito m&#225;s subversivo de todos:</em></p><p><em><strong>pensar de nuevo.</strong></em></p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p>Valeria Mendez</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Todo lo que el terremoto encontró]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez - Analis&#237;s pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/todo-lo-que-el-terremoto-encontro</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/todo-lo-que-el-terremoto-encontro</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 16 Aug 2026 14:51:36 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%216u3g%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F0b7afec8-1a92-4b46-b634-afeb500406c0_1408x768.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p>Yo ten&#237;a otros planes para este domingo.</p><p>Hab&#237;a otro tema, otras preguntas, otra carta incluso ya lista para publicar. Pero despu&#233;s tembl&#243; Colombia.</p><p>Y desde entonces ha sido dif&#237;cil mirar hacia otro lado.</p><p>Familias tratando de entender qu&#233; qued&#243; en pie. Personas buscando a quienes todav&#237;a no aparecen. Comunidades enteras moviliz&#225;ndose. Vecinos levantando escombros, voluntarios llegando a ayudar, empresas prestando recursos, colombianos haciendo lo que pueden desde aquello que saben hacer.</p><p>Tambi&#233;n hemos visto territorios a los que llegar sigue siendo dif&#237;cil, municipios enfrentando la emergencia con capacidades muy distintas y comunidades para las que la ausencia &#8212;o la enorme distancia&#8212; del Estado no empez&#243; esta semana.</p><p>Por eso no pude escribir sobre otra cosa.</p><p>Porque un terremoto es un fen&#243;meno natural. Pero las condiciones sobre las que cae no lo son.</p><p>La pol&#237;tica estaba ah&#237; antes de que temblara.</p><p>En la carretera que exist&#237;a &#8212;o no&#8212; para llegar a una comunidad. En el hospital que pod&#237;a recibir heridos. En la capacidad de una alcald&#237;a para reaccionar. En el acceso al agua. En las comunicaciones. En los presupuestos. En todo aquello que un pa&#237;s construye durante a&#241;os y que, de repente, necesita que funcione al mismo tiempo.</p><p>As&#237; que este domingo no quiero preguntarme por qu&#233; ocurri&#243; el terremoto.</p><p>Quiero entender qu&#233; encontr&#243; cuando lleg&#243;.</p><p>Porque un terremoto puede comenzar en segundos. Pero la forma en que un pa&#237;s llega a esos segundos se construye durante d&#233;cadas.</p><h2>Cuando tiembla, &#191;qui&#233;n responde?</h2><p>Colombia s&#237; tiene un sistema para responder a una emergencia. Desde 2012, la gesti&#243;n del riesgo distribuye responsabilidades entre municipios, departamentos y Naci&#243;n: la respuesta comienza en el territorio y, cuando la capacidad local no alcanza, debe escalar.</p><p>El dise&#241;o tiene l&#243;gica. Pero descansa sobre una condici&#243;n fundamental: que exista una capacidad local desde la cual empezar.</p><p>Porque al alcalde de un municipio grande y al de uno peque&#241;o puede corresponderle, en la ley, la misma primera responsabilidad. Lo que no tienen son las mismas herramientas para asumirla.</p><p>Uno puede comenzar con hospitales, maquinaria, varias v&#237;as de acceso, presupuesto, funcionarios especializados y buenas comunicaciones. Otro puede llegar al mismo terremoto con una v&#237;a precaria, un puesto de salud limitado, poca capacidad fiscal y una administraci&#243;n que ya estaba intentando hacer demasiado con muy poco.</p><p>El sistema es el mismo.</p><p>El territorio sobre el que aterriza, no.</p><p>El propio Estado colombiano reconoce enormes diferencias de capacidad fiscal, institucional y de conectividad entre sus municipios. Y eso explica parte de lo que vimos esta semana.</p><p>Mientras en ciudades como Pereira o Cali pudieron desplegarse grandes operaciones de rescate, algunas comunidades de Choc&#243;, mucho m&#225;s cerca del epicentro, enfrentaron problemas de acceso, conectividad y servicios que hicieron m&#225;s dif&#237;cil incluso saber qu&#233; estaba ocurriendo y hacer llegar la respuesta.</p><p>Ah&#237; hay una paradoja brutal: se puede estar m&#225;s cerca del terremoto y mucho m&#225;s lejos de la ayuda.</p><p>Porque la distancia del Estado no se mide &#250;nicamente en kil&#243;metros.</p><p>Tambi&#233;n se mide en cu&#225;nto tarda una ambulancia. En si existe otra carretera cuando la primera se bloquea. En cu&#225;nto demora una autoridad en saber qu&#233; necesita una comunidad. En cu&#225;nto tiempo pasa entre que un derecho existe en el papel y alguien puede utilizarlo en la realidad.</p><p>Por eso una carretera no solo conecta dos lugares.</p><p>Tambi&#233;n acerca el Estado.</p><p>Y muchas de las dificultades que hoy aparecen bajo la palabra <em>emergencia</em> no nacieron con el terremoto.</p><p>La v&#237;a ya faltaba. El hospital ya era insuficiente. La alcald&#237;a ya ten&#237;a pocos recursos. La comunidad ya estaba lejos.</p><p>Una crisis simplemente hace que problemas que normalmente aparecen separados en informes, ministerios y presupuestos empiecen a producir consecuencias al mismo tiempo.</p><p>Eso es lo que hace un terremoto: convierte problemas estructurales en urgencias.</p><p>Y quiz&#225; por eso convenga mirar esta tragedia por fuera de la pelea pol&#237;tica inmediata.</p><p>Los gobiernos cambian. Los discursos cambian. Las prioridades cambian. Algunas cosas mejoran much&#237;simo. Otras sobreviven a administraciones enteras y vuelven a aparecer, d&#233;cada tras d&#233;cada, en territorios demasiado parecidos. Porque hay problemas que son m&#225;s viejos que cualquier gobierno de turno. Hay ausencias que se heredan.</p><p><span>Mocoa es el ejemplo perfecto, aunque casi nadie fuera de Colombia lo conozca. Es la capital de Putumayo, un departamento en el sur del pa&#237;s, y en 2017 sufri&#243; una avalancha que dej&#243; m&#225;s de trescientos muertos. Ese desastre gener&#243; exactamente las mismas promesas que estamos escuchando hoy: reconstrucci&#243;n, aprendizaje, y la promesa de no volver a improvisar.</span></p><p><span>Nueve a&#241;os despu&#233;s, mientras el pa&#237;s entero mira hacia Choc&#243;, Mocoa sigue sin terminar de reconstruirse. La Contralor&#237;a abri&#243; un proceso fiscal por m&#225;s de 24 mil millones de pesos que estaban destinados a construir 909 viviendas para los damnificados &#8212;viviendas que, a&#241;os despu&#233;s de girado el dinero, en su mayor&#237;a todav&#237;a no se han entregado. Encontr&#243; algo peor: las obras construidas espec&#237;ficamente para mitigar el riesgo de que volviera a ocurrir una tragedia como esa fallaron tan gravemente que el r&#237;o cambi&#243; de cauce, y hoy el riesgo para la comunidad de Mocoa es mayor que el que hab&#237;a antes de la avalancha.</span></p><p><span>El dinero que deb&#237;a salvarlos de la pr&#243;xima avalancha fue, literalmente, el que se la garantiz&#243;.</span></p><p><span>Y cuando una crisis vuelve a mostrar las mismas carreteras que no llegan, los mismos territorios desconectados y las mismas enormes diferencias en capacidad estatal, quiz&#225;s el asunto ya no sea preguntarnos &#250;nicamente qui&#233;n gobierna hoy, sino por qu&#233;, despu&#233;s de tantos gobiernos distintos, el mapa del abandono todav&#237;a conserva lugares demasiado conocidos.</span></p><p><span>El terremoto no cre&#243; esa geograf&#237;a.</span></p><p><span>Solo volvi&#243; a iluminarla.</span></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%216u3g%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F0b7afec8-1a92-4b46-b634-afeb500406c0_1408x768.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!6u3g!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0b7afec8-1a92-4b46-b634-afeb500406c0_1408x768.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!6u3g!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0b7afec8-1a92-4b46-b634-afeb500406c0_1408x768.jpeg 848w, 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class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h2>Resolver</h2><p>Y mientras esa estructura institucional intenta ponerse en movimiento, ocurre otra cosa que estos d&#237;as hemos visto por todas partes.</p><p>Los colombianos empiezan a resolver.</p><p>En Pereira, miles de civiles se sumaron a las labores oficiales de emergencia: removieron escombros, formaron cadenas humanas y ayudaron en las b&#250;squedas. En distintos lugares aparecieron personas ofreciendo comida, alojamiento, transporte, dinero, conocimientos profesionales o simplemente sus manos.</p><p>Hay algo demasiado conocido en esa imagen.</p><p>Si tuviera que escoger una palabra para describir una parte muy colombiana de nosotros, ser&#237;a esa:</p><p><strong>resolvemos.</strong></p><p>Lo hicimos durante la pandemia. Cuando miles de familias perdieron de un d&#237;a para otro la posibilidad de sostenerse, aparecieron ollas comunitarias organizadas desde los propios barrios; solo en Cali llegaron a funcionar alrededor de 150 al mismo tiempo.</p><p>Y no sucede &#250;nicamente durante una cat&#225;strofe. M&#225;s de nueve millones de personas en Colombia se abastecen gracias al trabajo de gestores comunitarios del agua: organizaciones de los propios territorios que administran y sostienen sistemas de abastecimiento.</p><p>No todos esos casos significan lo mismo, ni toda organizaci&#243;n comunitaria nace de una ausencia estatal. Una sociedad fuerte necesita comunidades capaces de participar, organizarse y trabajar con sus instituciones.</p><p>Pero en demasiados lugares conocemos tambi&#233;n la otra versi&#243;n.</p><p>Cuando la soluci&#243;n no llega, tarda demasiado o simplemente no puede esperar, miramos hacia los lados: al vecino, a la familia, a la Junta, a la iglesia, al comerciante, a quien tiene un carro, una herramienta, un contacto, una casa, algo que pueda servir.</p><p>Y eso produce una sensaci&#243;n extra&#241;a.</p><p>Me llena de orgullo vivir en un pa&#237;s cuya gente aparece cuando hace falta. Me encanta esa capacidad nuestra de hacer una vaca, montar una olla, abrir una casa, conseguir un carro o preguntar qu&#233; necesita el otro.</p><p>Pero el orgullo no deber&#237;a impedirnos preguntarnos por qu&#233; tuvimos que volvernos tan buenos haci&#233;ndolo.</p><p>Despu&#233;s de suficiente tiempo, algo cambia.</p><p>Dejamos de preguntarnos &#250;nicamente qui&#233;n deber&#237;a hacerse cargo y empezamos a preguntarnos a qui&#233;n conocemos para solucionarlo.</p><p>No porque ignoremos qu&#233; le corresponde al Estado. Precisamente porque conocemos tambi&#233;n el tiempo que puede existir entre esa responsabilidad y su cumplimiento.</p><p>Resolvemos porque hemos aprendido que esperar al Estado puede costar demasiado tiempo y, a veces, demasiadas vidas.</p><p>En la vida cotidiana, ese tiempo puede significar a&#241;os esperando una v&#237;a, agua o un servicio.</p><p>En una emergencia puede significar horas que alguien no tiene.</p><p>Por eso quiz&#225; debamos tener cuidado con una palabra que nos encanta utilizar para describirnos: <em>resiliencia</em>.</p><p>Claro que somos resilientes.</p><p>Pero no todo lo que llamamos resiliencia lo es.</p><p>A veces es supervivencia organizada.</p><p>Y quiz&#225; podamos sostener las dos cosas al mismo tiempo: sentir orgullo por un pa&#237;s que se mueve cuando alguien lo necesita y negarnos a aceptar como normal que tantas veces tenga que hacerlo porque la respuesta institucional tard&#243;, fue insuficiente o nunca lleg&#243;.</p><p>Reconocer lo que le corresponde al Estado no nos exime de lo que podemos hacer nosotros. Y querer que ma&#241;ana funcione mejor no hace menos urgente ayudar hoy.</p><p>Hoy toca resolver tambi&#233;n.</p><p>Pero esta vez, ojal&#225;, no solos.</p><p>Que las instituciones hagan lo que les corresponde. Que lleguen los recursos, los equipos, las respuestas y la reconstrucci&#243;n. Y mientras todo eso ocurre, hagamos tambi&#233;n lo que tantas veces hemos sabido hacer: sostener al que tenemos al lado.</p><p>Porque ayudar no reemplaza al Estado.</p><p>Una cadena humana no reconstruye una carretera. Una donaci&#243;n no corrige d&#233;cadas de abandono. Una familia que abre su casa no resuelve una pol&#237;tica de vivienda. Una olla no sustituye la seguridad alimentaria de una comunidad.</p><p>Pero para alguien que hoy no tiene d&#243;nde dormir, una cama importa.</p><p>Para una familia que no sabe d&#243;nde est&#225; uno de los suyos, una llamada importa.</p><p>Para quien perdi&#243; su ingreso, una compra importa.</p><p>Para un hospital que necesita sangre, un donante importa.</p><p>As&#237; que ayudemos desde donde podamos y con lo que tengamos. Con dinero, si es posible. Con sangre. Con transporte. Con alojamiento. Con conocimientos profesionales. Comprando en un negocio afectado. Flexibilizando una deuda, un plazo o una obligaci&#243;n. Compartiendo &#250;nicamente informaci&#243;n confirmada. Preguntando antes de asumir qu&#233; necesita el otro.</p><p>Y acompa&#241;emos tambi&#233;n despu&#233;s.</p><p>Porque las emergencias tienen una vida mucho m&#225;s larga que las noticias sobre ellas. Llegar&#225; el momento en que disminuyan las im&#225;genes, las cadenas humanas se desarmen y la conversaci&#243;n nacional pase inevitablemente a otra cosa.</p><p>Para muchas familias, ah&#237; apenas comenzar&#225; la reconstrucci&#243;n.</p><p>Mientras tanto, hay personas que nos necesitan ahora.</p><p>Y hay muchas formas de llegar.</p><h3>Para ayudar o pedir ayuda</h3><ul><li><p><strong>Donaciones:</strong> la Cruz Roja Colombiana mantiene activa la campa&#241;a <strong>#TodosPorColombia</strong> para atender la emergencia. Los canales oficiales de aporte est&#225;n publicados por la instituci&#243;n.</p></li><li><p><strong>Si perdi&#243; contacto con un familiar:</strong> Restablecimiento de Contactos Familiares de la Cruz Roja: WhatsApp <strong>321 213 9525</strong> o correo <strong><a href="iframe.php?url=mailto%3Arcf%40cruzrojacolombiana.org">rcf@cruzrojacolombiana.org</a></strong>.</p></li><li><p><strong>Donaci&#243;n de sangre:</strong> la Cruz Roja mantiene un llamado urgente y una red de puntos de donaci&#243;n en distintas ciudades del pa&#237;s.</p></li><li><p><strong>Emergencia inmediata:</strong> <strong>123</strong>, L&#237;nea &#218;nica Nacional de Emergencias.</p></li><li><p><strong>Ni&#241;os, ni&#241;as o adolescentes en riesgo, solos o separados de sus cuidadores:</strong> <strong>L&#237;nea 141 del ICBF</strong>, gratuita, nacional y disponible las 24 horas.</p></li></ul><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;">Valeria Mendez</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cuando la mirada no basta]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez - Analis&#237;s pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/cuando-la-mirada-no-basta</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/cuando-la-mirada-no-basta</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 09 Aug 2026 13:22:00 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21MzVi%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F11bff614-3ee6-48e9-a58b-efd2e7190145_1024x559.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;"><span>Antes de entrar en el tema de hoy, quiero volver un momento a algunos de los textos anteriores. Porque este no nace solo. Nace de todo lo que ven&#237;amos construyendo juntos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Durante las &#250;ltimas semanas he querido insistir en una idea que para m&#237; es fundamental: la pol&#237;tica no empieza en un ministerio, ni en una ley, ni siquiera en una elecci&#243;n. Empieza mucho antes.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Por eso empezamos con </span><em><span>El lujo de pensar</span></em><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque antes de decidir pol&#237;ticamente hay que pensar. Y pensar, de verdad, necesita tiempo. Necesita ese peque&#241;o espacio entre lo que ocurre y nuestra reacci&#243;n inmediata; el suficiente para preguntarnos si entendimos bien, si estamos viendo todo, si nuestra primera respuesta merece convertirse tambi&#233;n en la definitiva.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Despu&#233;s vino </span><em><span>La carpeta que nunca vimos</span></em><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ah&#237; quise mostrarte qu&#233; pasa cuando ese tiempo desaparece frente a las decisiones p&#250;blicas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Te convert&#237; en alcalde, te entregu&#233; recursos limitados y te obligu&#233; a escoger entre dos problemas. Y solamente despu&#233;s abrimos la carpeta que faltaba.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque esa es una de las grandes dificultades de la pol&#237;tica: casi nunca vemos la decisi&#243;n completa.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Vemos el malec&#243;n. No siempre vemos el arroyo. Vemos cu&#225;nto cost&#243; una pol&#237;tica, pero no necesariamente qu&#233; problema intentaba prevenir. Vemos una decisi&#243;n terminada, comprimida en un titular, pero reconstruir la carpeta que la produjo exige informaci&#243;n, contexto y, sobre todo, tiempo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El mismo tiempo del que hab&#237;amos hablado antes.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y despu&#233;s lleg&#243; </span><em><span>Cambiar el orden</span></em><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ah&#237; quise llevar la pol&#237;tica a su expresi&#243;n m&#225;s cercana.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hablamos de Jes&#250;s, s&#237;. Pero hablamos tambi&#233;n de la forma en que miramos al diferente, de aquello que decidimos volver paisaje, de la indiferencia frente a lo que no ocurre dentro de nuestra propia casa y de algo que sigo creyendo profundamente: que cada uno de nosotros participa pol&#237;ticamente mucho antes de depositar un voto.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Despu&#233;s de esa columna varias personas me dijeron que parec&#237;a que hab&#237;a dejado de escribir de pol&#237;tica para empezar a escribir de humanismo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero para m&#237; nunca hubo una separaci&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No puedo concebir una comunidad pol&#237;tica sin una base humana que la sostenga.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Antes del Estado est&#225;n las personas que lo integran. Antes de las instituciones existe una sociedad que ha aprendido &#8212;o no&#8212; a convivir. Y la manera en que esa sociedad mira al otro, tolera determinadas injusticias, normaliza ciertas ausencias o decide hacerse cargo de ellas termina formando tambi&#233;n su cultura pol&#237;tica.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>A esa primera dimensi&#243;n de la pol&#237;tica quiero ponerle hoy un nombre.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Voy a llamarla </span><strong><span>la pol&#237;tica de la mirada</span></strong><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es la pol&#237;tica que ocurre en la escala m&#225;s cercana: en la forma en que vemos al otro, en aquello que elegimos reconocer, en nuestras palabras, nuestras omisiones, nuestros prejuicios y nuestras responsabilidades dentro de una vida que inevitablemente compartimos con otras personas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y quiero dejar algo muy claro: no estoy hablando de una pol&#237;tica menor.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Al contrario.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Para m&#237;, ah&#237; est&#225; la base de todo lo dem&#225;s.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Una sociedad incapaz de mirar al otro dif&#237;cilmente construir&#225; instituciones capaces de hacerlo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Una sociedad acostumbrada a la indiferencia probablemente terminar&#225; toler&#225;ndola tambi&#233;n desde el poder.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y una democracia formada por individuos que renunciaron a pensar tendr&#225; muy pocas defensas frente a quienes est&#233;n dispuestos a pensar por ellos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>La pol&#237;tica de la mirada, entonces, sigue siendo indispensable.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero hay un punto en el que mirar bien ya no basta.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hay que saber </span><strong><span>cu&#225;ndo cambiar de lente</span></strong><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y de eso se trata el texto de hoy.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Esta, Querido Elector, es la segunda parte de la conversaci&#243;n que hemos venido construyendo: la de la pol&#237;tica cuando deja la escala del individuo y entra en la de las instituciones, las pol&#237;ticas p&#250;blicas y el Estado.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es la parte m&#225;s t&#233;cnica &#8212;y probablemente la m&#225;s compleja&#8212; de todo lo que hemos hablado hasta ahora.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es, finalmente, ciencia pol&#237;tica de manual.</span></p><h3><strong><span>Cambia de lente</span></strong></h3><p style="text-align: justify;">Vamos a lo concreto</p><p style="text-align: justify;"><span>Defender tus ideas, tus principios, tus valores o tu moral en una conversaci&#243;n, en un debate, en una columna de opini&#243;n o incluso en un texto acad&#233;mico es completamente leg&#237;timo. Es m&#225;s: es necesario. Ah&#237; vive la pol&#237;tica de la mirada, y ya te dije que la considero la base de todo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El problema &#8212;el peligro real del que quiero hablarte hoy&#8212; aparece cuando creemos que el Estado funciona, o deber&#237;a funcionar, con esa misma l&#243;gica.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>A esa otra escala &#8212;la del Estado, sus instituciones, sus leyes y sus pol&#237;ticas p&#250;blicas&#8212; la voy a llamar </span><strong><span>la arquitectura del sistema</span></strong><span>. No es un t&#233;rmino que vayas a encontrar en un manual. Es simplemente el nombre que voy a usar en estas p&#225;ginas para que nos entendamos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y cuando entramos en ella cambian, sobre todo, las preguntas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque ahora hay que preguntarse cu&#225;ntas personas est&#225;n afectadas. Qu&#233; ocurre si intervenimos. Qu&#233; ocurre si no hacemos nada. Qui&#233;n asume los costos. Qu&#233; efectos pueden aparecer dentro de diez a&#241;os. Qu&#233; consecuencias produce una decisi&#243;n cuando deja de recaer sobre una sola persona y empieza a organizar la vida de millones.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y esas preguntas ya no se responden solamente con una opini&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Exigen conocer el pa&#237;s que se est&#225; intentando gobernar: cu&#225;ntas personas viven en pobreza, d&#243;nde falta acceso a salud o educaci&#243;n, qu&#233; regiones crecen y cu&#225;les se vac&#237;an, cu&#225;l es la tasa de natalidad, de mortalidad, de desempleo, qu&#233; problemas llevan d&#233;cadas sin resolverse y cu&#225;les acaban de aparecer.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque un pa&#237;s no es una experiencia individual multiplicada por millones.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es millones de experiencias distintas ocurriendo al mismo tiempo, atravesadas por problemas distintos, en lugares distintos y con consecuencias distintas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hay problemas nuevos. Problemas estructurales &#8212;como el arroyo de nuestro experimento&#8212; que llevan a&#241;os esperando. Problemas que conseguimos reducir. Otros que dejamos crecer. Y algunos que, de tanto convivir con ellos, terminamos normalizando.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Esa totalidad cambia la forma en que una decisi&#243;n tiene que ser pensada.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Lo que a ti o a m&#237; puede parecernos evidente desde nuestra propia experiencia puede verse completamente distinto cuando aparecen la escala, los datos, el tiempo y las consecuencias de una poblaci&#243;n entera.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>&#191;Por qu&#233;?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>&#191;Qu&#233; tiene el Estado que hace que su l&#243;gica no pueda ser simplemente la tuya, la m&#237;a o la de una empresa?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y, antes que nada, &#191;qu&#233; es exactamente el Estado y para qu&#233; existe?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Eso es lo que vamos a que entender ahora.</span></p><h3><strong><span>EL ESTADO</span></strong></h3><p style="text-align: justify;"><span>Empecemos por lo m&#225;s simple, aunque no sea f&#225;cil.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Para los efectos de este texto, parto de una idea: el Estado no es una persona. Tampoco es una empresa. Es otra cosa &#8212;una tercera cosa&#8212; que existe, entre otras funciones, para sostener la vida en com&#250;n de millones de personas que nunca se van a conocer entre s&#237;. Garantiza derechos, produce orden, recauda, redistribuye, regula, provee lo que el mercado no provee. Y una de sus tareas centrales &#8212;no la &#250;nica, pero s&#237; una de las que m&#225;s nos interesa hoy&#8212; es resolver los problemas que esa convivencia produce, y prevenir los que todav&#237;a no han estallado.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Dicho as&#237;, suena casi obvio. Pero tiene una consecuencia que no lo es tanto: si el Estado existe para eso, entonces no puede pensarse ni con la l&#243;gica con la que t&#250; organizas tu vida, ni con la l&#243;gica con la que una empresa organiza sus ganancias. Necesita una l&#243;gica propia.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El soci&#243;logo alem&#225;n Max Weber dedic&#243; buena parte de su obra a esa idea. Habl&#243; de dos formas distintas de actuar en pol&#237;tica. Una es la &#233;tica de la convicci&#243;n: hacer lo que uno cree correcto, sin detenerse demasiado a calcular las consecuencias, porque lo que importa es la pureza de la intenci&#243;n. La otra es la &#233;tica de la responsabilidad: hacerse cargo de lo que efectivamente va a pasar como resultado de una decisi&#243;n, aunque esa decisi&#243;n incomode, aunque no se sienta moralmente satisfactoria.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Weber no exige que quien gobierna abandone sus convicciones. Le exige algo m&#225;s preciso: que no pueda refugiarse en ellas para desentenderse de las consecuencias previsibles de sus decisiones. Porque tu convicci&#243;n es tuya. Las consecuencias de una decisi&#243;n de Estado no son solo tuyas &#8212; las cargan millones de personas que ni siquiera saben que esa decisi&#243;n se tom&#243;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>D&#233;cadas despu&#233;s, otros pensadores retomaron esa misma idea con otras palabras. La polit&#243;loga Theda Skocpol, ya en los a&#241;os ochenta, discuti&#243; con quienes cre&#237;an que el Estado era solo un espacio donde distintos grupos &#8212;empresarios, iglesias, sindicatos, opiniones p&#250;blicas&#8212; compet&#237;an para imponer su inter&#233;s. Ella insisti&#243; en que las instituciones estatales no son simplemente una caja vac&#237;a donde se reflejan autom&#225;ticamente los deseos de esos grupos. Tienen autonom&#237;a y capacidad propia &#8212; pueden tomar decisiones que no son simplemente el reflejo de lo que la sociedad, o la moral de la sociedad, les exige en un momento dado.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y yo agregar&#237;a, con la voz de quien lleva semanas escribi&#233;ndote sobre esto: el Estado tiene que escuchar a la sociedad, pero no puede limitarse a hacer lo que la sociedad, en su reacci&#243;n m&#225;s inmediata, le pide. Porque esa reacci&#243;n inmediata es, casi siempre, la pol&#237;tica de la mirada. Y ya sabes lo que pasa cuando la aplicamos a algo que no le corresponde.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Vamos a ver esa l&#243;gica funcionando en un caso real:</span></p><p style="text-align: justify;"><span>En Bogot&#225; existe, desde 2014, un programa llamado CAMBIE, impulsado por la Corporaci&#243;n Acci&#243;n T&#233;cnica Social, que reparte jeringas limpias a personas que se inyectan hero&#237;na. La raz&#243;n es simple y dura: muchas de esas personas reutilizaban la misma jeringa una y otra vez, y a veces la compart&#237;an. Y eso no solo agravaba su adicci&#243;n &#8212; las estaba matando de otra manera, mucho m&#225;s silenciosa: infecciones, VIH, hepatitis C.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Si nos quedamos &#250;nicamente en la pol&#237;tica de la mirada, es f&#225;cil entender por qu&#233; una medida as&#237; puede generar rechazo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Quien condena el consumo de drogas puede mirar al Estado repartiendo jeringas y pensar: &#8220;&#191;c&#243;mo va a hacer esto? Est&#225; facilitando el consumo. Lo est&#225; incentivando&#8221;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y esa reacci&#243;n, desde la escala individual, tiene una l&#243;gica.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El problema aparece cuando esa valoraci&#243;n basta para cerrar la discusi&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque la arquitectura del sistema tiene que hacer otra pregunta, mucho menos intuitiva: dado que esto ya est&#225; ocurriendo y no desaparece porque yo lo condene, &#191;qu&#233; consecuencias est&#225; produciendo y qu&#233; puede hacer el Estado frente a ellas?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y es que  el problema real no era solo la adicci&#243;n. Era que gente se estaba muriendo por infecciones evitables, y que tratar una hepatitis C le cuesta al sistema de salud much&#237;simo m&#225;s que repartir jeringas est&#233;riles. No tengo una evaluaci&#243;n que me permita decirte cu&#225;ntas infecciones evit&#243; espec&#237;ficamente este programa en Bogot&#225; &#8212; esa cifra exacta no existe, o al menos yo no la encontr&#233;. Pero s&#237; sabemos, por d&#233;cadas de evidencia internacional, que los programas de intercambio de jeringas reducen el riesgo de transmisi&#243;n de enfermedades y que, calculando el costo de una infecci&#243;n evitada frente al costo de un tratamiento de por vida, resultan mucho m&#225;s baratos para el Estado que no hacer nada.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ah&#237; est&#225;, en miniatura, todo lo que te vengo explicando. La pol&#237;tica de la mirada te dice por qu&#233; esa persona importa. La arquitectura del sistema tiene que decidir qu&#233; hacer, en t&#233;rminos poblacionales, para que esa persona no muera.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No te cuento esto para decirte que el Estado siempre acierta. Tampoco para pedirte que apruebes moralmente el consumo de drogas &#8212;esa ni siquiera es la pregunta que est&#225; en juego.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Te lo cuento porque CAMBIE nos permite ver, en un caso muy concreto, algo que se repite detr&#225;s de much&#237;simas pol&#237;ticas p&#250;blicas que probablemente nunca llegamos a conocer: una pol&#237;tica p&#250;blica no empieza preguntando si el fen&#243;meno deber&#237;a existir. Empieza reconociendo que existe, pregunt&#225;ndose qu&#233; consecuencias produce y qu&#233; puede hacer el Estado frente a ellas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No se trata de apagar tu juicio moral. Se trata de no confundirlo con el diagn&#243;stico de lo que realmente est&#225; pasando.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque la realidad de un pa&#237;s no desaparece solo porque nuestra valoraci&#243;n moral de ella sea negativa.</span></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21MzVi%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F11bff614-3ee6-48e9-a58b-efd2e7190145_1024x559.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!MzVi!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F11bff614-3ee6-48e9-a58b-efd2e7190145_1024x559.png 424w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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Se siente como sentido com&#250;n.</p><p style="text-align: justify;">Es pensar al Estado como una empresa.</p><p style="text-align: justify;">Suena razonable: si una estructura cuesta demasiado, se reduce. Si una oficina no funciona, se elimina. Si los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos, hay que ordenar las cuentas.</p><p style="text-align: justify;">Y quiero decir algo desde el principio: nada de eso es necesariamente absurdo. Un Estado tambi&#233;n puede desperdiciar recursos, duplicar funciones, sostener burocracias que ya no sirven.</p><p style="text-align: justify;">El problema empieza en otro lugar: cuando ahorrar se convierte, por s&#237; mismo, en una medida de &#233;xito.</p><p style="text-align: justify;">Argentina ofrece un ejemplo reciente. Cuando Javier Milei asumi&#243; la presidencia en diciembre de 2023, una de sus primeras decisiones fue reducir el gabinete nacional de dieciocho ministerios a nueve, presentado como un esfuerzo por racionalizar y volver m&#225;s eficiente al Estado.</p><p style="text-align: justify;">Varias &#225;reas dejaron entonces de existir como ministerios aut&#243;nomos y fueron absorbidas, degradadas o reorganizadas dentro de otras carteras. Entre ellas estaban Mujer, G&#233;neros y Diversidad; Cultura; Trabajo; Ciencia y Tecnolog&#237;a; y Ambiente. En el caso de las pol&#237;ticas de g&#233;nero, la estructura que hered&#243; las competencias del antiguo ministerio termin&#243; siendo eliminada meses despu&#233;s.</p><p style="text-align: justify;">No quiero entrar aqu&#237; a decidir si cada uno de esos ministerios deb&#237;a existir exactamente como estaba dise&#241;ado. Esa es otra discusi&#243;n. Lo que me interesa es la pregunta anterior: &#191;qu&#233; significa realmente que una estructura estatal sea &#8220;eficiente&#8221;?</p><p style="text-align: justify;">Porque una empresa puede mirar una unidad que genera p&#233;rdidas y concluir que debe cerrarla. El Estado no siempre puede hacer lo mismo. Un hospital rural puede perder plata. Un sistema de prevenci&#243;n de violencia puede funcionar precisamente porque evita que algo ocurra, y entonces su mayor &#233;xito es dif&#237;cil de mostrar en una cifra inmediata.</p><p style="text-align: justify;">La pregunta, entonces, no puede terminar en cu&#225;nto cuesta algo. Tambi&#233;n hay que preguntarse qu&#233; problema resuelve y qu&#233; ocurre cuando desaparece &#8212; porque cerrar una instituci&#243;n produce un ahorro que se ve hoy, pero perder la capacidad que construy&#243; puede costar mucho m&#225;s dentro de cinco, diez o veinte a&#241;os.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; volvemos a nuestra arquitectura. Cuando pensamos al Estado como una empresa, corremos el riesgo de confundir el balance contable con el resultado p&#250;blico. Una empresa mide su &#233;xito por lo que gana. El Estado tiene que medir tambi&#233;n lo que evita: las enfermedades que no llegaron, los conflictos que no escalaron, las emergencias atendidas antes de volverse tragedias, la infraestructura que sigui&#243; funcionando.</p><p style="text-align: justify;">Y muchas de esas cosas tienen un problema pol&#237;tico enorme: son dif&#237;ciles de fotografiar.</p><p style="text-align: justify;">Por eso la discusi&#243;n no es si el Estado debe ser eficiente. Claro que debe serlo. La pregunta es bastante m&#225;s inc&#243;moda: &#191;eficiente para qu&#233;?</p><h4><strong><span>Y el mismo error, al rev&#233;s</span></strong></h4><p style="text-align: justify;"><span>Cuando un presidente termina su gobierno dejando deuda, o un d&#233;ficit fiscal, tendemos &#8212;sobre todo hoy, sobre todo desde este mismo lente empresarial&#8212; a llamarlo mala gesti&#243;n. Casi un desfalco. Como si endeudar al Estado fuera, por definici&#243;n, sin&#243;nimo de haber administrado mal.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero entonces, siguiendo esa misma l&#243;gica, un super&#225;vit fiscal &#8212;cuando un gobierno recauda m&#225;s de lo que gasta&#8212; tendr&#237;a que ser sin&#243;nimo de buena gesti&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>&#191;Y es as&#237;? La respuesta es que no. No siempre. No sin contexto. Y no necesariamente.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ah&#237; tienes a Estados Unidos, el pa&#237;s que para muchos sigue siendo el ejemplo a seguir en casi todo. Su deuda p&#250;blica supera hoy los 39 billones de d&#243;lares &#8212; m&#225;s del 125% de todo lo que produce su econom&#237;a en un a&#241;o. Es, en n&#250;meros absolutos, la deuda m&#225;s grande del planeta. Y sin embargo, nadie construye ah&#237; su argumento sobre si Estados Unidos &#8220;administra bien o mal&#8221; solamente mirando ese n&#250;mero. Lo que se pregunta &#8212;lo que deber&#237;amos preguntarnos siempre&#8212; es en qu&#233; se sostiene esa deuda, qu&#233; produce, y qu&#233; pasar&#237;a si dejara de existir.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No es lo mismo endeudarse para sostener indefinidamente un gasto que no produce nada, que hacerlo para construir un hospital o evitar el colapso de la econom&#237;a en una crisis. Tampoco es lo mismo un super&#225;vit que nace de cobrar impuestos con justicia, que uno que se logra aplazando lo urgente para que la cifra del a&#241;o cierre bonita. El n&#250;mero aislado no te dice cu&#225;l de esas cosas est&#225;s viendo &#8212; hace falta preguntar en qu&#233; se gast&#243;, qu&#233; produjo, y qu&#233; hubiera costado no gastarlo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es exactamente el mismo error que vimos con la moralizaci&#243;n, solo que esta vez con el $igno cambiado. Gastar de m&#225;s nos parece autom&#225;ticamente malo, y gastar de menos nos parece autom&#225;ticamente bueno. Ninguna de las dos cosas es cierta por s&#237; sola.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y ah&#237; est&#225;, creo, el verdadero hilo de todo lo que te he venido contando hoy. No son dos errores distintos. Es el mismo error, disfrazado varias veces. Es pedirle al Estado que piense con una l&#243;gica prestada &#8212;la moral individual en un caso, el balance de una empresa en el otro&#8212; en lugar de con la l&#243;gica que efectivamente le corresponde: la de prevenir, sostener y responder por millones de personas que nunca vamos a conocer, durante a&#241;os que van a superar a cualquiera de nosotros.</span></p><h3><strong>Para cerrar, Querido Elector.</strong></h3><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; ese sea, al final, el punto de todo este texto. No dejar de mirar. Sino aprender cu&#225;ndo nuestra mirada ya no alcanza.</p><p style="text-align: justify;">Porque una democracia necesita ciudadanos con valores, con principios, con sensibilidad frente al otro. Necesita personas capaces de indignarse, de cuestionar, de no convertir la injusticia en paisaje. Pero tambi&#233;n necesita electores capaces de entender que gobernar un pa&#237;s exige algo m&#225;s que trasladar nuestras intuiciones privadas a una escala mayor.</p><p style="text-align: justify;">Exige contexto. Exige datos. Exige tiempo. Exige preguntarse no solo cu&#225;nto cuesta una pol&#237;tica, sino qu&#233; problema intenta resolver. No solo cu&#225;nto gast&#243; un gobierno, sino en qu&#233; gast&#243;. No solo cu&#225;nto se endeud&#243;, sino para qu&#233;. No solo qu&#233; instituci&#243;n cerr&#243;, sino qu&#233; capacidad desapareci&#243; con ella.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez por eso llevamos tantas semanas hablando de la mirada. Primero aprendimos a detenerla. Despu&#233;s, a desconfiar de la carpeta incompleta. Luego, a dirigirla hacia quienes hab&#237;amos dejado fuera. Hoy solo quer&#237;a agregar una &#250;ltima cosa: tambi&#233;n hay que saber a qu&#233; distancia mirar.</p><p style="text-align: justify;">Porque demasiado cerca, la pol&#237;tica puede parecer una suma de decisiones individuales. Demasiado lejos, puede convertirse en n&#250;meros sin personas. Y gobernar &#8212;pero tambi&#233;n elegir a quienes gobiernan&#8212; exige aprender a sostener las dos cosas al mismo tiempo: la humanidad suficiente para no olvidar a qui&#233;n afecta una decisi&#243;n, y la distancia suficiente para entender qu&#233; ocurre cuando esa decisi&#243;n alcanza a millones.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; esa sea la diferencia entre opinar sobre pol&#237;tica y empezar, de verdad, a entenderla.</p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;">Valeria Mendez</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cambiar el orden]]></title><description><![CDATA[Proyecto Nazaret &#183; Parte I]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/cambiar-el-orden</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/cambiar-el-orden</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 26 Jul 2026 20:03:31 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%219FtV%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F55d4bfee-69fa-4890-bccc-44139612f7a2_736x611.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">El domingo pasado no hubo columna.</p><p style="text-align: justify;">No quise competir con la final del Mundial. La verdad, yo tambi&#233;n estaba esperando ese partido y sent&#237; que, por un d&#237;a, todos &#237;bamos a estar mirando hacia el mismo lugar. Me pareci&#243; m&#225;s honesto encontrarnos esta semana.</p><p style="text-align: justify;">Pero tengo que confesar algo.</p><p style="text-align: justify;">Extra&#241;&#233; escribir.</p><p style="text-align: justify;">Extra&#241;&#233; esa ansiedad de todos los domingos antes de publicar. Extra&#241;&#233; cerrar el computador, respirar profundo y empezar a esperar sus respuestas. Porque hace rato Querido Elector dej&#243; de sentirse como una columna que escribo yo y empez&#243; a sentirse como una conversaci&#243;n que construimos entre todos.</p><p style="text-align: justify;">Lo bueno de ese peque&#241;o descanso fue otra cosa.</p><p style="text-align: justify;">Me regal&#243; tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Tiempo para seguir leyendo, para seguir pensando y, sobre todo, para seguir haci&#233;ndome preguntas.</p><p style="text-align: justify;">Porque, si algo he descubierto desde que empec&#233; este proyecto, es que casi todos los art&#237;culos nacen igual: de una pregunta que no me deja tranquila.</p><p style="text-align: justify;">Esta vez, la culpa la tuvo una serie.</p><p style="text-align: justify;">Se llama The Chosen (Los Elegidos) y, para quienes todav&#237;a no la han visto, reconstruye la vida de Jes&#250;s de Nazaret desde una perspectiva profundamente humana. No se concentra &#250;nicamente en sus milagros o en los grandes episodios que casi todos conocemos. Se detiene, sobre todo, en las personas que lo rodearon y en la manera en que &#233;l se relacionaba con ellas.</p><p style="text-align: justify;">Empec&#233; a verla por curiosidad.</p><p style="text-align: justify;">Y termin&#233; haciendo algo que no esperaba.</p><p style="text-align: justify;">Pausaba los cap&#237;tulos para tomar notas.</p><p style="text-align: justify;">Porque hab&#237;a algo que se repet&#237;a una y otra vez y que no lograba sacarme de la cabeza. No era un milagro. No era un discurso. Era una forma de mirar que, cuanto m&#225;s la observaba, m&#225;s extra&#241;a me parec&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Y fue esa extra&#241;eza &#8212;no la serie&#8212; la que termin&#243; convirti&#233;ndose en la investigaci&#243;n m&#225;s larga que he hecho desde que naci&#243; Querido Elector.</p><h2>No fueron los milagros</h2><p style="text-align: justify;">Lo que me llam&#243; la atenci&#243;n de ese Jes&#250;s que estaba conociendo por la serie no fueron sus palabras.</p><p style="text-align: justify;">Fueron sus actos.</p><p style="text-align: justify;">Se acercaba a quienes nadie se acercaba. Miraba a quienes nadie miraba. Escuchaba a quienes nadie escuchaba. Al enfermo, al leproso, al marginado, al excluido: a esa persona que la sociedad entera ya hab&#237;a decidido, de antemano, no ver.</p><p style="text-align: justify;">Y durante un buen tiempo pens&#233; que eso era, simplemente, bondad. Misericordia, en el sentido m&#225;s suave de la palabra: alguien especialmente bueno, especialmente compasivo, en un mundo que no siempre lo era.</p><p style="text-align: justify;">Pero cuanto m&#225;s lo ve&#237;a, m&#225;s sospechaba que estaba siendo injusta con &#233;l al llamarlo solo as&#237;.</p><p style="text-align: justify;">Porque bondad es lo que uno practica dentro de las reglas. Y lo que Jes&#250;s hac&#237;a, en su contexto, no cab&#237;a dentro de ninguna.</p><p style="text-align: justify;">Viv&#237;a en un territorio ocupado por Roma. Un imperio que gobernaba con impuestos, con ej&#233;rcito propio estacionado en el territorio y con una jerarqu&#237;a muy clara de qui&#233;n mandaba y qui&#233;n obedec&#237;a: arriba el emperador, despu&#233;s sus gobernadores, despu&#233;s la &#233;lite local que negociaba con ellos para conservar algo de poder, y abajo, muy abajo, el pueblo com&#250;n. Roma decid&#237;a, desde afuera, qui&#233;n ten&#237;a autoridad y qui&#233;n no.</p><p style="text-align: justify;">Y, en paralelo, exist&#237;a otra autoridad, esta vez desde adentro: las normas religiosas, cuidadas con enorme rigor por los fariseos. No eran villanos, aunque despu&#233;s la historia los recordara as&#237;. Eran gente profundamente convencida de que, en un pueblo ocupado por un imperio extranjero, lo &#250;nico que quedaba para no perder la identidad era cuidar la fe con una disciplina casi obsesiva: qu&#233; se com&#237;a, con qui&#233;n se hablaba, qu&#233; d&#237;as se trabajaba, qui&#233;n estaba puro y qui&#233;n no. Esas normas decid&#237;an, desde adentro, qui&#233;n pertenec&#237;a y qui&#233;n no.</p><p style="text-align: justify;">Roma con el poder. Las normas religiosas con la pertenencia. Dos autoridades distintas, dos maneras separadas de fijar de antemano lo que a cada quien le tocaba en la vida.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; llega Jes&#250;s, sanando en shabat.</p><p style="text-align: justify;">El shabat no era una regla cualquiera. Era uno de los pilares sobre los que descansaba la identidad del pueblo jud&#237;o. Interrumpirlo no significaba simplemente incumplir una norma; significaba desafiar una forma de entender el orden mismo de la comunidad. Y sanar, en ese contexto, se consideraba trabajo. As&#237; que cuando Jes&#250;s cura a un hombre ese d&#237;a, la conversaci&#243;n que sigue no gira sobre la persona que acaba de recuperar la salud.</p><p style="text-align: justify;">Gira sobre si &#233;l ten&#237;a autoridad para decidir eso.</p><p style="text-align: justify;">Y &#233;l responde con una sola frase:</p><p style="text-align: justify;">&#8220;El d&#237;a de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del d&#237;a de reposo&#8221; (Marcos 2:27, RVR1960).</p><p style="text-align: justify;">Nadie contest&#243;. Y ese silencio me pareci&#243;, mientras lo ve&#237;a, mucho m&#225;s elocuente que cualquier milagro.</p><p style="text-align: justify;">Porque ah&#237; entend&#237; que lo que yo estaba viendo no era, en el fondo, un acto de bondad.</p><p style="text-align: justify;">Era un acto de autoridad.</p><p style="text-align: justify;">Toda norma -el shabat, la pureza, el estatus del recaudador, la distancia con el leproso- es, en el fondo, una decisi&#243;n ya tomada de antemano: qu&#233; prevalece cuando algo choca con algo m&#225;s. Eso es lo que hace una norma: te evita tener que decidir caso por caso. El shabat ya hab&#237;a decidido que el descanso prevalec&#237;a. El sistema entero ya hab&#237;a decidido que la distancia con el leproso prevalec&#237;a sobre el impulso de acercarse a &#233;l.</p><p style="text-align: justify;">Y Jes&#250;s, escena tras escena, decid&#237;a lo contrario.</p><p style="text-align: justify;">No ped&#237;a permiso. No discut&#237;a la norma en abstracto. Simplemente, frente a cada persona concreta, actuaba como si tuviera jurisdicci&#243;n para reabrir un caso que la ley y la costumbre ya hab&#237;an dado por cerrado.</p><p style="text-align: justify;">Eso no es bondad. Es poder. El poder m&#225;s elemental que existe: decidir qu&#233; prevalece cuando dos cosas entran en conflicto.</p><p style="text-align: justify;">Y ese poder no lo ejerc&#237;a con discursos ni con ej&#233;rcitos. Lo ejerc&#237;a mirando.</p><p style="text-align: justify;">Deteni&#233;ndose exactamente donde la norma ya hab&#237;a decidido, de antemano, que no hab&#237;a nada que mirar. Escuchando a quien ya hab&#237;a sido descartado de la conversaci&#243;n antes de abrir la boca. Llamando por su nombre a quien la sociedad entera hab&#237;a aprendido a nombrar solo por su condici&#243;n: el leproso, la pecadora, el recaudador, el mendigo.</p><p style="text-align: justify;">Devolverle a alguien su nombre, en un mundo que solo le hab&#237;a dejado una categor&#237;a, no era un gesto tierno. Era restituirle, en p&#250;blico, algo que el poder y la norma le hab&#237;an quitado: su lugar entre los dem&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Y en un mundo donde ya exist&#237;a un orden establecido para cada causa y, por lo tanto, para cada trato, detenerse a mirar y a dignificar a quien ese orden ya hab&#237;a descartado de antemano no pod&#237;a leerse como un gesto inocente.</p><p style="text-align: justify;">Se le&#237;a como una provocaci&#243;n pol&#237;tica.</p><h2>Qui&#233;n pertenece</h2><p style="text-align: justify;">Toda comunidad pol&#237;tica &#8212;lo sepa o no, lo admita o no&#8212; termina respondiendo la misma pregunta de fondo: qui&#233;n pertenece plenamente, qui&#233;n pertenece a medias y qui&#233;n queda condenado a vivir en el margen. No es una pregunta m&#225;s, entre muchas. Es la pregunta que subyace a cualquier otra. Antes de discutir impuestos, fronteras o leyes, toda sociedad ya decidi&#243;, de antemano y casi siempre en silencio, qui&#233;n cuenta como uno de los suyos y qui&#233;n no del todo.</p><p style="text-align: justify;">Ya lo vimos: Roma respondi&#243; esa pregunta con la fuerza: contaban los ciudadanos, y contaban en proporci&#243;n a su cercan&#237;a con el poder. El sistema de pureza religiosa respond&#237;a esa misma pregunta de otra manera: contaban quienes cumpl&#237;an los rituales de purificaci&#243;n, y el enfermo, la mujer marcada, el recaudador, quedaban a medio camino: ni completamente adentro de la comunidad, ni del todo afuera. Y Jes&#250;s &#8212;esto es lo que me descoloca cada vez que lo pienso&#8212; respondi&#243; exactamente la misma pregunta, pero al rev&#233;s: cuentan, primero, quienes nadie m&#225;s cuenta.</p><p style="text-align: justify;">No es casualidad que la pol&#237;tica, dos mil a&#241;os despu&#233;s, siga siendo eso.</p><p style="text-align: justify;">Pens&#225;ndolo as&#237;, empec&#233; a sospechar que toda pol&#237;tica, incluso antes de convertirse en leyes o instituciones, organiza algo mucho m&#225;s elemental: la forma en que convivimos con los dem&#225;s. Decide qui&#233;n pertenece sin esfuerzo, qui&#233;n tiene que demostrar constantemente que pertenece y qui&#233;n queda, casi siempre, viviendo en el margen.</p><p style="text-align: justify;">Cuando empec&#233; a leer teor&#237;a pol&#237;tica para entender por qu&#233; esa intuici&#243;n me resultaba tan familiar, me encontr&#233; con Hannah Arendt. Ella sosten&#237;a que la pol&#237;tica no nace del Estado ni de la ley, sino del instante mismo en que aparece otro ser humano frente a nosotros y nos obliga a decidir qu&#233; hacer con su presencia. Antes de gobiernos, hay encuentro. Jes&#250;s deteni&#233;ndose frente al leproso, mucho antes de cualquier teor&#237;a, ya estaba haciendo exactamente eso: pol&#237;tica en su forma m&#225;s elemental, no la de las leyes, sino la del reconocimiento.</p><p style="text-align: justify;">Y cuando Arendt me ayud&#243; a entender el encuentro, el fil&#243;sofo Emmanuel Levinas me ayud&#243; a entender el rostro. Para &#233;l, el rostro del otro nos reclama antes de que tengamos tiempo de pensar, antes de cualquier c&#225;lculo, antes de cualquier sistema moral que hayamos construido. La responsabilidad, dec&#237;a, nos llega antes de que la elijamos. Y esto explica, mejor que cualquier otra cosa, por qu&#233; la escena del shabat incomod&#243; tanto a los fariseos: porque ah&#237;, frente al hombre con la mano paralizada, hab&#237;a dos posturas posibles frente al mismo rostro. Una que preguntaba primero qu&#233; exig&#237;a la norma. Otra que preguntaba primero qu&#233; exig&#237;a esa cara concreta, ese sufrimiento concreto. Jes&#250;s eligi&#243; la segunda antes de que existiera Levinas para explicarnos por qu&#233; esa elecci&#243;n importaba tanto.</p><p style="text-align: justify;">Y fue entonces cuando comprend&#237; que esa forma de mirar no era solo una cuesti&#243;n &#233;tica. Tambi&#233;n era una condici&#243;n para cualquier comunidad pol&#237;tica. M&#225;s tarde descubr&#237; que la fil&#243;sofa Martha Nussbaum hab&#237;a llegado a una conclusi&#243;n parecida desde otro lugar. Sostiene que una democracia necesita cultivar deliberadamente la compasi&#243;n p&#250;blica, no como sentimentalismo privado, sino como la capacidad de reconocer que el sufrimiento del otro importa y merece una respuesta. Sin ella, advierte, incluso las instituciones m&#225;s justas terminan operando en el vac&#237;o. Y creo que ah&#237; est&#225;, exactamente, el punto donde Jes&#250;s deja de ser una figura del pasado y se convierte en un interlocutor inc&#243;modo del presente: porque nuestras democracias contempor&#225;neas, tan orgullosas de sus derechos y sus leyes, siguen fallando precisamente en esa pregunta m&#225;s antigua y m&#225;s simple que cualquier constituci&#243;n. &#191;A qui&#233;n decidimos, en los hechos, mirar primero?</p><p style="text-align: justify;">As&#237; que no. La pregunta que de verdad importa no es si Jes&#250;s tiene algo que decirle a nuestra &#233;poca.</p><p style="text-align: justify;">La pregunta es si nuestra &#233;poca, con toda su sofisticaci&#243;n, ha logrado responder mejor que &#233;l aquella pregunta antropol&#243;gica que ninguna sociedad puede evitar: qui&#233;n pertenece.</p><p style="text-align: justify;">Y sospecho, aunque me cueste admitirlo, que la respuesta todav&#237;a no nos favorece.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%219FtV%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F55d4bfee-69fa-4890-bccc-44139612f7a2_736x611.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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Vemos &#8220;frontera&#8221;. Vemos &#8220;ilegales&#8221;. Cuando hablamos de pobreza, ya no vemos al pobre &#8212;esa persona con nombre, con una tarde exacta en que todo empez&#243; a &#237;rsele de las manos&#8212;. Vemos una cifra, un porcentaje, un problema de presupuesto. Cuando hablamos de enfermos, ya no vemos a quien est&#225; tratando de sostenerse un d&#237;a m&#225;s. Vemos gasto en salud, carga para el sistema, una fila que hay que administrar.</p><p style="text-align: justify;">Fue entonces cuando me di cuenta de algo que hasta ese momento hab&#237;a pasado por alto.</p><p style="text-align: justify;">Frontera. Presupuesto. Gasto. Carga.</p><p style="text-align: justify;">Son palabras de mercado.</p><p style="text-align: justify;">Aprendimos a habitar incluso el sufrimiento humano con la l&#243;gica del costo y el beneficio, como si el valor de una persona pudiera calcularse igual que el valor de una mercanc&#237;a: cu&#225;nto cuesta, cu&#225;nto produce, cu&#225;nto pesa.</p><p style="text-align: justify;">Y cuando esa l&#243;gica entra en nuestra manera de mirar a los dem&#225;s, dejamos de encontrarnos con personas.</p><p style="text-align: justify;">Empezamos a encontrarnos con categor&#237;as.</p><p style="text-align: justify;">Agrupamos. Clasificamos. Generalizamos. Y terminamos juzgando con una vehemencia que, por momentos, se parece demasiado a la de aquellos fariseos frente a Jes&#250;s.</p><p style="text-align: justify;">No creo que seamos peores personas que ellos. Creo que, en el fondo, nos ocurre algo muy parecido: tambi&#233;n nosotros vivimos dentro de un orden que ya decidi&#243;, antes de que aparezca una persona concreta, c&#243;mo debemos verla.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez los fariseos de esta &#233;poca seamos nosotros.</p><p style="text-align: justify;">Y fue ah&#237; donde entend&#237; que llevaba d&#237;as buscando una palabra.</p><p style="text-align: justify;"><strong>Misericordia.</strong></p><p style="text-align: justify;">La conocemos desde siempre, pero la dejamos vivir casi exclusivamente dentro del lenguaje religioso.</p><p style="text-align: justify;">La palabra viene del lat&#237;n <em>miserere</em> &#8212;tener compasi&#243;n&#8212; y <em>cor</em> &#8212;coraz&#243;n&#8212;. Literalmente, un coraz&#243;n sensible frente a la miseria ajena. La entendimos durante siglos como una virtud profundamente religiosa y, a lo sumo, personal: compadecerse del sufrimiento de los dem&#225;s, perdonar el error y ayudar sin esperar nada a cambio.</p><p style="text-align: justify;">Y todo eso sigue siendo cierto.</p><p style="text-align: justify;">Lo que ya no me parece suficiente es dejarla &#250;nicamente ah&#237;.</p><p style="text-align: justify;">Porque esas tres acciones &#8212;compadecerse, perdonar y ayudar&#8212; no ocurren fuera de la vida en com&#250;n. Ocurren precisamente all&#237; donde convivimos con otros. Y toda forma de convivir termina siendo, tambi&#233;n, una decisi&#243;n pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Por eso creo que la misericordia merece salir del lugar donde solemos dejarla. No para convertir la pol&#237;tica en religi&#243;n, sino para recordar que toda pol&#237;tica empieza mucho antes de las leyes, de los discursos o de las elecciones.</p><p style="text-align: justify;">Empieza en la manera en que decidimos mirar a las personas.</p><p style="text-align: justify;">La misericordia, entendida as&#237;, no consiste en renunciar a la justicia ni en ignorar la ley. Consiste en negarse a que la ley, el c&#225;lculo, el inter&#233;s o el error ocupen todo el lugar de una persona.</p><p style="text-align: justify;">Tampoco es l&#225;stima, que mira desde arriba. Ni empat&#237;a, que solo alcanza a quien se nos parece lo suficiente como para imaginarnos en su lugar.</p><p style="text-align: justify;">Es otra cosa.</p><p style="text-align: justify;">Es la decisi&#243;n de seguir viendo a una persona completa all&#237; donde el resto del mundo ya solo ve una categor&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Y sospecho que ning&#250;n lugar la necesita tanto como la vida p&#250;blica.</p><p style="text-align: justify;">Cuando, antes de pedir m&#225;s mano dura, alguien se pregunta por el nombre, la historia y las circunstancias del joven que terminar&#225; viviendo &#8212;o muriendo&#8212; las consecuencias de esa decisi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Eso es misericordia.</p><p style="text-align: justify;">Cuando dejamos de hablar de &#8220;los pobres&#8221; como si fueran un bloque uniforme y volvemos a encontrarnos con personas concretas, con nombres concretos y con historias concretas.</p><p style="text-align: justify;">Eso es misericordia.</p><p style="text-align: justify;">Y cuando alguien nos hace da&#241;o y, sin negar ese da&#241;o, nos resistimos a creer que ese da&#241;o agota todo lo que esa persona es.</p><p style="text-align: justify;">Eso tambi&#233;n es misericordia.</p><p style="text-align: justify;">Entonces volv&#237; a la pregunta que hab&#237;a consumido casi toda mi semana: &#191;qu&#233; hacemos frente a una sociedad que aprendi&#243; a mirar primero el acto, la norma o la categor&#237;a, y solo despu&#233;s &#8212;si todav&#237;a queda tiempo&#8212; a la persona?</p><p style="text-align: justify;">La respuesta termin&#243; siendo mucho m&#225;s sencilla de lo que esperaba.</p><p style="text-align: justify;">Tan sencilla que, sospecho, por eso mismo nos cuesta verla.</p><p style="text-align: justify;">Hasta que volv&#237; a leer a Mateo.</p><p style="text-align: justify;">&#8220;Tuve hambre, y me disteis de comer&#8221;. Tuvo sed, y le dieron de beber. Fue forastero, y lo recibieron.</p><p style="text-align: justify;">Eso fue todo.</p><p style="text-align: justify;">Y, de repente, entend&#237;.</p><p style="text-align: justify;">La revoluci&#243;n de Jes&#250;s nunca consisti&#243; en ofrecer respuestas m&#225;s complejas que las de su tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Consisti&#243; en cambiar el orden de nuestras prioridades. No en abolir las normas ni en sustituir la justicia por la compasi&#243;n, sino en no dejar que ninguna de las dos ocupe el lugar que le corresponde a una persona.</p><p style="text-align: justify;">Antes que la nacionalidad, hab&#237;a un forastero.</p><p style="text-align: justify;">Antes que el delito, hab&#237;a un preso.</p><p style="text-align: justify;">Antes que la enfermedad, hab&#237;a una persona que sufr&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Antes que cualquier categor&#237;a, hab&#237;a alguien.</p><p style="text-align: justify;">Porque, antes de ser migrante o nacional, preso o ciudadano, pobre o rico, enfermo o sano, conservador o progresista, compartimos una condici&#243;n anterior a cualquier otra.</p><p style="text-align: justify;">Somos personas. Eso no nos hace iguales. Pero s&#237; nos hace merecedores de la misma mirada.</p><p style="text-align: justify;">Y sospecho que ese sigue siendo, dos mil a&#241;os despu&#233;s, uno de los desaf&#237;os pol&#237;ticos m&#225;s profundos de nuestro tiempo.</p><p style="text-align: justify;">No aprender a construir mejores categor&#237;as &#8212;para eso ya somos expertos&#8212;</p><p style="text-align: justify;">sino aprender, por fin, a mirar primero el rostro antes de juzgar el acto.</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La carpeta que nunca vimos]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-carpeta-que-nunca-vimos</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-carpeta-que-nunca-vimos</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 12 Jul 2026 14:28:25 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21Hhfh%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fa9d2e4e5-e3f2-463a-8f77-ac3b9b01a5dd_1024x682.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p>La semana pasada terminamos con una idea que, desde entonces, no ha dejado de darme vueltas en la cabeza: el tiempo se ha convertido en uno de los recursos m&#225;s desiguales de nuestra &#233;poca.</p><p>Hay quienes pueden detenerse a leer una noticia completa, contrastar versiones, buscar el documento original y formarse una opini&#243;n. Otros apenas alcanzan a leer un titular entre una jornada de trabajo y otra. No porque les falte inter&#233;s, sino porque les falta tiempo. Y cuando el tiempo escasea, tambi&#233;n escasea la posibilidad de comprender con calma las decisiones que terminan afectando nuestra vida.</p><p>Pensando en eso, me pregunt&#233; c&#243;mo pod&#237;a explicar una idea que llevaba d&#237;as rond&#225;ndome sin caer en una columna m&#225;s sobre pol&#237;tica, democracia o comunicaci&#243;n. La respuesta fue mucho m&#225;s sencilla de lo que esperaba.</p><p>No quiero que hoy leas este art&#237;culo.</p><p>Quiero que, por unos minutos, lo vivas.</p><p>Solo necesito que aceptes una condici&#243;n.</p><p>Hoy no vas a leer este art&#237;culo como ciudadano.</p><p><strong>Hoy vas a gobernar.</strong></p><p>Olvida qui&#233;n eres, d&#243;nde vives, qu&#233; votaste o qu&#233; piensas de la pol&#237;tica. Imagina que acabas de ganar las elecciones para gobernar una ciudad costera de alg&#250;n lugar del Caribe latinoamericano.</p><p>Es una ciudad alegre. La gente encuentra cualquier excusa para reunirse, discutir de f&#250;tbol, salir a la calle o bailar una canci&#243;n que conoce de memoria. All&#237; se aprende muy temprano que, incluso cuando la vida aprieta, siempre hay razones para sonre&#237;r.</p><p>Pero tambi&#233;n es una ciudad profundamente desigual. Hay barrios donde parece que el desarrollo lleg&#243; hace a&#241;os. En otros, cada temporada de lluvias revive exactamente los mismos problemas de siempre. Familias que todav&#237;a esperan mejores colegios, hospitales m&#225;s dignos, agua potable constante o una soluci&#243;n definitiva para aquello que lleva d&#233;cadas prometi&#233;ndose.</p><p>Hace apenas unas horas levantaste la mano y juraste administrar los recursos p&#250;blicos y garantizar los derechos de todos los ciudadanos.</p><p>Hoy eres alcalde.</p><p>No fue una victoria aplastante, pero fue suficiente. Meses de campa&#241;a, reuniones interminables, promesas, entrevistas, debates &#8212; y al final, la gente decidi&#243; darte una oportunidad.</p><p>Afuera hay periodistas esperando. Tu equipo celebra. Las c&#225;maras registran cada movimiento.</p><p>Pero ganar unas elecciones nunca significa llegar solo. Detr&#225;s de esa victoria hubo un equipo que crey&#243; en ti, l&#237;deres que movilizaron votos, empresarios que financiaron parte de la campa&#241;a. Algunos compart&#237;an tus ideas. Otros simplemente confiaban en que un gobierno nuevo tambi&#233;n ser&#237;a una nueva oportunidad para ellos.</p><p>Hoy eres quien toma las decisiones m&#225;s importantes de la ciudad. Y, aunque todav&#237;a no lo sepas del todo, el poder nunca llega solo. Tambi&#233;n llega acompa&#241;ado de expectativas.</p><p>Son las ocho de la ma&#241;ana de tu primer d&#237;a. Apenas alcanzas a sentarte cuando alguien toca la puerta.</p><p>&#8212;Alcalde, hay un asunto urgente.</p><p>Tu secretario deja una carpeta sobre el escritorio. La abres.</p><p>La ciudad lleva casi quince a&#241;os enfrentando el mismo problema. Cada temporada de lluvias, un arroyo se desborda y convierte la rutina de miles de personas en un caos. Las calles desaparecen bajo el agua. Los ni&#241;os faltan al colegio. Las ambulancias no logran pasar. Un trayecto que en &#233;poca seca toma cuarenta minutos, en octubre se convierte en dos horas &#8212; dos horas que alguien, en alg&#250;n barrio de tu ciudad, lleva quince a&#241;os sin recuperar. Ni para dormir, ni para estudiar, ni para nada.</p><p>Durante la campa&#241;a prometiste resolver esto. Hoy puedes hacerlo.</p><p>Respiras tranquilo. Por fin, una decisi&#243;n sencilla.</p><p>O eso crees.</p><p>Los ingenieros ya hicieron los estudios. La soluci&#243;n existe: canalizar completamente el arroyo. Es una obra costosa y compleja. Va a tardar varios a&#241;os. Cuando termine, probablemente ya no seas alcalde. Y casi toda la intervenci&#243;n va a quedar bajo tierra &#8212; nada que fotografiar, nada llamativo, nada que aparezca en una postal de la ciudad. Pero resuelve el problema. De verdad lo resuelve.</p><p>Mientras sigues leyendo, tu jefe de gabinete vuelve a entrar.</p><p>&#8212;Antes de decidir, hay cosas que deber&#237;a saber.</p><p>Deja tres carpetas m&#225;s sobre el escritorio.</p><p>La primera dice <em>Compromisos</em>. La abres, y ah&#237; est&#225; &#193;lvaro Quintero &#8212; el empresario que puso el 40% de tu campa&#241;a&#8212; interesado, junto con otras firmas, en participar en la licitaci&#243;n de la obra. Nadie te amenaza. Nadie te lo exige. Pero todos esperan que te acuerdes de qui&#233;n estuvo contigo cuando pocos cre&#237;an que pod&#237;as ganar.</p><p>La segunda dice <em>Presupuesto</em>. No alcanza para todo. Si le metes la mayor&#237;a de los recursos a resolver esto de manera definitiva, vas a tener que aplazar otras promesas de campa&#241;a.</p><p>La tercera dice <em>Comunicaciones</em>. Tu equipo ya prepar&#243; dos escenarios.</p><h3><strong>La decisi&#243;n</strong></h3><p>Cierras la &#250;ltima carpeta.</p><p>Durante unos segundos, el despacho queda en silencio. Miras por la ventana. All&#225; afuera hay una ciudad esperando respuestas. No una ciudad perfecta: una ciudad desigual, con barrios que llevan a&#241;os esperando agua potable, hospitales que necesitan inversi&#243;n, colegios que se caen a pedazos, familias que sienten que siempre hay una urgencia m&#225;s importante que la suya.</p><p>Y entonces entiendes algo que nadie te explic&#243; durante la campa&#241;a: gobernar casi nunca consiste en elegir entre lo bueno y lo malo. Consiste en decidir qu&#233; problema resolver primero. Y, sobre todo, cu&#225;l tendr&#225; que seguir esperando.</p><p>Tu jefe de gabinete vuelve a mirarte.</p><p>&#8212;Alcalde, la ciudad est&#225; esperando.</p><p>Respiras profundo. Sobre tu escritorio hay tres alternativas. No puedes escoger dos. No puedes aplazar la decisi&#243;n. Solo una.</p><p><strong>Opci&#243;n A. Resolver el problema de una vez por todas.</strong></p><p>Canalizas completamente el arroyo, tal como recomendaron los ingenieros. Miles de familias dejan de inundarse cada temporada de lluvias, los ni&#241;os vuelven al colegio sin arriesgar la vida, las ambulancias por fin pueden entrar, los comerciantes dejan de perder d&#237;as enteros de trabajo. Resuelves, de ra&#237;z, un problema que la ciudad lleva quince a&#241;os soportando.</p><p><em>&#191;Qu&#233; ganas?</em> Miles de personas mejoran su calidad de vida durante las pr&#243;ximas d&#233;cadas. La ciudad deja atr&#225;s, para siempre, un problema estructural.</p><p><em>&#191;Qu&#233; sacrificas?</em> La obra tarda varios a&#241;os y gran parte queda bajo tierra. Probablemente sea el pr&#243;ximo alcalde quien corte la cinta y aparezca en la fotograf&#237;a. El m&#233;rito pol&#237;tico no va a ser tuyo.</p><p><strong>Opci&#243;n B. Mostrar resultados desde el primer a&#241;o.</strong></p><p>Divides el proyecto en etapas y empiezas por la parte visible: un gran malec&#243;n, con senderos peatonales, iluminaci&#243;n, zonas verdes y espacios p&#250;blicos donde antes solo hab&#237;a abandono. La ciudad cambia de inmediato. Las familias recuperan un lugar para encontrarse, los comerciantes vuelven, los barrios se valorizan. Tu equipo de comunicaciones ya tiene lista la campa&#241;a de lanzamiento: los medios van a tener im&#225;genes, va a haber una gran inauguraci&#243;n, y la ciudad va a sentir, por primera vez en mucho tiempo, que las cosas empiezan a cambiar.</p><p><em>&#191;Qu&#233; ganas?</em> Recuperas espacios p&#250;blicos reales. La percepci&#243;n de cambio llega de inmediato, y con ella, el respaldo pol&#237;tico que necesitas para impulsar el resto de tu agenda de gobierno.</p><p><em>&#191;Qu&#233; sacrificas?</em> El problema que origina todo sigue necesitando nuevas etapas. Las familias que viven aguas abajo van a seguir enfrentando las inundaciones varios a&#241;os m&#225;s.</p><p><strong>Opci&#243;n C. Priorizar otras urgencias.</strong></p><p>No inicias la obra, al menos no por ahora. Con ese mismo presupuesto puedes construir dos hospitales de primer nivel, ampliar la cobertura educativa de miles de ni&#241;os, o fortalecer la seguridad en los barrios con mayores &#237;ndices de violencia. La ciudad tiene demasiadas necesidades, y el dinero no alcanza para todas.</p><p><em>&#191;Qu&#233; ganas?</em> Respondes a otras urgencias igual de reales. Puedes mejorar la vida de miles de personas desde el primer a&#241;o.</p><p><em>&#191;Qu&#233; sacrificas?</em> Cada temporada de lluvias, el arroyo va a seguir exactamente donde est&#225;.</p><p>No sigas leyendo todav&#237;a. En serio. Cierra los ojos si hace falta y piensa unos segundos.</p><p>&#191;Qu&#233; opci&#243;n elegiste? No la que elegir&#237;a el mejor alcalde. Ni la que crees que yo elegir&#237;a.</p><p>La que elegiste t&#250;.</p><p>...</p><p>&#191;Ya la tienes? Perfecto. No la cambies.</p><p>Suelta el despacho. Suelta las carpetas. Suelta los aplausos.</p><p>Vuelve a ser t&#250;, querido Elector. El mismo de siempre, con tu misma vida, tu mismo trabajo, tu mismo trayecto de todos los d&#237;as.</p><p>Pero antes de seguir, hazme un favor: no sueltes del todo la decisi&#243;n que acabas de tomar. Gu&#225;rdala en alg&#250;n bolsillo. La vamos a necesitar de nuevo.</p><p>Porque aqu&#237;, en la vida real &#8212;la tuya, la m&#237;a, la de cualquiera que nunca va a tener un despacho ni una carpeta con su nombre&#8212; pasa algo curioso. Nunca nos sentamos frente a esas tres opciones. Nunca nadie nos explica el costo y el beneficio de cada camino, con la calma de un informe t&#233;cnico, antes de que la decisi&#243;n ya est&#233; tomada. A nosotros la decisi&#243;n nos llega despu&#233;s. Ya envuelta. Ya editada. Ya con un titular que anuncia que la ciudad va a cambiar para siempre.</p><h3><strong>La carpeta que nunca vimos</strong></h3><p>Esa promesa que hiciste al jurar el cargo &#8212;garantizar los derechos de todos los ciudadanos&#8212; sonaba justa, sonaba democr&#225;tica, sonaba exactamente a lo que esperamos escuchar de quien quiere gobernarnos.</p><p>Pero hace apenas unos minutos descubriste algo que durante la campa&#241;a nadie te cont&#243;: gobernar tambi&#233;n consiste en decidir qu&#233; necesidades atender primero.</p><p>Porque cuando el presupuesto no alcanza para todo, la pol&#237;tica deja de ser el terreno de las promesas y se convierte en el de las prioridades.</p><p>Y las prioridades nunca son neutras: cada decisi&#243;n que acerca un derecho a unos obliga, inevitablemente, a otros a seguir esperando.</p><p>Entonces la pregunta deja de ser si los ciudadanos tienen derechos. Jur&#237;dicamente, los tienen. La pregunta verdaderamente inc&#243;moda es otra: &#191;qui&#233;n tiene realmente las condiciones para ejercerlos?</p><p>Amartya Sen lleva d&#233;cadas insistiendo en una idea que le queda perfecta a este momento: una democracia no se fortalece &#250;nicamente porque reconozca m&#225;s derechos, sino porque crea las condiciones para que las personas puedan ejercerlos. Tener un derecho escrito en una Constituci&#243;n no significa, necesariamente, poder vivirlo.</p><p>Y ah&#237; vuelve la decisi&#243;n que guardaste en el bolsillo hace un momento. Porque quien te muestre el resultado de esa decisi&#243;n &#8212;sea cual sea la que elegiste&#8212; nunca te va a mostrar la carpeta completa. Te va a mostrar el parque, o los dos hospitales, o el titular que anuncia que el problema qued&#243; resuelto. Lo que casi nunca vas a ver es todo lo que qued&#243; afuera: las otras opciones, los compromisos, el presupuesto que no alcanz&#243;.</p><p>Y eso no es casualidad ni es, necesariamente, mala fe. Es que reconstruir esa carpeta completa toma tiempo. Tiempo para informarse, comparar, dudar, preguntar. El mismo tiempo del que hablamos la semana pasada, y que tampoco est&#225; repartido por igual. Ejercer la ciudadan&#237;a no es solo poder votar: es tener el tiempo para comprender aquello sobre lo que se est&#225; decidiendo. Por eso el tiempo no es solo un privilegio personal &#8212; es una condici&#243;n para la ciudadan&#237;a.</p><p>Pensemos, por un momento, en esa misma persona que sali&#243; de trabajar despu&#233;s de doce horas, pas&#243; otras dos atrapada en un bus para llegar a su casa, y todav&#237;a tiene que preparar la comida del d&#237;a siguiente. Cuando por fin logra sentarse unos minutos frente al televisor, el alcalde inaugura el nuevo malec&#243;n. La ciudad parece avanzar. Los titulares hablan de transformaci&#243;n, y con la informaci&#243;n que tiene delante, celebra la noticia.</p><p>Y hay que decirlo con toda claridad: no lo hace por negligencia, ni por ignorancia, mucho menos porque no le importe su ciudad. Lo hace porque nunca tuvo el tiempo para reconstruir todo lo que ocurri&#243; antes de esa inauguraci&#243;n.</p><p>Nunca vio la carpeta completa.</p><p>Mientras celebra el malec&#243;n, el agua sigue entrando por la puerta de su casa.</p><p>Quiz&#225;s esa sea una de las desigualdades m&#225;s silenciosas de todas: no solo la diferencia en los ingresos, en la educaci&#243;n o en el lugar donde nacimos, sino tambi&#233;n la diferencia en las condiciones para ejercer aquello que, en teor&#237;a, nos pertenece por igual. Porque un derecho que existe &#250;nicamente en el papel termina pareci&#233;ndose demasiado a una promesa.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21Hhfh%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fa9d2e4e5-e3f2-463a-8f77-ac3b9b01a5dd_1024x682.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Hhfh!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa9d2e4e5-e3f2-463a-8f77-ac3b9b01a5dd_1024x682.png 424w, 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width="1024" height="682" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/a9d2e4e5-e3f2-463a-8f77-ac3b9b01a5dd_1024x682.png&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:682,&quot;width&quot;:1024,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:1317289,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/i/206689824?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa9d2e4e5-e3f2-463a-8f77-ac3b9b01a5dd_1024x682.png&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" title="" 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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Las buenas obras existen, y est&#225; bien reconocerlas. Pero antes de darla por suficiente, hazte una pregunta m&#225;s.</p><p>&#191;Qu&#233; problema vino realmente a resolver? &#191;Era ese el problema de fondo, o apenas la parte que todos pod&#237;amos ver?</p><p>Porque hay algo que la pol&#237;tica ense&#241;a poco y la vida recuerda todos los d&#237;as: no todo lo importante es visible. La calidad de una escuela no se inaugura con una cinta. La fortaleza de un sistema de salud no cabe en una fotograf&#237;a. La confianza en la justicia rara vez aparece en un titular.</p><p>El problema nunca fue construir el malec&#243;n. El problema aparece cuando empezamos a creer que una obra visible equivale, por s&#237; sola, a haber resuelto un problema que nunca dej&#243; de existir.</p><p>Porque muchas veces somos nosotros mismos quienes, por no haber tenido el tiempo para profundizar, terminamos celebrando decisiones que nunca transformaron nuestra propia realidad. Las defendemos con convicci&#243;n. Las repetimos como si fueran nuestras. Y, sin darnos cuenta, terminamos reproduciendo prioridades que quiz&#225;s nunca respondieron a nuestras necesidades, sino a las de alguien m&#225;s.</p><p>Y quiz&#225;s, despu&#233;s de todo, ese era el verdadero prop&#243;sito de este experimento. No ense&#241;arte c&#243;mo gobierna un alcalde. Sino invitarte a volver a pensar como elector.</p><p>Porque los problemas estructurales tienen una caracter&#237;stica dif&#237;cil de aceptar: casi nunca desaparecen cuando dejamos de verlos.</p><p>Siguen ah&#237;. Esperando.</p><p>Como el arroyo, debajo del malec&#243;n.</p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p><em>Valeria Mendez</em></p><p></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El lujo de pensar]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/el-lujo-de-pensar</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/el-lujo-de-pensar</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 05 Jul 2026 13:33:09 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%216BJm%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Ff01cb228-863f-434b-b755-b05aa0e6f603_992x821.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p>Querido Elector:</p><p>Hace unos d&#237;as estaba perdiendo el tiempo.</p><p>Aunque, pens&#225;ndolo bien, esa es una forma bastante injusta de decirlo.</p><p>Estaba haciendo exactamente lo mismo que hacemos miles de millones de personas todos los d&#237;as: deslizar el dedo por una pantalla convencidos de que somos nosotros quienes elegimos qu&#233; ver.</p><p>Video.</p><p>Video.</p><p>Publicidad.</p><p>Un perro hablando gracias a la inteligencia artificial.</p><p>Otro video.</p><p>Una receta que jam&#225;s voy a cocinar.</p><p>Un pol&#237;tico gritando.</p><p>Y entonces apareci&#243; uno que consigui&#243; algo que internet logra cada vez menos: detener mi dedo.</p><p>Dec&#237;a que el boom medi&#225;tico de los therians &#8212;adolescentes que se identifican psicol&#243;gica o espiritualmente con animales y que, por unas semanas, parec&#237;an representar el apocalipsis moral de nuestra civilizaci&#243;n&#8212; hab&#237;a coincidido con la publicaci&#243;n de nuevos documentos relacionados con el caso Jeffrey Epstein.</p><p>Mi primera reacci&#243;n fue bastante sensata: &#8220;Eso no puede ser tan simple.&#8221; La segunda fue much&#237;simo menos responsable: &#8220;Si esto fuera cierto, ser&#237;a un art&#237;culo espectacular.&#8221;</p><p>Lo confieso: tengo una debilidad por las teor&#237;as conspirativas. No porque me las crea, sino porque me obligan a hacer una pregunta que cada vez hacemos menos.</p><p>&#191;Y si hay algo que no estoy viendo?</p><p>Ahora bien, el caso Epstein no pertenece a esa categor&#237;a. No es una conspiraci&#243;n, es una historia real, y quiz&#225; por eso resulta todav&#237;a m&#225;s dif&#237;cil de procesar. Porque uno espera monstruos escondidos en s&#243;tanos. No compartiendo mesa con presidentes. No rodeados de multimillonarios. No code&#225;ndose con miembros de la realeza.</p><p>Jeffrey Epstein no era un desconocido que operaba desde las sombras. Durante a&#241;os frecuent&#243; algunos de los c&#237;rculos m&#225;s exclusivos del planeta. En distintos momentos aparecieron vinculados socialmente a &#233;l nombres como Donald Trump, Bill Clinton, el pr&#237;ncipe Andr&#233;s y otras figuras de enorme influencia. Que esas relaciones existieran no significa que todos quienes lo conocieron hayan participado en sus delitos; cada caso tiene contextos y evidencias distintas.</p><p>Pero lo que verdaderamente me llama la atenci&#243;n es otra cosa: &#191;c&#243;mo pudo un hombre acusado y luego condenado por explotar sexualmente a menores seguir movi&#233;ndose con tanta comodidad entre algunas de las personas m&#225;s poderosas del mundo?</p><p>No estamos hablando de un esc&#225;ndalo de far&#225;ndula. Estamos hablando de una red de explotaci&#243;n sexual de menores. De v&#237;ctimas reales. De adolescentes. De dinero, de poder, de silencios, y de preguntas que, d&#233;cadas despu&#233;s, todav&#237;a siguen sin respuesta.</p><p>Siempre tuve la sensaci&#243;n de que jam&#225;s hablamos de este caso con la gravedad que merec&#237;a. Quiz&#225; por eso aquel video me atrap&#243;, no porque demostrara una teor&#237;a, sino porque conectaba con una incomodidad que yo ya ten&#237;a desde antes.</p><p>As&#237; que hice lo que cualquier persona deber&#237;a hacer antes de compartir una historia as&#237;: intent&#233; verificarla. Porque habr&#237;a algo deliciosamente ir&#243;nico en escribir un art&#237;culo sobre desinformaci&#243;n apoy&#225;ndome, precisamente, en una informaci&#243;n falsa.</p><p>Y aqu&#237; fue donde la historia cambi&#243; por completo. No pude demostrar que el fen&#243;meno therian hubiera sido utilizado deliberadamente para desviar la atenci&#243;n del caso Epstein.</p><p>Lo que encontr&#233; fue bastante m&#225;s interesante.</p><p>Y, si soy honesta...</p><p>much&#237;simo peor.</p><h2>Lo que s&#237; encontr&#233; &#8212; y por qu&#233; es peor que una conspiraci&#243;n</h2><p>De hecho, la coincidencia podr&#237;a ser exactamente eso: una coincidencia. Y esta misma historia que acabo de contarte podr&#237;a formar parte de la desinformaci&#243;n que intento analizar &#8212; nadie me garantiza que aquel video no estuviera manipulado, o que simplemente sacara conclusiones donde solo hab&#237;a fechas parecidas. Lo &#250;nico intelectualmente honesto era decirlo.</p><p>Sin embargo, mientras intentaba desmentir esa teor&#237;a, encontr&#233; algo mucho m&#225;s s&#243;lido. En marzo de este a&#241;o se publicaron nuevos documentos relacionados con el caso Epstein, suficientemente delicados como para ocupar titulares durante semanas.</p><p>Duraron cuarenta y ocho horas.</p><p>Justo entonces Estados Unidos e Israel iniciaron ataques contra Ir&#225;n, y el mundo entero gir&#243; la cabeza. Las b&#250;squedas sobre Epstein, que llevaban semanas creciendo, cayeron cerca de un 95% en cuesti&#243;n de d&#237;as, seg&#250;n datos de Google Trends. Nadie censur&#243; la noticia. Nadie necesit&#243; hacerlo. Bast&#243; con que apareciera otra m&#225;s grande.</p><p>Y ah&#237; entend&#237; que llevaba d&#237;as haci&#233;ndome la pregunta equivocada. No era si alguien hab&#237;a utilizado a los therians para distraernos. Era algo mucho m&#225;s grave: &#191;cu&#225;ntas historias desaparecen simplemente porque otra consigue capturar nuestra atenci&#243;n unos segundos antes?</p><p>La respuesta me llev&#243; veinticinco a&#241;os atr&#225;s.</p><h2>Cuando una noticia desaparece</h2><p>En 2001, una asesora de comunicaciones del gobierno brit&#225;nico llamada Jo Moore le escribi&#243; un correo a su equipo minutos despu&#233;s de los ataques a las Torres Gemelas: dec&#237;a que ese era un buen d&#237;a para sacar a la luz cualquier cosa que quisieran enterrar. Al d&#237;a siguiente, mientras el mundo entero miraba Nueva York, su departamento anunci&#243; sin ning&#250;n ruido unos cambios menores en los gastos de los concejales locales. Nadie lo not&#243;.</p><p>El correo se filtr&#243; semanas despu&#233;s y termin&#243; convirti&#233;ndose en uno de los episodios m&#225;s conocidos de la comunicaci&#243;n pol&#237;tica brit&#225;nica &#8212; no por el esc&#225;ndalo, sino porque le puso nombre a una pr&#225;ctica que probablemente siempre existi&#243;: enterrar una noticia aprovechando que todo el mundo est&#225; mirando otra.</p><p>Pero lo interesante no es el correo. Es la diferencia.</p><p>Jo Moore necesit&#243; una decisi&#243;n: una persona, un teclado, una intenci&#243;n. Lo de Ir&#225;n fue distinto. No encontr&#233; una orden. No encontr&#233; un despacho coordinando titulares. Encontr&#233; algo mucho m&#225;s poderoso: un sistema que ya no necesita que alguien le diga qu&#233; hacer.</p><p>Porque aprendi&#243; a hacerlo solo.</p><h2>Lo que internet nos prometi&#243;</h2><p>Durante a&#241;os nos prometieron que internet iba a democratizar la informaci&#243;n. Y, siendo justos, cumpli&#243; su promesa: nunca antes en la historia de la humanidad hab&#237;a sido tan f&#225;cil acceder al conocimiento. Hoy podemos leer un peri&#243;dico publicado al otro lado del mundo, escuchar una conferencia de una universidad extranjera o consultar un documento oficial en cuesti&#243;n de segundos. Si el problema de otras &#233;pocas era la escasez de informaci&#243;n, ese problema qued&#243; atr&#225;s.</p><p>La revoluci&#243;n ocurri&#243;. Solo que no termin&#243; donde imagin&#225;bamos, porque internet no solo democratiz&#243; la informaci&#243;n. Tambi&#233;n democratiz&#243; los pensamientos colectivos.</p><p>Las modas dejaron de ser solo est&#233;ticas. Hoy tambi&#233;n existen modas morales: qu&#233; palabras usar, qu&#233; causas defender, qu&#233; opiniones son moralmente aceptables, qu&#233; silencios resultan imperdonables.</p><p>Y aqu&#237; ocurre algo curioso. La l&#243;gica indicaba que una sociedad con acceso a millones de fuentes ser&#237;a una sociedad m&#225;s diversa, m&#225;s cr&#237;tica y m&#225;s dif&#237;cil de convencer.</p><p>Lo curioso es que ocurri&#243; exactamente lo contrario: nunca hab&#237;amos tenido tantas posibilidades de pensar distinto, y sin embargo, rara vez hab&#237;amos pensado tan parecido.</p><p>D&#233;cadas antes de que existieran las redes sociales, el economista Herbert Simon escribi&#243; una frase que hoy parece una profec&#237;a: una abundancia de informaci&#243;n producir&#237;a una pobreza de atenci&#243;n.</p><p>Nunca imagin&#243; que esa atenci&#243;n terminar&#237;a convirti&#233;ndose en uno de los negocios m&#225;s rentables del planeta.</p><p>Eso cambia por completo la l&#243;gica del poder. En 1972, dos investigadores le pusieron nombre a la primera mitad de esa l&#243;gica: la llamaron <em>agenda-setting</em>, y descubrieron que los medios rara vez logran decirnos qu&#233; pensar, pero s&#237; logran decidir, con enorme precisi&#243;n, sobre qu&#233; pensamos. Medio siglo despu&#233;s, ya ni siquiera hace falta eso. Antes era suficiente con controlar la informaci&#243;n. Hoy basta con controlar el tiempo que dedicamos a ella.</p><p>Cada segundo frente a una pantalla tiene, hoy, un valor econ&#243;mico: cada clic, cada desplazamiento del dedo, cada minuto que retrasas el momento de cerrar una aplicaci&#243;n. Por eso las plataformas m&#225;s grandes del mundo no compiten por ofrecer el contenido m&#225;s importante. Compiten por capturar unos segundos m&#225;s de nuestra atenci&#243;n. Y cuando el negocio consiste en impedir que dejemos de mirar la pantalla, la profundidad deja de ser rentable. La velocidad siempre gana.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%216BJm%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Ff01cb228-863f-434b-b755-b05aa0e6f603_992x821.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!6BJm!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff01cb228-863f-434b-b755-b05aa0e6f603_992x821.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!6BJm!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff01cb228-863f-434b-b755-b05aa0e6f603_992x821.jpeg 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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No impedir que una sociedad hable. Ni siquiera impedir que una sociedad se informe. Conseguir que nunca permanezca el tiempo suficiente sobre una idea como para convertirla en un pensamiento propio.</p><p>Durante a&#241;os cre&#237;mos que el recurso m&#225;s valioso era la informaci&#243;n. Despu&#233;s empezamos a decir que era la atenci&#243;n. Creo que ambas respuestas se quedaron cortas.</p><p>Porque la informaci&#243;n puede multiplicarse. La atenci&#243;n puede recuperarse.</p><p>El tiempo, no.</p><p>El fil&#243;sofo Byung-Chul Han sostiene algo parecido: que la informaci&#243;n circula cada vez m&#225;s r&#225;pido, mientras que el conocimiento necesita otra velocidad. La informaci&#243;n puede atravesarnos en segundos. El conocimiento necesita quedarse. Porque las ideas no nos transforman cuando pasan frente a nosotros. Nos transforman cuando permanecen.</p><p>Quiz&#225; por eso Herbert Simon ten&#237;a raz&#243;n, aunque el problema termin&#243; siendo incluso m&#225;s profundo de lo que imagin&#243;. Una abundancia de informaci&#243;n produjo una pobreza de atenci&#243;n. Pero esa pobreza de atenci&#243;n termin&#243; produciendo algo todav&#237;a m&#225;s escaso: una pobreza de pensamiento.</p><p>Pensar siempre fue una forma de permanecer.</p><p>Comprender una guerra toma tiempo. Comprender una injusticia toma tiempo. Comprender un sistema pol&#237;tico toma tiempo. Comprender a quien piensa distinto toma tiempo. Comprenderse a uno mismo, tambi&#233;n.</p><p>Y, sin embargo, vivimos dentro de un sistema cuya rentabilidad depende exactamente de lo contrario. Cada segundo que permaneces en una pantalla vale dinero. Cada interrupci&#243;n genera una oportunidad. Cada nueva notificaci&#243;n compite con la anterior para impedir que una idea permanezca el tiempo suficiente como para convertirse en reflexi&#243;n.</p><p>Por eso creo que la forma del poder tambi&#233;n cambi&#243;. Antes bastaba con controlar la informaci&#243;n. Hoy resulta mucho m&#225;s eficaz controlar el ritmo. Porque quien controla el ritmo de una conversaci&#243;n termina controlando su profundidad. Y quien controla la profundidad termina condicionando aquello que una sociedad alcanza a comprender.</p><p>Nunca hab&#237;amos tenido tanto acceso al conocimiento. Y, sin embargo, nunca hab&#237;a sido tan dif&#237;cil convertir ese conocimiento en un pensamiento propio.</p><p>Tiempo para leer hasta el final. Tiempo para dudar. Tiempo para cambiar de opini&#243;n. Tiempo para descubrir que una idea era mucho m&#225;s compleja de lo que parec&#237;a la primera vez que la vimos.</p><p>Permanecer, en una econom&#237;a que convierte cada segundo de nuestra atenci&#243;n en dinero, empieza a parecer un acto de resistencia.</p><p>Quiz&#225; por eso el verdadero lujo del siglo XXI ya no sea viajar m&#225;s.</p><p>Ni ganar m&#225;s.</p><p>Ni consumir m&#225;s.</p><p>Y sospecho que de ese lujo depender&#225; mucho m&#225;s que nuestra tranquilidad.</p><p>Depender&#225; tambi&#233;n la calidad de nuestras democracias.</p><p>Porque una democracia no empieza a perderse cuando alguien proh&#237;be hablar. Empieza a perderse cuando pensar deja de ser un derecho cotidiano y empieza a convertirse en un privilegio.</p><p>Quiz&#225; por eso el verdadero lujo del siglo XXI no sea tener m&#225;s informaci&#243;n.</p><p>Ser&#225; disponer del tiempo suficiente para convertir la informaci&#243;n en pensamiento.</p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p>Valeria Mendez.</p><div><hr></div><p style="text-align: justify;"><strong>Fuentes:</strong></p><p>McCombs, M. &amp; Shaw, D. (1972). <em>The Agenda-Setting Function of Mass Media</em>. Public Opinion Quarterly.</p><p>Simon, H. (1971). <em>Designing Organizations for an Information-Rich World</em>.</p><p>Han, B-C. (2023). <em>La crisis de la narraci&#243;n</em>. Herder.</p><p>&#8220;These Unfortunate Events&#8221;, informe del Select Committee on Public Administration de la C&#225;mara de los Comunes, Reino Unido, sobre el caso Jo Moore (2001-2002).</p><p>TRT World, &#8220;From Epstein files to Iran war: How the global conversation suddenly shifted&#8221; (marzo 2026).</p><p>Euronews y &#161;HOLA!, cobertura del fen&#243;meno therian (febrero 2026).</p><p></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El partido que no para]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/el-partido-que-no-para</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/el-partido-que-no-para</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 28 Jun 2026 12:44:14 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21kKDo%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Ff4b78acf-8d6f-4511-8af6-ce3f2bb9c111_1536x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">No s&#233; si te pas&#243; lo mismo, pero yo necesitaba este Mundial.</p><p style="text-align: justify;">Y no lo digo como una gran aficionada al f&#250;tbol. Todo lo contrario. Mi relaci&#243;n con este deporte suele limitarse a dos momentos muy espec&#237;ficos: cuando juega Colombia y cuando hay una Copa del Mundo. El resto del tiempo puedo pasar meses sin ver un partido sin sentir que me estoy perdiendo de algo.</p><p style="text-align: justify;">Pero estas &#250;ltimas semanas me encontr&#233; haciendo exactamente lo mismo que millones de personas alrededor del planeta: reorganizando horarios para no perderme un partido, sufriendo en los minutos finales y celebrando los goles de Colombia como si hubiera seguido las eliminatorias desde el primer partido.</p><p style="text-align: justify;">Y qu&#233; alivio.</p><p style="text-align: justify;">Despu&#233;s de meses hablando de campa&#241;as, candidatos, encuestas, polarizaci&#243;n y una jornada electoral que nos dej&#243; emocionalmente exhaustos, se sinti&#243; bien volver a compartir una conversaci&#243;n distinta. Volvimos a discutir de f&#250;tbol. Volvimos a celebrar lo mismo. Volvimos, por un momento, a mirar hacia el mismo lugar.</p><p style="text-align: justify;">Y, aunque fuera por un rato, eso tambi&#233;n se sinti&#243; como una forma de reconciliaci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Me gusta escuchar el himno y ver a la gente cantarlo con orgullo. Me gusta que aparezcan banderas en balcones donde hace apenas unas semanas hab&#237;a discusiones pol&#237;ticas. Me gusta esa capacidad, casi inexplicable, que tiene el f&#250;tbol de hacernos sentir parte de algo m&#225;s grande que nosotros mismos.</p><p style="text-align: justify;">Pens&#233;, como probablemente muchos, que por fin hab&#237;amos encontrado un peque&#241;o descanso de la pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Pero el Mundial termin&#243; record&#225;ndome algo que ya sab&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Uno puede tomarse un descanso de la conversaci&#243;n pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">La pol&#237;tica, en cambio, rara vez se toma un descanso de nosotros.</p><h2>Mientras nosotros grit&#225;bamos los goles</h2><p style="text-align: justify;">Hace unos d&#237;as comenz&#243; a circular en redes sociales un video de la selecci&#243;n de Senegal en un aeropuerto estadounidense. No era un gol. No era una celebraci&#243;n. Era una fila de futbolistas con uniforme de concentraci&#243;n siendo sometidos a controles de seguridad directamente sobre la pista, antes de abordar un vuelo interno hacia San Antonio.</p><p style="text-align: justify;">Las im&#225;genes dieron la vuelta al mundo. Y con ellas, una pregunta que apareci&#243; una y otra vez:</p><p style="text-align: justify;">&#191;Habr&#237;a ocurrido lo mismo si se hubiera tratado de la selecci&#243;n de Francia?</p><p style="text-align: justify;">La Federaci&#243;n Senegalesa explic&#243; que el procedimiento hab&#237;a sido coordinado para agilizar el tr&#225;nsito del equipo. Esa explicaci&#243;n existe. Pero el debate nunca gir&#243; en torno al procedimiento. Gir&#243; en torno al contexto.</p><p style="text-align: justify;">Senegal es uno de los pa&#237;ses cuyos ciudadanos enfrentan restricciones de ingreso a Estados Unidos bajo las pol&#237;ticas migratorias vigentes. Los jugadores pod&#237;an entrar gracias a excepciones para delegaciones oficiales. Muchos de sus aficionados, no.</p><p style="text-align: justify;">Uno puede ahorrar durante a&#241;os para ver a su selecci&#243;n en un Mundial. Conseguir una entrada. Reservar un hotel. Comprar un pasaje. Y descubrir, al final, que el verdadero obst&#225;culo no era el precio del viaje. Era la frontera.</p><p style="text-align: justify;">En total, ciudadanos de 39 pa&#237;ses enfrentan restricciones para ingresar a Estados Unidos. Cuatro selecciones clasificadas est&#225;n directamente afectadas: Hait&#237;, Ir&#225;n, Costa de Marfil y Senegal. Para varios de esos pa&#237;ses, la emisi&#243;n de visas est&#225; suspendida o severamente limitada. Aficionados con entradas compradas han recibido rechazos sin explicaci&#243;n. Periodistas acreditados han sido autorizados a entrar con restricciones que limitan incluso su movilidad entre pa&#237;ses sede.</p><p style="text-align: justify;">Pero las restricciones no se quedaron en las tribunas. Tambi&#233;n alcanzaron a quienes deb&#237;an hacer posible el torneo.</p><p style="text-align: justify;">Omar Abdulkadir Artan no viajaba como turista. Iba a arbitrar un partido. Considerado el mejor &#225;rbitro africano de 2025 por la Confederaci&#243;n Africana de F&#250;tbol, hab&#237;a sido designado para integrar el equipo arbitral del torneo. Habr&#237;a sido el primer &#225;rbitro somal&#237; en dirigir una Copa del Mundo.</p><p style="text-align: justify;">Nunca lleg&#243; a la cancha.</p><p style="text-align: justify;">Al aterrizar en Miami, las autoridades le negaron el ingreso por razones descritas &#250;nicamente como &#8220;preocupaciones de verificaci&#243;n y seguridad&#8221;. No hubo m&#225;s detalles p&#250;blicos.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces apareci&#243; Ir&#225;n.</p><p style="text-align: justify;">Desde la Revoluci&#243;n Isl&#225;mica de 1979, las relaciones entre Estados Unidos e Ir&#225;n han estado marcadas por d&#233;cadas de tensiones, sanciones y confrontaciones diplom&#225;ticas. Ese conflicto, que parece tan lejano a una cancha de f&#250;tbol, tambi&#233;n termin&#243; proyect&#225;ndose sobre el torneo. La selecci&#243;n iran&#237; pudo disputar el Mundial, pero estableci&#243; su concentraci&#243;n en M&#233;xico y viaj&#243; a Estados Unidos &#250;nicamente para jugar cada partido.</p><p style="text-align: justify;">Entrar. Jugar. Salir.</p><p style="text-align: justify;">Como si el pa&#237;s anfitri&#243;n fuera apenas una escala obligatoria.</p><p style="text-align: justify;">Muchos aficionados africanos con visa v&#225;lida decidieron no viajar. No por falta de medios, sino por el temor a lo que implicara atravesar un aeropuerto. &#8220;No quiero llegar y tener que explicarme durante tres horas para que alguien me diga: &#191;puedo ver tu tel&#233;fono?&#8221;, resumi&#243; el analista Ebenezer Obadare del Council on Foreign Relations.</p><p style="text-align: justify;">Cuando un aficionado no puede viajar, un &#225;rbitro no puede arbitrar y una selecci&#243;n no puede permanecer en el pa&#237;s que organiza el torneo, deja de parecer una coincidencia. Empieza a parecer otra cosa.</p><p style="text-align: justify;">Este Mundial tiene un r&#233;cord hist&#243;rico: diez selecciones africanas clasificadas, m&#225;s que en ning&#250;n otro torneo de la historia. Es el Mundial m&#225;s africano de la historia. Y, al mismo tiempo, para millones de africanos, es el Mundial al que no pueden ir.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21kKDo%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Ff4b78acf-8d6f-4511-8af6-ce3f2bb9c111_1536x1024.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!kKDo!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff4b78acf-8d6f-4511-8af6-ce3f2bb9c111_1536x1024.png 424w, 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class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h2>El negocio detr&#225;s del partido</h2><p style="text-align: justify;">Hasta ese momento cre&#237;a que el Mundial me estaba contando una historia sobre fronteras.</p><p style="text-align: justify;">En realidad, me estaba contando una historia sobre poder.</p><p style="text-align: justify;">Porque cuanto m&#225;s le&#237;a, m&#225;s evidente se hac&#237;a que el torneo no es &#250;nicamente un escenario donde la pol&#237;tica aparece. Tambi&#233;n es una herramienta a trav&#233;s de la cual se proyecta. Y, pens&#225;ndolo bien, eso nunca fue una novedad.</p><p style="text-align: justify;">Pocas cosas concentran tanta atenci&#243;n como una Copa del Mundo. Durante un mes, miles de millones de personas miran hacia el mismo lugar. Se estima que este Mundial generar&#225; alrededor de 10.900 millones de d&#243;lares en ingresos &#8212; un r&#233;cord hist&#243;rico. Quien organiza un evento de esta magnitud no solo recibe selecciones nacionales. Recibe la atenci&#243;n del planeta.</p><p style="text-align: justify;">Y esa atenci&#243;n tiene un enorme valor pol&#237;tico.</p><p style="text-align: justify;">El Mundial de Argentina en 1978 no puede separarse de la dictadura de Videla, que lo utiliz&#243; para proyectar una imagen de normalidad mientras, a pocos kil&#243;metros de los estadios, funcionaban centros clandestinos de detenci&#243;n. Rusia 2018 fue una plataforma de proyecci&#243;n internacional en medio de sanciones y conflictos diplom&#225;ticos. Y Qatar 2022 instal&#243; en la conversaci&#243;n global una palabra que hasta entonces permanec&#237;a casi exclusivamente en los libros de relaciones internacionales: <em>sportswashing</em>. Usar el deporte para mejorar la imagen internacional de un Estado y desplazar, aunque sea temporalmente, otras discusiones.</p><p style="text-align: justify;">El <em>Journal of Democracy</em> lo describi&#243; con precisi&#243;n: los reg&#237;menes no usan el deporte para convencer a nadie de que son buenos. Lo usan para hacer m&#225;s dif&#237;cil que la conversaci&#243;n sobre si son malos encuentre espacio.</p><p style="text-align: justify;">Y la FIFA lo sabe. Siempre lo ha sabido.</p><p style="text-align: justify;">En diciembre de 2025, mientras los casos de visas negadas y &#225;rbitros rechazados ya eran de conocimiento p&#250;blico, Gianni Infantino le entreg&#243; a Donald Trump un &#8220;Premio de Paz de la FIFA&#8221; en Washington.</p><p style="text-align: justify;">No es casualidad. Es pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Cada Mundial termina reflejando las preocupaciones de su tiempo. Brasil nos oblig&#243; a hablar del costo social de organizar un torneo. Rusia convirti&#243; el evento en una conversaci&#243;n sobre geopol&#237;tica. Qatar puso los derechos humanos en el centro del debate. Y este Mundial cambi&#243; la conversaci&#243;n una vez m&#225;s: ya no estamos hablando principalmente de la imagen que un pa&#237;s quiere proyectar. Estamos hablando de qui&#233;n puede cruzar una frontera. De qui&#233;n puede entrar. De qui&#233;n queda inevitablemente por fuera.</p><p style="text-align: justify;">Durante a&#241;os repetimos que el deporte y la pol&#237;tica deber&#237;an mantenerse separados. Es una idea atractiva. Tambi&#233;n profundamente ingenua. Quiz&#225;s nunca estuvieron separados: la geopol&#237;tica siempre tuvo un bal&#243;n cerca.</p><h2>Para cerrar, querido Elector</h2><p style="text-align: justify;">Nada de lo que escrib&#237; en estas p&#225;ginas hace menos real el alivio que sent&#237; estas semanas.</p><p style="text-align: justify;">Los goles siguen emocion&#225;ndonos. Las remontadas siguen siendo &#233;picas. Los abrazos despu&#233;s de un triunfo siguen siendo aut&#233;nticos. El f&#250;tbol no pierde su magia porque la pol&#237;tica exista. Pero tampoco la pol&#237;tica desaparece porque empiece un partido.</p><p style="text-align: justify;">Quiero que lo disfrutes. Que grites los goles. Que te pongas la camiseta. Que te abraces con tu familia o con tus amigos cuando Colombia gane. Yo tambi&#233;n voy a hacerlo.</p><p style="text-align: justify;">Solo espero que, de vez en cuando, levantes la mirada unos segundos del bal&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Porque mientras el partido se juega, el mundo tambi&#233;n.</p><p style="text-align: justify;">Y a veces las historias m&#225;s importantes no ocurren dentro del &#225;rea. Ocurren en un aeropuerto. En una frontera. En una sala donde se decide qui&#233;n puede entrar y qui&#233;n no.</p><p style="text-align: justify;">El f&#250;tbol no interrumpe el mundo.</p><p style="text-align: justify;">Lo atraviesa.</p><p style="text-align: justify;">Y el partido, afuera, nunca termina.</p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,<br>Valeria Mendez</p><div><hr></div><p style="text-align: justify;"><strong>Fuentes</strong></p><p>Council on Foreign Relations. <em>The U.S. Is Co-Hosting the World Cup, But Much of the World Can&#8217;t Attend.</em> Junio 2026. <a href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fwww.cfr.org%2Farticles%2Fthe-u-s-is-co-hosting-the-world-cup-but-much-of-the-world-cant-attend">https://www.cfr.org/articles/the-u-s-is-co-hosting-the-world-cup-but-much-of-the-world-cant-attend</a></p><p>NPR. <em>A Warm World Cup Welcome? U.S. Immigration Policies Have Chilling Effect.</em> Junio 2026. <a href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fwww.npr.org%2F2026%2F06%2F09%2Fnx-s1-5851634%2Fimmigration-policies-affect-fifa">https://www.npr.org/2026/06/09/nx-s1-5851634/immigration-policies-affect-fifa</a></p><p>American Immigration Council. <em>World Cup Immigration Questions Answered: ICE, Visa Denials, and Iran.</em> Junio 2026. <a href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fwww.americanimmigrationcouncil.org%2Fblog%2Fworld-cup-ice-visas-iran">https://www.americanimmigrationcouncil.org/blog/world-cup-ice-visas-iran</a></p><p>Front Office Sports. <em>Travel, Visa Issues Hang Over World Cup.</em> Junio 2026. <a href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Ffrontofficesports.com%2Ftravel-visa-issues-hang-over-world-cup">https://frontofficesports.com/travel-visa-issues-hang-over-world-cup</a></p><p>Boykoff, Jules. <em>Red Card: The 2026 World Cup, Sportswashing and the FIFA Greed Machine.</em> Citado en NPR, junio 2026.</p><p>Journal of Democracy. <em>How Dictators Use Sports to Win Friends and Influence People.</em> <a href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fwww.journalofdemocracy.org%2Fonline-exclusive%2Fhow-dictators-use-sports-to-win-friends-and-influence-people%2F">https://www.journalofdemocracy.org/online-exclusive/how-dictators-use-sports-to-win-friends-and-influence-people/</a></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La más honesta de las mentiras ]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-mas-honesta-de-las-mentiras</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-mas-honesta-de-las-mentiras</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 21 Jun 2026 11:57:56 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21NFet%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F13245a33-5370-43dd-8510-4b02da2c359f_1408x768.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;"><span>Hoy es el gran d&#237;a.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hoy Colombia elige presidente.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y, al mismo tiempo, hoy puedo dar por terminada esta primera etapa de las conversaciones que hemos venido teniendo durante las &#250;ltimas semanas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No porque me vaya. Todo lo contrario.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Si algo me ha dejado este proyecto es la certeza de que apenas estamos comenzando. Hay millones de temas sobre los que quiero conversar contigo. Temas pol&#237;ticos, por supuesto, pero tambi&#233;n temas humanos. Y quiz&#225; la diferencia entre ambas cosas no sea tan grande como solemos creer.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque si hay una idea que ha guiado cada palabra que he escrito hasta ahora es una muy simple:</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Todo, absolutamente todo, es pol&#237;tico.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>La forma en que vivimos. La forma en que nos relacionamos. La forma en que amamos. La forma en que trabajamos. La forma en que tratamos al desconocido que se cruza en nuestro camino.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Por eso estoy emocionada por lo que viene.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero antes de seguir adelante, necesito cerrar este cap&#237;tulo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y para hacerlo, tengo que confesarte algo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Nada de lo que le&#237;ste durante estas semanas fue casualidad.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ni los temas que eleg&#237;. Ni el orden en que aparecieron. Ni siquiera la manera en que decid&#237; cont&#225;rtelos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Todo tuvo una intenci&#243;n. Todo tuvo una estructura. Y todo estuvo cuidadosamente pensado para llevarnos exactamente hasta este momento.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque en realidad, querido Elector, durante estas semanas no estaba escribiendo cuatro art&#237;culos distintos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Estaba escribiendo uno solo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Primero te habl&#233; de Venezuela. No porque quisiera hablarte de Venezuela. Quer&#237;a hablarte de las palabras.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>De c&#243;mo ciertos conceptos que escuchas todos los d&#237;as &#8212; y que probablemente has repetido m&#225;s de una vez &#8212; est&#225;n siendo utilizados de forma incorrecta. No por error. Por conveniencia. Porque hay algo enormemente &#250;til en convencerte de que una palabra significa algo que no significa: si logran eso, pueden convencerte de casi cualquier cosa que venga despu&#233;s.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque el lenguaje no solo describe la realidad. Cuando se usa con suficiente precisi&#243;n y suficiente repetici&#243;n, empieza a reemplazarla. Y cuando eso ocurre, ya no estamos hablando del mundo. Estamos hablando de versiones del mundo que alguien m&#225;s construy&#243; para nosotros.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Despu&#233;s te habl&#233; de polarizaci&#243;n. Porque una vez que las palabras cambian de significado, cambian tambi&#233;n las relaciones. Ya no discutimos ideas. Discutimos identidades. Y quer&#237;a que te preguntaras algo inc&#243;modo: cu&#225;ntas de las peleas que has tenido eran tuyas de verdad. Cu&#225;ntas eran la repetici&#243;n de algo que escuchaste tantas veces que termin&#243; sinti&#233;ndose propio.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Despu&#233;s te habl&#233; de tu cerebro. No para decirte que eres ingenuo &#8212; para decirte que esto nos pasa a todos. Que la pol&#237;tica no entra por la raz&#243;n. Entra por el miedo, por la esperanza, por la necesidad de pertenecer. Y cuando una idea toca esas fibras, deja de ser una opini&#243;n y empieza a sentirse como parte de qui&#233;n eres.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y entonces llegamos a Colombia. Porque despu&#233;s de hablarte de conceptos, de discursos y de lo que ocurre dentro de nuestra cabeza, necesitaba mostrarte algo m&#225;s simple: la realidad. Las dos Colombias que conviven en la misma calle. La que deslumbra y la que duele. La que aparece en las postales y la que aparece en los sem&#225;foros. No te habl&#233; de partidos ni de candidatos. Te habl&#233; de personas. Porque esa era la pregunta que ven&#237;a persiguiendo desde el principio: &#191;qu&#233; pasa cuando dejamos de ver personas y empezamos a ver etiquetas?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y me present&#233;. Porque si iba a pedirte que desconfiaras de los relatos demasiado perfectos, lo m&#237;nimo que pod&#237;a hacer era mostrarte qui&#233;n estaba construyendo este.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Podr&#237;a haberlo dicho todo en un solo texto.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero no lo hice. Y no fue un accidente.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Sab&#237;a que cuando se habla de pol&#237;tica, la guardia sube sola. Es autom&#225;tico. As&#237; que decid&#237; otra cosa: primero quer&#237;a que te sintieras c&#243;modo. C&#243;modo con mi forma de escribir, con los temas, con la mirada. Quer&#237;a que conocieras algo de m&#237; antes de que me escucharas de verdad. No para convencerte de nada &#8212; sino para que te sintieras lo suficientemente a gusto como para seguir leyendo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Constru&#237; una narrativa. Constru&#237; un personaje. Constru&#237; una relaci&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y si llegaste hasta aqu&#237;, funcion&#243;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Lo digo con honestidad &#8212; y s&#237;, con un poquito de orgullo tambi&#233;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero sobre todo lo digo para que lo veas. Para que veas lo poderoso que es un discurso bien pensado. Para que veas que la forma en que se dice algo es muchas veces m&#225;s poderosa que lo que se dice. Un discurso bien construido no te convence con argumentos. Te convence con sensaciones. Con ritmo. Con la ilusi&#243;n de que quien habla te entiende, te ve, habla exactamente por ti.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y eso, querido Elector, es exactamente lo que hace un pol&#237;tico con su campa&#241;a. Solo que con un ej&#233;rcito de expertos detr&#225;s, con millones invertidos, con a&#241;os de pr&#225;ctica &#8212; y con algo que yo no tengo: la urgencia de ganar.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Yo soy nadie. Solo una amateur con amor por la escritura.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Imagina lo que pueden hacer contigo los que llevan d&#233;cadas perfeccionando esto.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y no lo digo como met&#225;fora. Lo digo porque llevamos m&#225;s de un siglo estudiando exactamente c&#243;mo funciona.</span></p><h3><strong><span>La ciencia de convencerte</span></strong></h3><p style="text-align: justify;"><span>En 1928, Edward Bernays public&#243; un libro que se llam&#243;, con una honestidad que quitaba el aliento, </span><em><span>Propaganda</span></em><span>. Su tesis era simple: las personas no nos movemos por razones. Nos movemos por emociones, s&#237;mbolos y deseos que muchas veces ni comprendemos. Y quien logra conectar con esas emociones tiene una ventaja enorme sobre quien solo presenta datos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero Bernays describ&#237;a el mecanismo. Lo que no explicaba del todo era por qu&#233; funciona con tanta precisi&#243;n dentro de nuestra cabeza. Eso lo respondi&#243; d&#233;cadas despu&#233;s George Lakoff: no entendemos la realidad a trav&#233;s de hechos, sino a trav&#233;s de marcos mentales. Estructuras invisibles que determinan c&#243;mo interpretamos lo que vemos. Y quien logra instalar el marco desde el cual lees un problema, tiene la discusi&#243;n ganada antes de que empiece. Por eso cuando alguien dice &#8220;Venezuela&#8221; en un debate pol&#237;tico, ya no puedes hablar de reforma agraria sin que la conversaci&#243;n se contamine. El marco ya est&#225; puesto. T&#250; solo est&#225;s jugando en una cancha que otro construy&#243;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y si Bernays explic&#243; el mecanismo y Lakoff la arquitectura mental, Ernesto Laclau explic&#243; el resultado: el l&#237;der populista. Laclau observ&#243; que los movimientos populistas logran articular demandas muy distintas bajo una misma identidad colectiva: el pueblo. Y una vez que las personas empiezan a verse a s&#237; mismas como parte de ese 'nosotros', la pol&#237;tica deja de ser solamente un debate sobre propuestas y se convierte tambi&#233;n en una cuesti&#243;n de pertenencia.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Mecanismo. Marco. Identidad.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El discurso pol&#237;tico no est&#225; dise&#241;ado para informarte. Est&#225; dise&#241;ado para moverte.</span></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21NFet%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F13245a33-5370-43dd-8510-4b02da2c359f_1408x768.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!NFet!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F13245a33-5370-43dd-8510-4b02da2c359f_1408x768.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!NFet!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F13245a33-5370-43dd-8510-4b02da2c359f_1408x768.png 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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Derecha. Progresista. Conservador. Feminista. Empresario. Pueblo. Elite.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Cajas cada vez m&#225;s peque&#241;as. Cajas cada vez m&#225;s r&#237;gidas. Cajas que prometen claridad pero que simplifican lo humano hasta hacerlo reconocible. Hasta hacerlo predecible. Hasta hacerlo manejable.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque una persona es dif&#237;cil de leer. Una etiqueta no.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y el problema no est&#225; en que existan las categor&#237;as. El problema est&#225; en lo que hacemos despu&#233;s con ellas. Cuando dejamos de usarlas para comprender y empezamos a usarlas para reducir. Para juzgar. Para autorizar.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Una mujer que denuncia una violencia ya no es una persona atravesando algo complejo. Es &#8220;una feminista&#8221;. Un joven que defiende la apertura del mercado ya no es un ciudadano con preocupaciones propias. Es &#8220;uno de derecha&#8221;. Alguien que habla de pol&#237;ticas sociales ya no est&#225; pensando en c&#243;mo mejorar algo. Est&#225; &#8220;militando la izquierda&#8221;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y de ah&#237; en adelante, el cat&#225;logo se reproduce solo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hablas de pol&#237;ticas sociales &#8212; eres de izquierda. Eres de izquierda &#8212; eres pobre. Eres pobre &#8212; eres vago. Eres vago &#8212; no mereces nada. Defiendes ideas econ&#243;micas &#8212; eres de derecha. Eres de derecha &#8212; eres clasista. Eres clasista &#8212; eres el enemigo. Denuncias una injusticia &#8212; eres feminista. Eres feminista &#8212; eres radical. Eres radical &#8212; no te escucho.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>En psicolog&#237;a esto tiene nombre: distorsiones cognitivas. Atajos mentales autom&#225;ticos que nos llevan a conclusiones sin pasar por la evidencia. El cerebro los usa para ahorrar energ&#237;a. El discurso pol&#237;tico los usa para ahorrar argumentos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y entonces llega alguien que no cabe en la ecuaci&#243;n. El empresario que defiende causas sociales. La mujer de escasos recursos que vota por la derecha. El millonario que comulga con la izquierda. El joven de barrio que no se identifica con ning&#250;n bando.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y el sistema, que no sabe qu&#233; hacer con ellos, inventa m&#225;s etiquetas. O simplemente los ignora.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque el cat&#225;logo no fue dise&#241;ado para entender la complejidad. Fue dise&#241;ado para eliminarla.</span></p><h3><strong><span>Y Hoy es ese d&#237;a..</span></strong></h3><p style="text-align: justify;"><span>Hoy Colombia elige presidente.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y con eso tambi&#233;n llegan las celebraciones, las frustraciones, las burlas, las discusiones y los mensajes que probablemente no deber&#237;an enviarse. Veremos personas actuar como si hubieran ganado algo propio porque gan&#243; un candidato. Y veremos otras sentir que perdieron una parte de s&#237; mismas porque perdi&#243; el suyo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero la verdad es mucho m&#225;s simple.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hoy no gan&#243; nadie todav&#237;a. Hoy ganaron unas promesas. Y las promesas, querido Elector, no se celebran. Se contrastan con la realidad. Y la realidad siempre llega. Siempre.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Si gan&#243; el candidato que te gusta, me alegra por ti. Ojal&#225; cumpla. Y ojal&#225; conserves la lucidez suficiente para reconocerlo cuando acierte y la honestidad suficiente para se&#241;alarlo cuando se equivoque.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y si en cambio, perdi&#243;, recuerda algo igual de importante: la oposici&#243;n no es un obst&#225;culo para la democracia. Es una de sus garant&#237;as m&#225;s valiosas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Los candidatos pasan. Las campa&#241;as pasan. Los discursos pasan. Las camisetas se desgastan.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>La realidad no.</span></p><p style="text-align: justify;">Y en la realidad no hay bandos. Hay personas.</p><p>Y ninguna idea pol&#237;tica deber&#237;a costarte tu humanidad.</p><p style="text-align: justify;"><span>Con esto doy por cerrado este cap&#237;tulo electoral. El pr&#243;ximo domingo volveremos a las preguntas inc&#243;modas, a las conversaciones largas, a los temas importantes que nos obligan a mirar el mundo un poco m&#225;s despacio y, con suerte, un poco mejor.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y si estas promesas no se cumplen, no te preocupes. Tambi&#233;n tendremos mucho de qu&#233; hablar.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Que gane quien tenga que ganar.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y recuerda que ning&#250;n pol&#237;tico es un salvador de la patria. El &#250;nico Salvador es Dios.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y a Dios no se le honra idolatrando l&#237;deres, sino amando y respetando al pr&#243;jimo.</span></p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;"><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La casa más hermosa del vecindario]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-casa-mas-hermosa-del-vecindario</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-casa-mas-hermosa-del-vecindario</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 14 Jun 2026 13:14:06 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21V_ms%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F824ba51b-e672-44f2-811d-9b3991efc1ab_1264x842.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">Antes de entrar en materia, tengo que contarles algo.</p><p style="text-align: justify;">El art&#237;culo de la semana pasada me dej&#243; profundamente feliz. No tanto por lo que escrib&#237;, sino por lo que ustedes me devolvieron: mensajes, reflexiones, conversaciones que la lectura despert&#243;. No saben cu&#225;nto agradezco eso.</p><p style="text-align: justify;">Cada semana siento con m&#225;s claridad que estamos construyendo algo muy bonito: una comunidad de personas que todav&#237;a se detienen a pensar, a leer con calma, a hacerse preguntas. Y eso, en estos tiempos, me parece casi un acto de rebeld&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Y la verdad es que yo siempre he sido as&#237;.</p><p style="text-align: justify;">Curiosa. Muy curiosa. Con esa necesidad de entender un poco m&#225;s de lo que tengo enfrente. Yo creo que a eso, en la sociedad, le llaman irreverencia. Y como ya sabr&#225;n, la curiosidad mat&#243; al gato.</p><p style="text-align: justify;">Siempre supe que ser as&#237; pod&#237;a incomodar a algunas personas. Pero a mi pap&#225; no. Al contrario: parec&#237;a disfrutarlo. Entre m&#225;s fuertes eran mis preguntas, m&#225;s le gustaban. M&#225;s me lo celebraba. Y yo, en vez de prestarle atenci&#243;n a la sociedad, decid&#237; prestarle atenci&#243;n a &#233;l.</p><p style="text-align: justify;">Y eso me llev&#243; a estudiar Ciencia Pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Apenas sal&#237; de la facultad, me fui a Costa Rica a hacer una pasant&#237;a en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Fue una de las experiencias que m&#225;s me marc&#243;. No tanto por el trabajo, sino por la gente: personas de distintos pa&#237;ses de Am&#233;rica Latina, muy preparadas, pero sobre todo extraordinarias. Divertidas, intensas, curiosas. De esas con las que hablar se vuelve f&#225;cil incluso cuando las preguntas son dif&#237;ciles.</p><p style="text-align: justify;">Y la Corte. Un lugar dif&#237;cil de explicar, pero muy claro cuando se vive desde adentro. Ah&#237; los casos dejan de ser nombres y se vuelven historias reales. Uno escucha c&#243;mo se cruzan las tensiones m&#225;s profundas de la regi&#243;n: cuando los Estados que deber&#237;an proteger terminan vulnerando derechos, por acci&#243;n u omisi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Eso te cambia la forma de mirar. No te da respuestas, pero te cambia las preguntas.</p><p style="text-align: justify;">Despu&#233;s me fui a Buenos Aires. A estudiar una maestr&#237;a en Pol&#237;ticas Sociales en la Universidad de Buenos Aires.</p><p style="text-align: justify;">Y no creo que haya mejor lugar para estudiar pol&#237;tica en Am&#233;rica Latina que Argentina.</p><p style="text-align: justify;">Es un pa&#237;s donde la pol&#237;tica no se observa: se vive. Se discute con la misma pasi&#243;n con la que se vive el f&#250;tbol &#8212;y eso, en Argentina, ya es decir mucho&#8212;. Se respira en la calle, en la mesa, en cualquier conversaci&#243;n cotidiana.</p><p style="text-align: justify;">Un pa&#237;s intenso, irreverente, imposible de mirar desde lejos sin quedarse pensando.</p><p style="text-align: justify;">Y creo que por eso me sent&#237; tan parte. Porque esa forma de habitarlo &#8212;tan apasionada, tan contradictoria&#8212; me result&#243; familiar.</p><p style="text-align: justify;">Y ahora, despu&#233;s de todo eso, volv&#237; a Cartagena. Y la miro distinto. Con otros ojos.</p><h2><strong>Y Cartagena es una ciudad que se presta para el asombro.</strong></h2><p style="text-align: justify;">Lo digo sin exagerar.</p><p style="text-align: justify;">Vivo en un lugar donde miles de personas pagan por pasar apenas unos d&#237;as. Donde el mar Caribe aparece de repente al final de una calle cualquiera. Donde las murallas llevan siglos resistiendo el paso del tiempo con una elegancia que pocas ciudades conservan. Donde la brisa llega exactamente cuando el calor empieza a volverse insoportable. Y donde los atardeceres son tan exageradamente hermosos que uno no puede evitar preguntarse cu&#225;nta belleza habr&#225; en Dios para haber creado algo as&#237;.</p><p style="text-align: justify;">A veces salgo a caminar por el centro hist&#243;rico y me descubro observando las mismas cosas que observan los turistas. Las fachadas coloniales. Los balcones cubiertos de flores. La luz dorada de las &#250;ltimas horas de la tarde. La forma en que el sol se despide sobre el Caribe como si supiera exactamente el espect&#225;culo que est&#225; ofreciendo.</p><p style="text-align: justify;">Y me sorprendo. Porque durante a&#241;os pens&#233; que ya me hab&#237;a acostumbrado a todo eso. Pero resulta que no. Cartagena sigue teniendo la capacidad de dejarme sin palabras.</p><p style="text-align: justify;">Hay ciudades que estimulan la productividad. Hay ciudades que estimulan la ambici&#243;n. Y hay ciudades que alimentan el alma. Cartagena pertenece a esta &#250;ltima categor&#237;a. Lo que no sab&#237;a es que tambi&#233;n alimentar&#237;a las ganas de escribir sobre pol&#237;tica para quien me quiera leer.</p><h3 style="text-align: justify;"><strong>La grieta</strong></h3><p style="text-align: justify;">Y es justo ah&#237;, en medio de toda esa belleza, donde aparece algo dif&#237;cil de ignorar.</p><p style="text-align: justify;">Porque vivir en Cartagena no es solo vivir en un lugar hermoso. Es vivir en dos realidades al mismo tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Y eso choca. No de forma dram&#225;tica, sino profunda. Porque no hay que buscar la otra realidad: est&#225; ah&#237;. En la misma calle, en el mismo sem&#225;foro, a veces en el mismo edificio.</p><p>La misma ciudad que recibe millones de turistas al a&#241;o tiene tambi&#233;n la tasa de pobreza m&#225;s alta entre las principales capitales del pa&#237;s: 41 de cada 100 cartageneros viven en pobreza monetaria. Y no es casualidad. Jos&#233; Antonio Ocampo &#8212; uno de los economistas colombianos m&#225;s respetados del mundo, exministro de Hacienda &#8212; lo ha dicho sin rodeos: Colombia tiene una de las peores distribuciones de ingreso del planeta. No de la regi&#243;n. Del planeta.</p><p>Y eso no es una cifra. Es algo que se siente.</p><p style="text-align: justify;">Tengo amigos que han venido de distintos pa&#237;ses. Y todos me dicen lo mismo: que no pudieron sostener la belleza sin ver el contraste. Que en alg&#250;n momento dejaron de mirar lo hermoso porque lo otro se volvi&#243; imposible de ignorar y muy fuerte de presenciar.</p><p style="text-align: justify;">Y tienen raz&#243;n. No es un contraste sutil. Es un contraste que incomoda.</p><p style="text-align: justify;">La tragedia no es que exista. La tragedia es lo f&#225;cil que se vuelve acostumbrarse.</p><h3 style="text-align: justify;"><strong>Y cuanto m&#225;s pensaba en Cartagena, m&#225;s terminaba pensando en Colombia</strong>.</h3><p style="text-align: justify;">Porque Cartagena no es una excepci&#243;n. Es un espejo. Y lo que refleja no es solo una ciudad &#8212; es un pa&#237;s entero con la misma contradicci&#243;n inscrita en su geograf&#237;a, en su historia, en su manera de habitarse.</p><p>Colombia es una conversaci&#243;n permanente entre mundos distintos.</p><p>Est&#225; el Caribe que me vio nacer &#8212; el de las playas, las murallas, la m&#250;sica que se escapa por las ventanas y el calor que obliga a vivir un poco m&#225;s despacio. Pero tambi&#233;n el de algunas de las cifras de pobreza m&#225;s duras del pa&#237;s. Est&#225; la regi&#243;n Andina, con sus monta&#241;as infinitas, sus p&#225;ramos y las grandes ciudades donde se concentra buena parte de la actividad econ&#243;mica y pol&#237;tica. Est&#225; el Pac&#237;fico &#8212; uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta, con una riqueza cultural extraordinaria, y al mismo tiempo marcado por d&#233;cadas de abandono y violencia. Y est&#225; la Amazon&#237;a, tan vasta que por momentos parece m&#225;s un continente que una regi&#243;n; una selva que todav&#237;a guarda secretos que apenas comenzamos a comprender. Y est&#225;n nuestras islas. San Andr&#233;s, Providencia y Santa Catalina. Un Caribe distinto al m&#237;o. Con lengua propia, historia propia, y una manera de entender el mundo que muchas veces parece m&#225;s cercana al mar que al continente.</p><p>Seis regiones. Seis geograf&#237;as. Seis culturas. Seis conjuntos de urgencias. Y un solo pa&#237;s intentando contenerlas todas al mismo tiempo.</p><p>Quiz&#225;s por eso me cuesta tanto cuando reducimos la conversaci&#243;n pol&#237;tica a una pelea entre dos bandos. Porque la realidad colombiana es demasiado compleja para resumirse en una sola experiencia. Y, sin embargo, muchas veces discutimos como si todos habit&#225;ramos el mismo pa&#237;s. Como si las oportunidades y las urgencias estuvieran distribuidas de forma parecida.</p><p>Pero no lo est&#225;n.</p><p>El problema aparece cuando confundimos nuestra realidad con la realidad. Cuando olvidamos que existen otras colombias adem&#225;s de la nuestra. Porque las diferencias no est&#225;n escondidas. Est&#225;n ah&#237;. Mir&#225;ndonos a la cara.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21V_ms%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F824ba51b-e672-44f2-811d-9b3991efc1ab_1264x842.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V_ms!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F824ba51b-e672-44f2-811d-9b3991efc1ab_1264x842.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V_ms!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F824ba51b-e672-44f2-811d-9b3991efc1ab_1264x842.png 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h3 style="text-align: justify;"><strong>La ra&#237;z</strong></h3><p style="text-align: justify;">Y quiz&#225;s por eso llevo tiempo d&#225;ndole vueltas a una sospecha. Que muchas de las heridas que arrastramos como pa&#237;s terminan llev&#225;ndonos, tarde o temprano, al mismo lugar.</p><p>La desigualdad.</p><p>No porque explique todo &#8212; ser&#237;a ingenuo decirlo. Pero s&#237; porque aparece demasiadas veces como para ignorarla. Como si fuera el suelo sobre el que crecen otros problemas.</p><p>Y aqu&#237; vuelvo a una imagen que me ha acompa&#241;ado durante estos d&#237;as. La de una casa. Porque a veces siento que Colombia se parece un poco a una casa hermosa construida sobre cimientos agrietados. Podemos pintar las paredes. Cambiar las ventanas. Renovar los muebles. Construir habitaciones nuevas. Y muchas de esas cosas son importantes. Muy importantes. Pero tarde o temprano las grietas vuelven a aparecer. Porque los problemas estructurales tienen esa costumbre inc&#243;moda de recordarnos que siguen ah&#237;.</p><p>Esperando.</p><p>Y mientras tanto, hay preguntas mucho m&#225;s profundas que siguen sin respuesta. Preguntas sobre oportunidades. Sobre movilidad social. Sobre la capacidad que tiene una sociedad para ofrecerles a sus ciudadanos algo m&#225;s que la supervivencia.</p><p>Porque al final del d&#237;a, por m&#225;s ideolog&#237;as que existan y por m&#225;s modelos de pa&#237;s que podamos imaginar, hay algo que deber&#237;a preocuparnos a todos por igual.</p><p>Las heridas que siguen abiertas.</p><h3 style="text-align: justify;"><strong>Para cerrar, querido Elector.</strong></h3><p style="text-align: justify;">Y aqu&#237;, despu&#233;s de todo lo anterior, llego a algo que sospecho desde hace tiempo.</p><p>Que quiz&#225;s no es casualidad que estemos tan polarizados. Que quiz&#225;s la polarizaci&#243;n es, en parte, una forma de adaptaci&#243;n. Una respuesta casi inevitable a un pa&#237;s que es demasiado complejo, demasiado diverso, demasiado desigual como para poder ser narrado de una sola manera.</p><p>Y entonces lo reducimos. A dos opciones. Dos relatos. Dos bandos. Como si la profundidad de este pa&#237;s pudiera caber en una papeleta.</p><p>No cabe. Nunca ha cabido. Pero aun as&#237; insistimos &#8212; porque es la &#250;nica forma que hemos encontrado para intentar simplificarlo.</p><p>No escribo esto para decirte por qui&#233;n votar. Eso, con total honestidad, no me interesa. Por quien votes o dejes de votar es tuyo. Enteramente tuyo.</p><p>Lo que s&#237; me interesa es otra cosa. Que por un momento te detengas. Que interrumpas la costumbre de mirar siempre desde el mismo lugar. Porque ah&#237; afuera hay otra Colombia &#8212; no necesariamente invisible, pero s&#237; muchas veces ajena. No porque est&#233; lejos, sino porque no coincide con la tuya.</p><p>Y entonces llegan las propuestas. Crecimiento econ&#243;mico. Inversi&#243;n. Modernizaci&#243;n. Y pueden ser necesarias. Pueden ser la pintura nueva, los acabados de m&#225;rmol, las ventanas que dejan entrar m&#225;s luz. Y ojal&#225; funcionen.</p><p>Pero las grietas siguen ah&#237;. No como detalle. Sino como estructura. Y ninguna capa de pintura reemplaza unos cimientos que no hemos terminado de mirar.</p><p>Porque las casas no se caen por lo que se ve. Se caen por lo que se ignora.</p><p>Y quiz&#225;s lo m&#225;s inc&#243;modo de todo esto no es la desigualdad. Es que aprendimos a vivir con ella sin dejar de llamar a esto un pa&#237;s.</p><p>La pregunta es simple. Y por eso mismo, dif&#237;cil de responder.</p><p></p><p><strong>&#191;Qu&#233; Colombia est&#225;s viendo cuando dices que ves Colombia?</strong></p><p></p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoLector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[ ¿Qué necesitamos con más urgencia: un presidente o un terapeuta? ]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/que-necesitamos-con-mas-urgencia</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/que-necesitamos-con-mas-urgencia</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 07 Jun 2026 12:36:38 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21P8f_%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fd9621611-13c1-4c7b-8f57-5142c184fbc9_1264x842.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p style="text-align: justify;">Querido  Elector:</p><p style="text-align: justify;">Era un Martes de tarde &#8212; de esas tardes que solo existen cuando el home working (o el desempleo) te regala el lujo de vivirlas.</p><p style="text-align: justify;">Estaba en casa de una amiga. Pintora ella, y de las inteligentes: de las que piensan con las manos y sienten con los ojos.</p><p style="text-align: justify;">Su casa tiene esa clase de silencio que no se compra ni se decora &#8212; se respira. Un jard&#237;n donde la luz se filtraba entre los &#225;rboles, acentuando lo tenue del momento. La magia quieta de una tarde que no ped&#237;a nada.</p><p style="text-align: justify;">Ella pintaba. Yo intentaba escribir. Y sobre la mesa, un vino que nadie pidi&#243; permiso para ser necesario.</p><p style="text-align: justify;">Fue ella quien me cont&#243; primero.</p><p style="text-align: justify;">Que el art&#237;culo del domingo anterior &#8212; el de la polarizaci&#243;n, el de si en Colombia votamos por algo o solo en contra de alguien &#8212; le hab&#237;a servido para reconciliarse con su mam&#225;. Hab&#237;an peleado por pol&#237;tica. Y leerme hab&#237;a sido la bandera blanca de su parte. Lo que la hizo reflexionar que quiz&#225; no era tan buena idea dejar de hablarle a la persona que m&#225;s amas por pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Despu&#233;s me lo cont&#243; otro amigo. Que hab&#237;a peleado con su esposa porque no pod&#237;a creer c&#243;mo ella se hab&#237;a atrevido a votar por el candidato que a &#233;l no le gustaba &#8212; y que encima no le conven&#237;a por temas laborales. Que estaba muy ofendido. Que gracias a esa lectura hab&#237;a podido reflexionar un poco.</p><p style="text-align: justify;">Solo un poco.</p><p style="text-align: justify;">Porque segu&#237;a ofendido.</p><p style="text-align: justify;">Desde ese domingo hasta hoy &#8212; m&#225;s de 800 personas leyeron ese art&#237;culo en pocos d&#237;as. Y el comentario que m&#225;s se repet&#237;a no era pol&#237;tico. Era humano:</p><p style="text-align: justify;"><em>&#8220;Me hizo pensar.&#8221;</em> <em>&#8220;Me hizo bajar la pelea.&#8221;</em> <em>&#8220;Me hizo volver a hablar.&#8221;</em></p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; entend&#237; algo inc&#243;modo: que a m&#237; tambi&#233;n me pasa. Que me pasaba mucho m&#225;s antes. Y que incluso ahora, en estas elecciones, me sigo preguntando si estoy siendo demasiado tibia por no discutir m&#225;s fuerte con quien piensa distinto. Si deber&#237;a llenarme de fervor y pelear con ese t&#237;o que lleva d&#233;cadas marcando su preferencia por el candidato opuesto. Si al no hacerlo estoy fallando en algo.</p><h2><strong>Pero es que en m&#237; pelean dos personas todo el tiempo.</strong></h2><p style="text-align: justify;">Est&#225; la Valeria que siente la pol&#237;tica &#8212; la pasional. La que quiere convencer. La que lee una propuesta, escucha un discurso o ve un debate y siente c&#243;mo se le acelera algo por dentro. La que se apasiona. La que se enoja. La que a veces quisiera sentar a todo el mundo en una misma mesa y explicarles, durante tres horas seguidas, por qu&#233; est&#225; convencida de que tiene raz&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Y est&#225; la otra.</p><p style="text-align: justify;">La cientista pol&#237;tica. La que pas&#243; a&#241;os estudiando, entre otras cosas, por qu&#233; las personas creen lo que creen. La que sabe lo imposible que es ser completamente imparcial &#8212; y que por eso mismo no lo pretende. Lo que s&#237; hace es ir al dato antes que a la emoci&#243;n, a la fuente antes que al titular, a la profundidad del problema antes que al ruido que lo rodea. No por virtud; por respeto al oficio. La que entiende que detr&#225;s de cada voto hay una historia, una experiencia, un miedo, una esperanza o una herida que muchas veces ni conocemos.</p><p style="text-align: justify;">La primera quiere convencer. La segunda quiere comprender.</p><p style="text-align: justify;">Y con los a&#241;os he aprendido algo que no esperaba: <em>a leer el cuarto antes de abrir la boca. </em>A distinguir entre una conversaci&#243;n donde mis argumentos tienen alguna posibilidad de ser escuchados &#8212; donde hay alguien al otro lado dispuesto a entender, as&#237; no est&#233; de acuerdo &#8212; y una donde ya est&#225; todo decidido mucho antes de que yo diga una sola palabra.</p><p style="text-align: justify;">Porque hay una diferencia enorme entre debatir y defender. Quien debate llega con preguntas. Quien defiende llega con respuestas inamovibles &#8212; y con la certeza absoluta de que el que piensa diferente no es alguien con otro punto de vista, sino alguien que est&#225; equivocado. Punto. Esa persona no quiere una conversaci&#243;n; quiere una victoria. Y en ese escenario, da igual cu&#225;ntos argumentos traigas, cu&#225;ntos estudios cites, cu&#225;nta profundidad tengas &#8212; no va a servir de nada. Porque el objetivo nunca fue entender. Fue ganar.</p><p style="text-align: justify;">Y esa pelea, sin dudarlo, me la pierdo. No porque las ideas no importen &#8212; importan much&#237;simo. Las elecciones cambian vidas. Las pol&#237;ticas p&#250;blicas tienen consecuencias reales. Lo que se decide en las urnas puede mejorar o empeorar la vida de millones de personas. Precisamente por eso aprend&#237; a distinguir entre las conversaciones que pueden abrir una puerta y las que solo levantan un muro. Porque mi energ&#237;a vale m&#225;s que una discusi&#243;n que ya tiene ganador antes de empezar y que, si no se detiene a tiempo, puede terminar en ofensas e insultos.</p><p style="text-align: justify;">Eso no significa renunciar a las ideas. Significa elegir mejor d&#243;nde vale la pena defenderlas.</p><p style="text-align: justify;">Pero ojo &#8212; porque esto no pasa porque la gente sea mala. Pasa porque as&#237; estamos construidos. Y eso, curiosamente, lo explica la ciencia mejor que cualquier columnista de opini&#243;n.</p><h2><strong>Tu cerebro no debate. Reacciona.</strong></h2><p style="text-align: justify;">El psic&#243;logo social Jonathan Haidt lo explica en <em>The Righteous Mind</em> con una claridad que incomoda:</p><p style="text-align: justify;">No somos seres racionales que a veces sienten. Somos seres emocionales que a veces razonamos.</p><p style="text-align: justify;">En pol&#237;tica, primero sentimos. Despu&#233;s justificamos.</p><p style="text-align: justify;">La raz&#243;n no llega como juez &#8212; llega tarde, como abogado defensor, a construir los argumentos para justificar lo que ya decidimos desde las entra&#241;as.</p><p style="text-align: justify;">Lo que significa, en t&#233;rminos muy concretos, que cuando alguien te contradice pol&#237;ticamente, tu cerebro no lo procesa como una diferencia de opini&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Lo procesa como una traici&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">No a tu argumento. A ti. A todo lo que construiste, viviste y sentiste para llegar a donde est&#225;s.</p><h2><strong>Lo que le pasa a tu cabeza cuando alguien vota diferente.</strong></h2><p style="text-align: justify;"> Hugo S&#225;nchez Castillo, investigador de la Facultad de Psicolog&#237;a de la UNAM, explica que cuando una persona se encuentra con una postura ideol&#243;gica distinta a la suya, esa reacci&#243;n se procesa en el sistema nervioso central &#8212; espec&#237;ficamente en una regi&#243;n llamada corteza prefrontal dorsomedial.</p><p style="text-align: justify;">Esa regi&#243;n eval&#250;a el discurso y lo clasifica, seg&#250;n la formaci&#243;n de cada individuo, como algo que puede ser interpretado como amenaza o como algo inaceptable.</p><p style="text-align: justify;">Cuando esa activaci&#243;n es suficientemente intensa, el cerebro puede modular &#8212;e incluso inhibir&#8212; los circuitos asociados al juicio moral, generando respuestas defensivas autom&#225;ticas.</p><p style="text-align: justify;">No lo procesa como una diferencia de opini&#243;n. Lo procesa como algo que lo interpela directamente.</p><p style="text-align: justify;">Y eso cambia la forma en la que discutimos.</p><p style="text-align: justify;">Porque en pol&#237;tica, muchas veces, no estamos reaccionando a ideas.</p><p style="text-align: justify;">Estamos reaccionando a lo que sentimos que esas ideas dicen de nosotros.</p><h2><strong>Y hay un estudio de la universidad de Stanford que lo confirma.</strong></h2><p style="text-align: justify;">Investigadores han mostrado que la forma en que procesamos informaci&#243;n pol&#237;tica no funciona como solemos creer.</p><p style="text-align: justify;">No somos observadores neutrales de datos. Somos int&#233;rpretes sesgados de lo que queremos confirmar.</p><p style="text-align: justify;">Dos personas con capacidades cognitivas similares pueden analizar exactamente la misma evidencia y llegar a conclusiones opuestas. No porque una entienda y la otra no. Sino porque ambas filtran la informaci&#243;n a trav&#233;s de lo que ya creen.</p><p style="text-align: justify;">En un experimento en Nueva York, a participantes se les record&#243; su posici&#243;n pol&#237;tica antes de salir a la calle en un d&#237;a caluroso. Conservadores y liberales reportaron percepciones distintas del mismo clima.</p><p style="text-align: justify;">El mismo sol. El mismo calor. Dos realidades distintas.</p><p style="text-align: justify;">A esto se le llama motivated reasoning: el cerebro acepta lo que confirma sus creencias y rechaza lo que las contradice.</p><p style="text-align: justify;">No es mala fe. No es falta de inteligencia.</p><p style="text-align: justify;">Es identidad protegi&#233;ndose a s&#237; misma.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21P8f_%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fd9621611-13c1-4c7b-8f57-5142c184fbc9_1264x842.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!P8f_!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd9621611-13c1-4c7b-8f57-5142c184fbc9_1264x842.png 424w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h2><strong>Si todo lo anterior es cierto, querido Elector...</strong></h2><p style="text-align: justify;">Entonces algo empieza a volverse evidente en lo cotidiano.</p><p style="text-align: justify;">Que no discutimos solo con desconocidos.</p><p style="text-align: justify;">Discutimos con la gente que queremos. Con la familia. Con los amigos. Con personas que no est&#225;n intentando convencernos de nada m&#225;s que de seguir estando cerca.</p><p style="text-align: justify;">Y aun as&#237;, algo se rompe con una facilidad extra&#241;a.</p><p style="text-align: justify;">Porque hay un momento en toda discusi&#243;n pol&#237;tica en el que ya no estamos explicando. Estamos intentando justificar lo que sentimos. Y cuando nos piden razones, la conversaci&#243;n empieza a torcerse.</p><p style="text-align: justify;">Ya no alcanza lo que sabemos decir. Porque lo que sentimos es m&#225;s grande que las palabras que tenemos.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces aparece la urgencia. La presi&#243;n. El intento desesperado de encontrar una forma de decir algo que todav&#237;a no tiene forma.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; la discusi&#243;n cambia de lugar.</p><p style="text-align: justify;">Deja de ser explicaci&#243;n. Empieza a ser tensi&#243;n. A veces, inlcuso violencia. No porque realmente queramos hacer da&#241;o. Sino porque en ese punto ya no est&#225; hablando el yo racional. Est&#225; hablando la emoci&#243;n tratando de sostenerse con palabras que no le alcanzan.</p><p style="text-align: justify;">Y cuando no alcanzan... empuja. Sube el tono. Cruza l&#237;mites. Insulta. Humilla.</p><p style="text-align: justify;">Y despu&#233;s viene lo m&#225;s inc&#243;modo.</p><p style="text-align: justify;">El regreso. La conciencia de lo que se dijo. La pregunta de por qu&#233; fue tan dif&#237;cil detenerse.</p><p style="text-align: justify;">Porque los gobiernos cambian. Las campa&#241;as terminan. Las ideas se transforman.</p><p style="text-align: justify;">Pero las personas siguen ah&#237;. Sentadas en la misma mesa. En la misma familia. En la misma vida.</p><p style="text-align: justify;">Y no hay ninguna elecci&#243;n que compense perder eso.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces me queda una &#250;ltima duda.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez la pregunta nunca fue por qui&#233;n votas.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez la pregunta es por qu&#233; te duele tanto que otro vote distinto.</p><p style="text-align: justify;"><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><p><em> Fuentes: Haidt, J. (2012). The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion. Pantheon Books. S&#225;nchez Castillo, H. &#191;C&#243;mo percibe el cerebro la pol&#237;tica? UNAM Global.</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoLector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Me pregunto si alguna vez votamos por algo — o solo en contra de alguien]]></title><description><![CDATA[Por Valeria M&#233;ndez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/me-pregunto-si-alguna-vez-votamos</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/me-pregunto-si-alguna-vez-votamos</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 31 May 2026 11:54:31 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%210Mxp%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F5ccb1a37-ed57-463b-bc9f-2343295783c4_1536x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p>Querido  Elector:</p><p>Hoy Colombia vota. Y ya saben lo que eso significa: familias que llevan semanas sin hablarse; grupos de WhatsApp silenciados indefinidamente; y al menos un primo que ya gan&#243;, aunque los resultados no hayan salido.</p><p> Y para los que no son de Colombia &#8212; no se vayan todav&#237;a. Si en su pa&#237;s ya vivieron algo as&#237;, bienvenidos al club. Si todav&#237;a no &#8212; qu&#233;dense igual, tomen nota y disfruten del espect&#225;culo. Porque lo que estamos haciendo aqu&#237;, con toda la honestidad del mundo, es bastante pat&#233;tico.</p><p>Y antes de que sigan con su d&#237;a: denle cinco minutos a esto. No para leer pol&#237;tica &#8212; para reconciliarse con ella.</p><h2>Los n&#250;meros primero; porque si no, esto es solo desahogo con buena redacci&#243;n.</h2><p>Seg&#250;n la Encuesta de Polarizaci&#243;n 2025 de <em>Valiente es Dialogar</em>, el 42% de los colombianos dice que la polarizaci&#243;n afecta sus relaciones familiares; el 27% ha perdido amigos por diferencias pol&#237;ticas; el 84% responsabiliza a los pol&#237;ticos de avivar la divisi&#243;n con sus discursos.</p><p>Cuatro de cada diez colombianos han tenido problemas con su familia: no por una herencia mal repartida, no por una deuda antigua, sino por pol&#237;tica. Por un candidato. Por una idea que alguien les vendi&#243; tan bien que la metieron en casa, la sentaron a la mesa y le sirvieron el mejor plato.</p><p>Y la ciencia lo confirma: los estudios electorales en Am&#233;rica Latina muestran que las emociones son m&#225;s determinantes en el voto que las propuestas concretas. No los planes de gobierno; las <em>caras</em>. Lo que sentimos cuando vemos a alguien hablar pesa m&#225;s que lo que dice.</p><p>Llevamos d&#233;cadas eligiendo presidentes como si fueran perfiles en Bumble: con el mismo rigor, la misma profundidad y, lamentablemente, resultados similares.</p><h2>Colombia lleva haciendo esto desde 1848; por si alguien pensaba que era nuevo.</h2><p>Rojos contra azules. Liberales contra conservadores: un duelo que parec&#237;a de otra &#233;poca y que result&#243; ser, con mejor vestuario, exactamente el mismo de hoy.</p><p>La Guerra de los Mil D&#237;as dej&#243; entre 39.000 y 100.000 muertos. La Violencia &#8212; llamada as&#237; porque no necesitaba apellido &#8212; dej&#243; 250.000 muertos y m&#225;s de dos millones de desplazados. Todo entre personas que, en el fondo, quer&#237;an m&#225;s o menos las mismas cosas para sus familias; pero que hab&#237;an aprendido tan bien a verse como enemigos que ya no sab&#237;an hacer otra cosa.</p><p>Uribe vs. Santos. Santos vs. Duque. Uribe vs. Petro. Siempre versus; nunca puentes. Siempre un enemigo n&#237;tido al otro lado y la certeza colectiva de que <em>esta</em> elecci&#243;n es la m&#225;s importante de la historia y que si gana el otro, la civilizaci&#243;n colapsa.</p><p>Y no somos los &#250;nicos. Argentina es un caso de manual: lleva d&#233;cadas votando <em>en contra</em> de algo sin terminar de votar <em>a favor</em> de nada. El p&#233;ndulo no ha parado &#8212; kirchnerismo, antikirchnerismo, kirchnerismo, antikirchnerismo &#8212; como un pa&#237;s atrapado en su propio reflejo. Milei no lleg&#243; al poder porque sus propuestas convencieran a las mayor&#237;as: lleg&#243; porque era la encarnaci&#243;n m&#225;s radical del <em>no ser kirchnerista</em>. El odio construy&#243; un gobierno entero. En Brasil, Lula y Bolsonaro partieron al pa&#237;s en dos: las elecciones de 2022 terminaron 50.9% vs 49.1%. No era un debate de propuestas &#8212; era una guerra de identidades. Lula o Bolsonaro no eran opciones pol&#237;ticas: eran bandos. En Venezuela, Ch&#225;vez construy&#243; una figura tan poderosa que sobrevivi&#243; su propia muerte; el chavismo sin Ch&#225;vez sigui&#243; siendo una identidad, no un programa.</p><p>El patr&#243;n es siempre el mismo: las ideas se pierden; la figura permanece. Y volviendo a Colombia, que es donde estamos y porque hoy toca: llevamos casi doscientos a&#241;os con la misma canci&#243;n. Solo cambia el int&#233;rprete.</p><h2>Lo que nadie te cuenta sobre c&#243;mo funciona esto por dentro.</h2><p>Mientras t&#250; no le hablas a tu t&#237;o porque vot&#243; por Uribe y t&#250; por Petro &#8212; mientras discutes con tu amiga argentina porque ella es kirchnerista y t&#250; simpatizas con Milei &#8212; existe una probabilidad muy alta de que esos mismos pol&#237;ticos que protagonizan tus peleas est&#233;n sentados en la misma mesa cuando a ambos les convenga.</p><p>Porque as&#237; funciona la pol&#237;tica por dentro: un presidente no gobierna solo con su voluntad. Necesita al Congreso. Necesita a los gremios. Necesita, incluso, a quienes no votaron por &#233;l. Un candidato que no sabe negociar con el diferente no aprueba reformas, no genera contrapesos, no construye nada que dure m&#225;s all&#225; de su propio mandato. El &#233;xito de un gobierno no depende solo de la figura &#8212; depende de instituciones que funcionen, de un Congreso que delibere, de una sociedad que exija. Un presidente no es un rey. Es una pieza &#8212; importante, s&#237; &#8212; dentro de un sistema mucho m&#225;s grande que &#233;l.</p><p>Por eso, lo m&#225;s peligroso no es elegir al candidato equivocado. Lo m&#225;s peligroso es endiosar a cualquiera.</p><p>T&#250; llevas meses sin hablarle a tu t&#237;o. Ellos ya est&#225;n sentados. Y t&#250;, no.</p><h2>Pero hay algo m&#225;s profundo que todo eso.</h2><p>Nos quejamos de que ya no hay debates de ideas: de que la pol&#237;tica se redujo a insultos, a memes, a caras y slogans. Y tenemos raz&#243;n. Pero luego salimos a la calle y le decimos <em>facho</em>, <em>zurdo</em>, <em>bobo</em>, <em>cuca</em>, <em>resentido social</em>, <em>hijo de mami y papi</em> a quien piensa diferente. Humillamos. Clasificamos. Cancelamos.</p><p>Y ah&#237; est&#225; la pregunta que nadie quiere hacerse: &#191;c&#243;mo queremos un pa&#237;s donde se debatan ideas si nosotros mismos no podemos hablar con alguien que no piensa igual?</p><p>La pol&#237;tica no empieza en el Congreso; empieza en la mesa familiar, en el grupo de WhatsApp, en el comentario que decides o no decides publicar. El pa&#237;s que tenemos es, en buena parte, el reflejo de c&#243;mo nos tratamos entre nosotros: no es solo el presidente, somos nosotros &#8212; construyendo o destruyendo el tejido social cada vez que abrimos la boca.</p><p>Nadie va a construir el pa&#237;s que queremos en nuestro nombre. Eso, lamentablemente, tambi&#233;n nos toca a nosotros.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%210Mxp%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252F5ccb1a37-ed57-463b-bc9f-2343295783c4_1536x1024.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!0Mxp!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5ccb1a37-ed57-463b-bc9f-2343295783c4_1536x1024.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!0Mxp!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5ccb1a37-ed57-463b-bc9f-2343295783c4_1536x1024.png 848w, 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class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2 icon-noB79L"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h2>Y ya que estamos: tus razones no son m&#225;s importantes que las de los dem&#225;s.</h2><p>Se entiende perfectamente que tengas intereses concretos en determinado candidato: que su reforma de salud te cambia la vida, que su pol&#237;tica agraria es lo que tu familia lleva d&#233;cadas esperando, que su propuesta econ&#243;mica protege tu trabajo. Eso es leg&#237;timo; eso es, de hecho, exactamente c&#243;mo deber&#237;a funcionar la democracia.</p><p>Pero as&#237; como a ti te conviene uno, a otros les conviene el otro. Con la misma l&#243;gica. Con la misma legitimidad.</p><p>Entonces: &#191;por qu&#233; tus problemas son m&#225;s urgentes que los suyos? &#191;Por qu&#233; insultas a quien se beneficiaba de las pol&#237;ticas del candidato que t&#250; detestas? &#191;Por qu&#233; le llamas ignorante a quien tiene una raz&#243;n econ&#243;mica, social o personal perfectamente comprensible para votar diferente?</p><p>La democracia no es un examen con una respuesta correcta al final: es una negociaci&#243;n permanente entre intereses distintos. Y entender eso no es ingenuidad; es la diferencia entre un ciudadano y un fan&#225;tico.</p><h2>Para cerrar, querido Elector.</h2><p>Este no es un llamado a no pelear. Pelear por lo que importa &#8212; la salud, la educaci&#243;n, la tierra, la justicia, la paz &#8212; no solo es v&#225;lido; es necesario. La historia avanza porque gente inconforme decidi&#243; que las cosas pod&#237;an ser distintas.</p><p>Lo que vale la pena preguntarse es hasta d&#243;nde nos ha llevado el ruido; hasta d&#243;nde nos ha llevado el miedo; hasta d&#243;nde nos lleva el algoritmo que nos muestra solo lo que ya creemos, y el discurso callejero que repetimos sin filtrar, sin verificar, sin preguntarnos si realmente es nuestro o si simplemente sonaba bien y lo adoptamos sin leer la letra peque&#241;a.</p><p>&#191;Vale la pena no hablarle nunca m&#225;s a alguien por sus convicciones pol&#237;ticas? &#191;Vale la pena el odio, el comentario destructor, desprestigiar y amedrentar a quien hoy no profesa tus mismas opiniones?</p><p>Filtrar no es rendirse: es elegir mejor las batallas. Es asegurarse de que lo que sale de nuestra boca &#8212; y peor, lo que hacemos con eso &#8212; venga de una convicci&#243;n real; no del algoritmo de turno, no del miedo bien dosificado, no del discurso que alguien repiti&#243; tantas veces que terminamos creyendo que era propio.</p><p>Hoy es domingo de elecciones. Vota. Defiende lo que crees con toda la energ&#237;a que tengas.</p><p>Pero antes de hacerle la vida imposible a alguien por pensar diferente, detente un segundo y hazte una sola pregunta:</p><p><strong>&#191;Esto que siento es m&#237;o? &#191;O me lo pusieron?</strong></p><p>Y si la respuesta te molesta, bienvenido. Significa que algo lleg&#243;.</p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><p><em>Fuentes: Encuesta de Polarizaci&#243;n 2025, Valiente es Dialogar &#8212; Fundaci&#243;n Ford &amp; Centro Nacional de Consultor&#237;a. Publicado en La Silla Vac&#237;a, noviembre 2025.</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoLector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La Palabra Venezuela]]></title><description><![CDATA[El concepto que nos comemos sin masticar]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-palabra-venezuela</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-palabra-venezuela</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Fri, 22 May 2026 22:01:32 GMT</pubDate><enclosure url="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21F5-S%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fb574b687-a5e2-402d-96ae-9e69eae333aa_1655x950.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fqueridoelector.substack.com%2Fsubscribe%3F"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p>Hay una palabra que recorre el mundo desde hace una d&#233;cada con la soltura de quien no necesita pasaporte: <strong>Venezuela</strong>. Ya no es solo un pa&#237;s. Es una amenaza. Un insulto. Un argumento. Una profec&#237;a. Un meme pol&#237;tico que cualquier candidato con corbata y miedo puede usar en un discurso sin que nadie le pida que lo explique.</p><p>Y ah&#237; est&#225; el problema.</p><h3>El fantasma favorito de la pol&#237;tica occidental</h3><p>En Colombia, Iv&#225;n Duque advirti&#243; que votar por Gustavo Petro era convertir al pa&#237;s en &#8220;una segunda Venezuela&#8221;. En Espa&#241;a, la derecha lleva a&#241;os usando la misma met&#225;fora contra Pedro S&#225;nchez y Podemos. En Brasil, Bolsonaro lo repiti&#243; hasta el cansancio durante su campa&#241;a. En Argentina, Macri y luego Milei apuntaron hacia el mismo horizonte. En Estados Unidos, Donald Trump calific&#243; a los dem&#243;cratas progresistas de &#8220;socialistas que quieren convertir a Am&#233;rica en Venezuela&#8221;.</p><p>Es el comod&#237;n m&#225;s rentable de la pol&#237;tica contempor&#225;nea: no requiere datos, no exige argumentos, y funciona porque todos <em>sienten</em> que saben de qu&#233; se trata.</p><p>Y hay que ser honestos sobre por qu&#233; funciona tan bien: la met&#225;fora funciona porque Venezuela no es una amenaza imaginaria. Es una tragedia real, visible y regional. Millones de latinoamericanos convivieron con sus consecuencias de manera directa: en la frontera, en sus ciudades, en sus trabajos, en sus barrios. Colombia recibi&#243; a m&#225;s de dos millones de venezolanos. El dolor es concreto, cercano y tiene cara. Y justamente por eso el s&#237;mbolo pol&#237;tico resulta tan efectivo &#8212; porque est&#225; anclado en algo que la gente vivi&#243; o vio vivir. El problema no es usarlo como advertencia. El problema es usarlo como argumento sin explicarlo.</p><p>Pero si le preguntas a ese votante &#8212;o incluso a ese candidato&#8212; que explique con precisi&#243;n qu&#233; fue lo que le pas&#243; a Venezuela, el silencio es elocuente.</p><p>Entonces, &#191;qu&#233; fue lo que le pas&#243; a Venezuela?.</p><h3>2. Lo que en realidad le pas&#243; a Venezuela</h3><p> Venezuela no colaps&#243; porque eligi&#243; a un hombre de izquierda. Colaps&#243; por una combinaci&#243;n espec&#237;fica, documentada y bastante m&#225;s aburrida que el relato de campa&#241;a.</p><p><strong>Primero:</strong> una econom&#237;a construida sobre petr&#243;leo. El 95% de las exportaciones del pa&#237;s depend&#237;an de un solo recurso. Cuando el precio del crudo cay&#243;, el estado se qued&#243; sin ingresos y sin plan B. Eso no es comunismo: es lo que los economistas llaman <em>enfermedad holandesa</em> llevada al extremo.</p><p><strong>Segundo:</strong> el desmantelamiento institucional. Ch&#225;vez &#8212;y luego Maduro con mayor brutalidad&#8212; fueron eliminando los contrapesos del poder: la independencia judicial, la libertad de prensa, la autonom&#237;a electoral. No fue un proceso ideol&#243;gico abstracto; fue la decisi&#243;n deliberada de concentrar poder para no perderlo.</p><p><strong>Tercero:</strong> la corrupci&#243;n sist&#233;mica. PDVSA, la petrolera estatal, fue vaciada por dentro. Miles de millones desaparecieron. El Estado pas&#243; de ser redistribuidor a ser saqueador.</p><p><strong>Cuarto:</strong> la represi&#243;n. Cuando la gente sali&#243; a protestar, el gobierno respondi&#243; con detenciones, torturas y exilio forzado. Hoy, m&#225;s de siete millones de venezolanos viven fuera de su pa&#237;s &#8212;la mayor di&#225;spora de la historia reciente de Am&#233;rica Latina.</p><p>&#191;Qu&#233; tiene eso de espec&#237;ficamente &#8220;comunista&#8221;? Poca cosa. Lo que describe Venezuela es un r&#233;gimen autoritario con discurso populista, colapso institucional y rentismo petrolero mal administrado. Eso ha ocurrido con gobiernos de derecha, de izquierda y de centro en distintos momentos de la historia. Lo que lo define no es su color ideol&#243;gico: es la ausencia de Estado de derecho.</p><p>Pero claro, decir eso toma m&#225;s de un tuit.</p><p>Entonces, &#191;cu&#225;ndo s&#237; hay que preocuparse? Las se&#241;ales reales del autoritarismo no son ideol&#243;gicas: son institucionales. Cuando un gobierno &#8212; de cualquier color &#8212; ataca la prensa independiente, coopta el poder judicial, cambia las reglas electorales a su favor o criminaliza la protesta, ah&#237; s&#237; hay razones concretas para encender las alarmas. Esas se&#241;ales no tienen partido. Las tuvo Ch&#225;vez. Las tuvo Pinochet. Las tiene cualquier r&#233;gimen que decide que el poder vale m&#225;s que las reglas. Aprenderlas es m&#225;s &#250;til que memorizar el insulto del ciclo electoral.</p><h3>3. El comunista favorito de cada campa&#241;a </h3><p>Volvamos al candidato al que le pusieron el r&#243;tulo.</p><p>Bernie Sanders fue llamado comunista en m&#250;ltiples ocasiones por sus rivales republicanos y por sectores del Partido Dem&#243;crata. Sus propuestas &#8220;revolucionarias&#8221; inclu&#237;an: sanidad p&#250;blica universal, universidad gratuita, salario m&#237;nimo de 15 d&#243;lares por hora y regulaci&#243;n de Wall Street. Eso es lo que en Alemania, Suecia, Dinamarca o Francia se llama <em>pol&#237;tica de centro-izquierda</em>. En algunos casos, ni siquiera eso: es lo que tienen los partidos conservadores europeos en su programa de gobierno.</p><p>Gustavo Petro lleg&#243; a la presidencia de Colombia cargando el sambenito del &#8220;castrochavismo&#8221;. Sus propuestas reales inclu&#237;an reforma agraria, transici&#243;n energ&#233;tica, salud preventiva y educaci&#243;n p&#250;blica. &#201;l mismo, durante la campa&#241;a, dijo algo que sus contradictores prefirieron ignorar: <em>&#8220;Jam&#225;s he pronunciado la palabra expropiaci&#243;n.&#8221;</em> Colombia hoy sigue teniendo banca privada, medios independientes, elecciones competitivas y un Congreso que le ha bloqueado varias reformas. No exactamente el manual de Maduro.</p><p>En Espa&#241;a, Podemos fue comparado sistem&#225;ticamente con Venezuela. Sus banderas: vivienda accesible, regulaci&#243;n de los precios de la energ&#237;a, impuesto a grandes fortunas. Medidas que existen, con matices, en buena parte de la Uni&#243;n Europea.</p><p>El patr&#243;n es claro: se llama &#8220;comunista&#8221; a cualquier candidato que proponga que el Estado tenga un rol m&#225;s activo en la econom&#237;a. Y se usa Venezuela como prueba de a d&#243;nde lleva eso. El problema es que el argumento confunde el modelo con el crimen. Es como culpar al cuchillo por el asesinato.</p><p>En Colombia esto tuvo una dimensi&#243;n particular. El miedo a &#8220;convertirnos en Venezuela&#8221; no era abstracto &#8212; era visceral, cotidiano y alimentado por una crisis migratoria que el pa&#237;s vivi&#243; en carne propia. Eso hizo que el argumento fuera especialmente poderoso y especialmente dif&#237;cil de cuestionar en p&#250;blico sin parecer insensible. Pero tambi&#233;n lo hizo especialmente f&#225;cil de manipular: bastaba con pronunciar la palabra para cerrar cualquier debate sobre propuestas concretas. &#191;Reforma agraria? Venezuela. &#191;Salud preventiva? Venezuela. &#191;Transici&#243;n energ&#233;tica? Venezuela. El concepto dej&#243; de ser una advertencia y se convirti&#243; en un portazo. Y un portazo no es un argumento &#8212; es el fin de la conversaci&#243;n.</p><h3>El error garrafal que nadie quiere admitir</h3><p>Aqu&#237; viene la parte que incomoda a varios.</p><p><strong>Izquierda no es lo mismo que comunismo.</strong> El comunismo es un sistema donde el Estado controla los medios de producci&#243;n y elimina la propiedad privada. La izquierda es un espectro ampl&#237;simo que va desde la socialdemocracia escandinava &#8212;con econom&#237;as de mercado robustas y estados de bienestar fuertes&#8212; hasta reg&#237;menes autoritarios que usaron la ret&#243;rica marxista para concentrar poder.</p><p><strong>Derecha no es lo mismo que capitalismo.</strong> La derecha tambi&#233;n ha producido dictaduras: Pinochet en Chile, Videla en Argentina, Franco en Espa&#241;a. Reg&#237;menes que suprimieron sindicatos, torturaron opositores y concentraron riqueza en pocas manos con la bandera del anticomunismo. Nadie usa esas experiencias para descalificar a todos los candidatos de derecha del mundo.</p><p><strong>Y comunismo no es lo mismo que pol&#237;ticas sociales.</strong> Un Estado que garantiza salud, educaci&#243;n y vivienda no es la URSS. Es Noruega. Es Canad&#225;. Es, con sus diferencias, la mayor&#237;a de los pa&#237;ses con mayor calidad de vida en el mundo.</p><p>Confundir estos conceptos no es solo un error intelectual. Es una estrategia.</p><p>Y la izquierda, siendo honestos, tampoco est&#225; libre de responsabilidad. Ha habido gobiernos y sectores progresistas que utilizaron el discurso de la justicia social para encubrir pr&#225;cticas de corrupci&#243;n, que romantizaron reg&#237;menes autoritarios por afinidad ideol&#243;gica, y que en algunos casos prefirieron el silencio frente a Venezuela cuando el silencio resultaba m&#225;s c&#243;modo que la cr&#237;tica.</p><p>Defender conceptos bien usados implica tambi&#233;n exigir coherencia a quienes los utilizan: que &#8220;el pueblo&#8221; no se convierta en un escudo ret&#243;rico, ni &#8220;la derecha&#8221; en una explicaci&#243;n autom&#225;tica para todo lo que falla. Los conceptos no tienen due&#241;o. Y el rigor no deber&#237;a tener ideolog&#237;a.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="iframe.php?url=https%3A%2F%2Fsubstackcdn.com%2Fimage%2Ffetch%2F%24s_%21F5-S%21%2Cf_auto%2Cq_auto%3Agood%2Cfl_progressive%3Asteep%2Fhttps%253A%252F%252Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%252Fpublic%252Fimages%252Fb574b687-a5e2-402d-96ae-9e69eae333aa_1655x950.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!F5-S!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb574b687-a5e2-402d-96ae-9e69eae333aa_1655x950.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!F5-S!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb574b687-a5e2-402d-96ae-9e69eae333aa_1655x950.png 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image buttonBase-GK1x3M"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" class="icon-noB79L"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image buttonBase-GK1x3M"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" 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La desinformaci&#243;n informada: el fen&#243;meno del siglo</h3><p>Tal vez el problema no es solamente la desinformaci&#243;n. Tal vez el problema es algo peor: la ilusi&#243;n de estar informados.</p><p>Vivimos en la era de la hiperconectividad. Nunca antes la humanidad tuvo acceso a tanta informaci&#243;n simult&#225;nea, continua y fragmentada. Y parad&#243;jicamente, nunca antes fue tan f&#225;cil estar muy informado sobre muy poco.</p><p>Los algoritmos de las redes sociales no est&#225;n dise&#241;ados para hacernos m&#225;s sabios: est&#225;n dise&#241;ados para mantenernos <em>enganchados</em>. Y nada engancha m&#225;s que la indignaci&#243;n, el miedo y la confirmaci&#243;n de lo que ya creemos.</p><p>En ese ecosistema, los conceptos complejos se convierten en etiquetas. &#8220;Venezuela&#8221; ya no designa un pa&#237;s con historia, geograf&#237;a y ciudadanos: es un emoji de amenaza. &#8220;Comunismo&#8221; ya no es una teor&#237;a econ&#243;mica con debates internos y variantes: es sin&#243;nimo de pobreza y represi&#243;n. &#8220;Izquierda&#8221; es autom&#225;ticamente peligrosa. &#8220;Derecha&#8221; es autom&#225;ticamente corrupta. Y as&#237;, conceptos que las ciencias sociales tardaron siglos en construir con matices, fuentes y debates, se usan en el lenguaje cotidiano con la ligereza de un insulto en un grupo de WhatsApp.</p><p>El resultado es un electorado que <em>siente</em> que sabe, pero que en realidad est&#225; repitiendo. Un electorado que no analiza propuestas porque ya tiene el diagn&#243;stico: ese candidato es &#8220;de Venezuela&#8221;. Ese otro &#8220;es de los ricos&#8221;. No necesita m&#225;s informaci&#243;n.</p><p>Y eso, desde el lente de cualquier polit&#243;logo o cientista social, tiene un nombre t&#233;cnico: <strong>manipulaci&#243;n</strong>.</p><p>No necesariamente la del candidato que lanza el concepto &#8212;aunque a veces s&#237;&#8212; sino la del sistema que premia la simplificaci&#243;n y castiga la complejidad. Un sistema donde decir &#8220;Venezuela&#8221; gana m&#225;s votos que explicar la diferencia entre un modelo econ&#243;mico mixto y una econom&#237;a planificada.</p><h3>Para cerrar: lo que s&#237; vale la pena preguntarse</h3><p>&#191;Puede pasarle a cualquier pa&#237;s lo que le pas&#243; a Venezuela? S&#237;. Pero no por elegir a alguien de izquierda o de derecha. Puede pasarle a cualquier pa&#237;s que permita la concentraci&#243;n del poder sin contrapesos, que destruya sus instituciones, que construya su econom&#237;a sobre un solo recurso, y que normalice la represi&#243;n de quienes disienten.</p><p>Eso no tiene ideolog&#237;a. Tiene nombre: <strong>autoritarismo</strong>.</p><p>Y la vacuna no es votar por el candidato correcto seg&#250;n el meme de turno. Es entender qu&#233; propone cada quien, con qu&#233; medidas concretas, en qu&#233; modelo institucional y con qu&#233; rendici&#243;n de cuentas.</p><p>Lo dem&#225;s &#8212;el fantasma de Venezuela, el comunismo de guardia, la izquierda como pobreza y la derecha como libertad&#8212; es ruido. Ruido costoso, ruido rentable para quien lo produce, pero ruido al fin.</p><p>Y en pol&#237;tica, como en todo, lo que no se entiende se teme. Y lo que se teme, se vota con el miedo.</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoLector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>